El humor “descarnado” de Jesús Peñas y el Sr. Calaca llevan la comedia al Corral de Comedias de Robres

Noventa minutos de monólogo, con interpelaciones constantes al público, que no dejado de reír ni un momento

13 de Septiembre de 2026
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Jesús Peñas y el  Sr. Calaca en Robres. Foto Carlos Neofato
Jesús Peñas y el Sr. Calaca en Robres. Foto Carlos Neofato

Este fin de semana tuvimos doblete en Robres. Un viernes 11 de extraordinaria presentación literaria, con una muy personal interpretación de eventos de esas características, y un sábado 12 de difícil clasificación. ¿Puede denominarse monólogo cuando las tablas son ocupadas por dos actores? ¿Y si uno de los actores es un esqueleto que acompaña a Jesús Peñas en silencio pero con movimiento aunque éste sea inducido?

La cuestión es que a las nueve en punto se movieron las cortinas del fondo del escenario y, de una de ellas, irrumpió un personaje, delgado, enmascarado y bailando frenéticamente. Se le unió un esqueleto, también bailón, y comenzó un diálogo (a una voz, eso sí) entre ambos actores.

De todo hablaron (de epitafios más o menos divertidos, de nombres de las calles en los cementerios, de los efectos de la edad y sus preavisos en forma de achaques…) y de todo lo hicieron en un tono de humor descarnado (no podía ser de otro modo) que encontró eco y buen recibimiento entre el público que no dejó de aplaudir y reír un solo momento.

La soledad de los actores quedó interrumpida en dos momentos con las aportaciones del público. Por una parte, la vecina de Robres Anita que tomó el ukelele para acompañar el tema musical “No soy viejo, soy vintage” y, por otro, Marta que, de visita desde Utebo, dejó su asiento en el patio de mosqueteros para auxiliar al actor co-protagonista cuando (la edad; siempre la edad) lo dejó tumbado en el suelo y con evidentes dificultades para recuperar la verticalidad.

Un blues (“yo me quiero de morir”) y una reivindicación clara exigiendo que volvieran los esqueletos a las consultas médicas pusieron en pie a un público entregado y divertido a los excesos verbales y gestuales tanto del protagonista como de su óseo amigo.