Una Dodge Grand Caravan camperizada al estilo gallego del periodista Fernando Mahía: "Le quité los asientos y puse una cama". Así, a lo bruto, a lo práctico. El comienzo de una experiencia que le guio Coast to Coast, como se titula el libro, a través de los mundos del baloncesto para descubrir la sociología plural, diversa, fascinante y en ocasiones deprimente de los Estados Unidos.
Todo comenzó por el basket, exponía en el principio de la presentación de su libro acompañado de Carlos Izuel, conductor de la conversación con acerto pasional y la virtud de encontrar las mejores preguntas para contribuir a la brillantez de un acto en la Feria oscense con un público entregado y caracterizado con motivos baloncestísticos. Una fecha para la raíz, el 17 de mayo de 2019 cuando decidió exprimir su perspicacia coruñesa para aprehender todo y más, y para plasmarlo en letras armónicamente unidas.
"Quería contar el mundo y explicarlo. El viaje sirve para ello, pero sobre todo el baloncesto era el vehículo perfecto para llegar a todos los lados. Era el único que tenía los neumáticos ideales para llegar a cualquier esquina de Estados Unidos", afirmaba Fernando Mahía. A instancias de Carlos Izuel, de la librería El Iglú, añadía que "lo explicaba con el baloncesto femenino. En cualquier otro deporte de EEUU, las mujeres están casi al margen, sobre todo los deportes mayoritarios: béisbol, fútbol americano, hockey sobre hiello, las mujeres son anatema dentro del deporte".
Empezó a centrarse en la relación entre deporte y cultura a salir en 2008 y 2010 como Panenka o Líbero, que pretenden explicar el mundo a través del fútbol. "Yo siempre intento lo mismo con lo que escribo. Yo hago bastante poca preproducción al preparar los temas. Me gusta más ir al sitio y dejarme llevar por lo que vaya encontrando. Sí que es verdad que, en la poca preproducción que hice, tenía cinco o seis historias que quería hacer y de esas seis sólo había una de una mujer. Me di cuenta, un poco por la presión que hay ahora de que haya paridad en las historias, de que refleje la realidad de una sociedad, de que el baloncesto me iba a llevar a ambos lados de la sociedad y a todos los rincones, desde la reserva de los navajos en Arizona hasta el último barrio de Detroit o un pueblo de ley y orden en Indiana. Otra vez fue el vehículo perfecto para tratar los dos".
Recordaba Izuel que ya había vivido Mahía en Estados Unidos, y respondía el gallego. "Yo me enganché a la NBA a los diez o doce años a través de un primo mío que jugaba a baloncesto. Yo en mi vida he jugado a baloncesto, jugué a balonmano toda mi vida, pero tenía un primo de doce años que era el típico fanático de todo lo americano. A través de él me enganché a la NBA y a través de la música, como el soul y todo el folk americano. Al llegar a Estados Unidos, me fui con 24 años a vivir a San Francisco y empecé a ver más capas de una sociedad que antes, igual por mi orientación política, veía a EEUU como todo lo malo. Y empecé a ver más capas de la sociedad, tanto cultural como social y políticamente y tenía ganas de contarlas. El viaje a través de todas estas realidades y el baloncesto fueron una herramienta".
Comenzó a redactar artículos para una revista especializada en la NBA, que mezclaban aspectos de la vida cultural y social norteamericana con el baloncesto, y "cuando vi que empezaban a funcionar, me dije: podría hacer esto con un viaje". Ya había hecho uno previo de San Francisco a México con una Dodge Caravan que había comprado con unos colegas por 1.500 dólares, dijo: "Esta es la herramienta ideal. Y aguantó todo el camino hasta California".

El objetivo desde el principio era concluir con un libro, preguntaba Izuel. "Sí, tenía suerte porque yo había vivido antes en San Francisco y había trabajado en hoteles y un restaurante, y tenía apalabrado que cuando llegase, como les dije a ellos antes, que llegué sin un puto duro al final del viaje, necesitaba un trabajo. Ahí sí tenía claro que iba a llegar". Escribió el libro y para la revista Luzes fue haciendo reportajes "sobre emigrantes gallegos en Estados Unidos, y encontraba temas que fui trabajando. En Detroit me encontré un equipo de fútbol amateur que tenía una afición súper antifascista e hice un reportaje para Líbero. Lo que me fuese encontrando por el camino, con las limitaciones del tiempo. Me cogí dos meses y acabé diciendo a mis jefes que llegaba en tres meses y medio, eso lo calculé mal. Y del dinero".
Iba con ocho o nueve historias previstas. "Sabía que quería ir al pueblo de Larry Bird a ver qué me encontraba, y que quería ir a la reserva navajo ha hablar con Ryneldi Becenti, la primera jugadora nativoamericana que jugó en el baloncesto profesional", y así fue hallando otras historias como la que reveló El Español, el periódico español, que hablaba de la única jugadora de baloncesto que había sido seleccionada en el draft de la NBA. Como era de Mississippi e iba hacia Nueva Orleans, se desvió. "Yo soy muy optimista de base. Llegué al pueblo, empecé a preguntar por ella y parecía una película de los Cohen, entre en un bar de chapa de los típicos estancados en el tiempo. Acabé en su casa. Hay muchas historias que puedes preparar desde la distancia y está bien hacerlo. Pero hay historias que te tienes que perder para encontrarlas y son las más valiosas al final porque no las puedes hacer de otra manera que no sea perderse", algo consustancial al periodismo de viajes que toca el libro.
Coast to Coast se rige por principios como la casualidad y también la inevitabilidad, convenían Izuel y Mahía. Rucker Park, que ha visto más baloncesto que muchos países en toda su historia, donde "se une la cultura de la calle y la historia de Harlem y el origen de los exclavos negros que han sido columna fundamental de Estados Unidos". "Como todo gallego, tengo primos en Nueva York" y allí se impregnó de relatos como la progresiva "desaparición como lágrimas en lluvia de los nuyorriqueños", los descendientes de Puerto Rico.
En estos Estados Unidos poliédricos, variados, diversos, mestizos, ha creado sobre el cimiento del baloncesto Fernando Mahía Coast to coast, donde conviven Naismith, Reding, Lebron James, Marc Gasol, Stephon Marbury, Larry Bird, Ryneldi Becenti, Jorge Gutiérrez o Pete Maravich. Muchos mundos en uno, y se explican botando, asistiendo y encestando, unas veces de tres, otras con tiros libres. Que todo tiene su sentido.