Fernando Alvira Banzo ha dedicado cincuenta años a escribir sobre arte con la voluntad de acercarlo a quienes se enfrentan por primera vez a una exposición. Profesor durante tres décadas en el Campus de Huesca, pintor y crítico, ha convertido la escritura en una prolongación de su vocación docente: explicar las obras, descubrir sus claves y facilitar el encuentro entre los creadores y el público. El libro Fernando Alvira Banzo: crítico de arte contemporáneo (1976-2026), presentado este martes en la Diputación Provincial de Huesca, recorre medio siglo de una trayectoria estrechamente vinculada a la vida artística altoaragonesa.
La obra, coordinada por el catedrático de la Universidad de Zaragoza Jesús Pedro Lorente y publicada por el Instituto de Estudios Altoaragoneses, reúne una selección de alrededor de 300 artículos y críticas. El volumen permite reconstruir la evolución del panorama artístico, especialmente en Huesca, a través de los textos de un autor que ha entendido la crítica como una forma de mediación entre la obra y el espectador.
El volumen forma parte de los homenajes en vida promovidos por la Asociación Aragonesa de Críticos de Arte, que ya dedicó recopilaciones semejantes a Ángel Azpeitia y Manuel Pérez Lizano. Lorente, interesado como historiador del arte tanto por las obras como por su recepción pública, considera que estos textos permiten conservar una memoria de la actividad artística y de la manera en que fue interpretada en cada época.

Alvira, que ha presidido las asociaciones aragonesa y española de críticos de arte, prefiere definirse como "comentarista de arte" antes que como crítico. La diferencia responde a su manera de entender el oficio: considera que siempre es posible encontrar algún aspecto de una exposición que merezca atención. "Es que hay que ser muy bueno para hacerlo todo mal", afirma, con una ironía que resume su resistencia a la descalificación sistemática.
Su propósito ha sido proporcionar al público herramientas para interpretar las obras sin necesidad de dominar un vocabulario especializado. El dibujo, el color, la perspectiva y la composición constituyen, en su planteamiento, los elementos de un lenguaje con el que los artistas transmiten sus ideas. "Mi crítica siempre ha pretendido acercar a la gente que va por primera vez a ver una exposición: qué es lo que está pasando ahí", explica.
Esa vocación divulgativa está ligada a sus treinta años de docencia en la Escuela de Magisterio y en la Facultad de Ciencias Humanas y de la Educación del Campus de Huesca, de la que también fue decano. Jesús Pedro Lorente destaca precisamente su capacidad para expresarse con claridad y prescindir de una jerga que puede dificultar la comprensión de las obras. En su opinión, esa forma de escribir permite que los lectores de la prensa generalista sigan las exposiciones y entiendan las propuestas de artistas muy diferentes.
El libro recoge, además, la diversidad de escenarios en los que se ha desarrollado la actividad expositiva altoaragonesa. Alvira ha prestado atención tanto a las salas institucionales como a las galerías comerciales y los espacios alternativos, sin limitarse a los artistas consolidados. Aunque su propia pintura es figurativa, también ha seguido la abstracción, la escultura y otras disciplinas, una amplitud de intereses que ha mantenido a lo largo de cinco décadas.

El crítico recuerda que, durante los años setenta, ochenta y comienzos de los noventa, llegaron a funcionar simultáneamente ocho salas de exposiciones en Huesca. En ese contexto desarrolló una intensa actividad periodística en cabeceras como Nueva España, Heraldo de Aragón, Heraldo de Huesca y la revista Cuatro Esquinas, además de otras publicaciones. La selección del libro procede de un archivo de cientos de textos, quizá miles, escritos a lo largo de su trayectoria, aunque el volumen se centra en sus comentarios sobre arte contemporáneo.
Uno de los rasgos que distingue su trabajo es la ausencia de críticas negativas en la recopilación. Lorente aclara que no se trata de una selección deliberadamente favorable, sino de una característica del propio Alvira, que suele dejar de lado aquello que no le convence. "¿Para qué hablar de lo que a uno no le gusta?", plantea el coordinador, quien considera que elegir sobre qué se escribe también constituye una forma de valoración. Desde esa perspectiva, dar visibilidad a una propuesta en la que se cree puede resultar más útil que ensañarse con la que no convence.
Su condición de pintor ayuda a entender esa actitud. Alvira conoce las dificultades de enfrentarse a un lienzo en blanco y comprobar después si el resultado responde a lo que se pretendía conseguir. También ha aplicado esa exigencia a su propia producción: durante sus primeros años escribió sobre sus obras, pero dejó de hacerlo cuando comenzó a firmar las críticas con su nombre, porque consideró que no correspondía comentar sus propias exposiciones.

En aquella etapa inicial recurrió a distintos seudónimos, entre ellos Víctor Banzo, formado a partir de sus propios nombres y apellidos. La recopilación incluye algunos de aquellos primeros textos, pero no constituye una retrospectiva de su pintura. Lorente considera que su obra como artista tiene una importancia destacable, aunque el objetivo de la publicación sea documentar su actividad como crítico de arte contemporáneo.
Entre los creadores a los que ha dedicado atención figuran José María Lanzarote, Beulas, María Cruz Servisé, Alberto Carrera, Quique Torrijos, Teresa Salcedo, Teresa Ramón, Manolo Macías, Alejandro Riroso y Leoncio Mairal. Su trabajo también se ha extendido a artistas de otros ámbitos, como Antonio Saura, y a figuras de los siglos XIX y XX, entre ellas León Abadías, Martín Coronas, Félix Lafuente y Valentín Carderera, cuyos estudios no forman parte de este volumen.
La bonhomía de Fernando Alvira es uno de los rasgos que Jesús Pedro Lorente destaca de su personalidad. El coordinador aprecia su interés por promocionar a los creadores y su disposición a respaldar propuestas artísticas sin recurrir al descrédito de otros. Su experiencia como pintor, considera, le permite comprender las dificultades de una carrera expuesta al juicio público. También valora que haya sabido evolucionar con los cambios del gusto durante cinco décadas, sin quedar encasillado en una generación o corriente determinada.
El libro cuenta con la participación del Observatorio Aragonés de Arte en la Esfera Pública, el Instituto de Patrimonio y Humanidades de la Universidad de Zaragoza y las asociaciones aragonesa y española de críticos de arte. La elección del Instituto de Estudios Altoaragoneses como editor está vinculada también a la trayectoria de Alvira, que dirigió esta institución durante veinte años y continúa como vicepresidente primero de la Academia de Bellas Artes de San Luis.

La publicación constituye un reconocimiento en vida a un profesional que ha desarrollado su labor desde la docencia, la creación pictórica y la crítica. Sus artículos permiten seguir la evolución de las exposiciones y de sus protagonistas, pero también descubrir una manera de ejercer el oficio que ha buscado hacer comprensible el arte sin levantar distancias entre los especialistas y el público. Medio siglo después de sus primeros textos, Fernando Alvira mantiene así una forma de mirar que, a partir de un sólido conocimiento y una viva curiosidad, es respetuosa con quienes crean.