La gigantesca ballena apareció entrada ya la noche entre el vapor de agua, los focos azulados y el sonido metálico de una ciudad convertida por unos instantes en océano. Lentamente, como salida de una pesadilla marinera, The Whale Street ha avanzado por el centro de Huesca mientras actores, músicos, acróbatas y bailarines perseguían al capitán Ahab en mitad de una marea de luces y sombras. El festival Spin ha transformado así las calles oscenses en una especie de novela viva inspirada en el universo de Moby Dick, donde la frontera entre teatro y realidad terminó por desaparecer.
El gran espectáculo itinerante de la compañía francesa CPPP ha recorrido la plaza Santo Domingo, el Coso y la calle Moya hasta la plaza Luis López Allué bajo una noche todavía sofocante, con el calor adherido al asfalto y a las fachadas del centro histórico. Quizá por la temperatura o por el horario nocturno no ha aparecido la multitud compacta de otras grandes citas, pero quienes han permanecido en el recorrido han asistido a una de esas imágenes difíciles de olvidar: una inmensa ballena atravesando lentamente Huesca mientras chorros de agua sorprendían al público y la música envolvía cada rincón del trayecto.
Hay algo profundamente hipnótico en esta criatura moviéndose despacio entre edificios, escoltada por personajes imposibles y espectadores que han observado el desfile casi en silencio, como si contemplaran una aparición llegada desde otro tiempo.
La jornada del festival ha comenzado ya desde la mañana en la plaza San Antonio con El Laberint, la instalación participativa de la compañía catalana CIA Itinerània. Entre pasillos móviles, paredes transparentes y puertas inesperadas, niños y adultos han recorrido un gran laberinto al aire libre concebido para perderse, elegir caminos y dejarse sorprender.
Ya por la tarde, la sala Bendita Ruina ha acogido la Gala del Circo Aragonés, una propuesta de circo contemporáneo que ha reunido distintas piezas de artistas vinculados a Aragón entre acrobacias, humor, equilibrio y movimiento.
Posteriormente, el Teatro Olimpia ha recibido Saeta, el espectáculo de teatro de objetos y títeres de la compañía de Javier Aranda. Sobre el escenario, tres títeres y un actor han construido una tragedia cómica donde el humor ha convivido con la emoción y con una reflexión sobre los propios límites del teatro.