Huellas de la guerra en la Cartuja de las Fuentes en las investigaciones de Alberto Lasheras

Un grupo de más de treinta personas desafía el calor extremo en una visita que explora los grafittis que salpican las paredes del monasterio

29 de Junio de 2026
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Alberto Lasheras impartiendo una conferencia en La Cartuja de las Fuentes. Foto Carlos Neofato
Alberto Lasheras impartiendo una conferencia en La Cartuja de las Fuentes. Foto Carlos Neofato

Este sábado 27 tuvo lugar una visita guiada por La Cartuja de Nuestra Señora de Las Fuentes, dirigida por Alberto Lasheras y seguida por cerca de una treintena de asistentes. Tras el recibimiento y la presentación a cargo de la historiadora Gemma Grau, y después de agradecer la colaboración de la Diputación Provincial de Huesca, el ponente comenzó explicando que este monasterio monegrino del siglo XVIII constituye, ante todo, un monumento "poliédrico". Con esta definición quiso destacar la enorme riqueza histórica que atesoran sus muros y las múltiples perspectivas desde las que puede estudiarse, aunque en esta ocasión centró su intervención en las huellas aún visibles de la Guerra Civil.

La Cartuja sufrió los efectos de todos los grandes conflictos bélicos de los siglos XIX y XX. Sus muros conocieron el paso de las tropas napoleónicas y, más tarde, de los sublevados de 1936. Por ello, Lasheras incidió en que sus rincones "susurran sus secretos" a quienes saben observar las señales que el paso del tiempo no ha conseguido borrar. Explicó que, durante la contienda de 1936 a 1939, el monasterio ocupó una posición estratégica dentro del frente de Aragón, ya que su elevada torre ofrecía un amplio dominio visual sobre el territorio, convirtiéndolo en un enclave codiciado por ambos bandos.

En un primer momento permaneció en manos del Ejército republicano, que utilizó el recinto como base de operaciones y centro de instrucción para nuevos reclutas. Entre los espacios visitados destacó el polvorín subterráneo, donde se almacenaban la munición y los explosivos, una de las dependencias que todavía conserva el conjunto. Ya en la entrada del recinto amurallado, un pequeño dibujo de un gorrión posado sobre una rama recordó, según explicó el guía, el símbolo de la libertad que un autor anónimo quiso dejar grabado entre aquellas piedras.

Alberto Lasheras impartiendo una conferencia en La Cartuja de las Fuentes. Foto Carlos Neofato
Alberto Lasheras en La Cartuja de las Fuentes. Foto Carlos Neofato

Si bien la destrucción de numerosos elementos de carácter religioso supuso una irreparable pérdida patrimonial, los vestigios conservados en el interior del edificio han permitido reconstruir numerosos episodios de aquella etapa. Gracias a los grafitis realizados por los soldados que ocuparon el monasterio ha sido posible conocer parte de la biografía de personas como Lorenzo Mata, natural de Radiquero, o Miquel de Prat, de Llobregat, además de seguir el rastro de distintas divisiones de infantería y unidades motorizadas encargadas de la defensa del frente de Aragón.

Uno de los espacios que despertó mayor interés fue la capilla de San Miguel, donde una antigua inscripción en latín fue sustituida durante la guerra por otra que, alterando deliberadamente la caligrafía original, ocultaba las iniciales "U.H.P.", acompañadas por símbolos como la hoz y el martillo. Lasheras explicó que respondían al lema "Uníos Hermanos Proletarios", última frase del Manifiesto Comunista de Karl Marx, un ejemplo de cómo, en sus propias palabras, la Historia "se escribe y se reinscribe constantemente sobre sí misma".

Tras la batalla del Ebro y la retirada de las tropas republicanas hacia Cataluña, el Ejército franquista ocupó el monasterio y, desde noviembre de 1938, lo convirtió en una base aérea destinada a apoyar los posteriores bombardeos sobre Barcelona. Finalizada la guerra, el recinto llegó a proyectarse como campo de reclusión, con capacidad para unas 800 personas, aunque aquella iniciativa nunca llegó a materializarse y el edificio terminó utilizándose como almacén de trigo. Los nuevos ocupantes también dejaron constancia de su presencia mediante inscripciones como "Viva Franco" o referencias militares como "2-G-22", alusivas a la división y la brigada a las que pertenecían.

La actividad concluyó con un recorrido que permitió a los asistentes contemplar esos silenciosos vestigios desde una nueva perspectiva histórica. La visita volvió a poner de relieve el enorme valor patrimonial de La Cartuja de Nuestra Señora de Las Fuentes, un lugar donde cada muro, cada inscripción y cada rincón conservan el testimonio de algunos de los episodios más trascendentales de la Historia contemporánea de Aragón.