Isabel Lahuerta reconstruye la Revolución cubana a través de una saga familiar en Lo que la mentira alimenta

La escritora presentó este jueves en el Museo de Huesca una novela basada en hechos históricos y testimonios reales que reflexiona sobre el poder, la libertad y las consecuencias del régimen castrista

26 de Junio de 2026
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Isabel Lahuerta, presentando el libro en el Museo de Huesca. Foto Myriam Martínez
Isabel Lahuerta, presentando el libro en el Museo de Huesca. Foto Myriam Martínez

Lo que la mentira alimenta reconstruye la Revolución cubana desde una doble perspectiva: la de los acontecimientos que marcaron la historia de la isla entre 1959 y 1989 y la de una familia cuya vida queda fracturada por el exilio, la separación y la pérdida. La escritora Isabel Lahuerta Bellido sitúa la acción entre Cuba, Miami y España para mostrar cómo un proceso revolucionario que nació con la promesa de transformar el país derivó, según plantea, en un sistema que restringió las libertades y condicionó el destino de varias generaciones.

La autora presentó este jueves la obra en el Museo de Huesca, en un acto organizado por el Gobierno autonómico en el que estuvo acompañada por el director del Centro del Libro de Aragón, José Luis Acín.

La historia sigue a la familia Rewer, cuyo patriarca abandona la isla tras la aprobación de la Ley de Reforma Agraria, que provoca la expropiación de sus bienes. Su marcha a Miami deja atrás a su esposa y a sus tres hijos en La Habana, mientras una investigación familiar iniciada años después a raíz de un testamento sirve para adentrarse en los mecanismos del régimen castrista. "La novela se basa en acontecimientos reales e históricos de la Revolución cubana, pero opera entre Miami, España y Cuba", resume la escritora.

José Luis Acín e Isabel Lahuerta. Foto Myriam Martínez
José Luis Acín e Isabel Lahuerta. Foto Myriam Martínez

Para construir el relato, Lahuerta ha desarrollado una amplia labor de documentación basada en testimonios de personas que vivieron aquellos años. La obra combina esos relatos con una trama de ficción para reflejar las consecuencias del exilio, la desintegración familiar y la pérdida de libertades. "Dentro de la investigación hay una parte con testimonios reales de ciudadanos y hay una parte de ficción en la que los personajes van transitando por esa esfera de falta de libertad", explica.

Uno de los ejes del libro es el análisis de los mecanismos de control implantados tras la revolución. La autora sostiene que el régimen acabó consolidando un sistema destinado a perpetuarse, en el que cualquier forma de oposición encontraba como respuesta la persecución, el encarcelamiento o la exclusión. Al mismo tiempo, reconoce que durante los primeros años se impulsaron medidas sociales como la extensión de la sanidad o la educación, aunque considera que esas políticas exigían una contrapartida de obediencia. "Todo estaba de alguna manera dirigido, en principio, a una línea que pudo ser benévola y bastante interesante a la hora de implantarlo, pero luego había una contraprestación", afirma.

La novela también retrata el funcionamiento de los Comités de Defensa de la Revolución (CDR) y el control que ejercían sobre la vida cotidiana. "En cada cuadra había un control de los censos de la población. Si una persona que no estaba incluida en ese censo visitaba esa casa, era denunciada ante la policía", relata. A su juicio, esa red de vigilancia contribuyó a blindar al régimen y dificultó incluso los numerosos intentos de asesinato contra Fidel Castro.

Entre los episodios históricos que aborda destacan el éxodo del Mariel, la crisis de los misiles o la lucha en el Escambray, utilizados para contextualizar el enfrentamiento entre Estados Unidos y la Unión Soviética durante la Guerra Fría. La escritora considera que "Cuba ha sido un país totalmente utilizado por ambas potencias mundiales", una situación que, en su opinión, convirtió a la isla en escenario de una pugna geopolítica que agravó las dificultades de la población.

Junto al componente histórico, la obra incorpora una reflexión sobre el origen de las creencias y el ejercicio del poder. Lahuerta invita al lector a cuestionar hasta qué punto las convicciones personales pueden estar condicionadas por la educación, la religión o el entorno, y utiliza la figura de Fidel Castro, formado en colegios jesuitas y posteriormente impulsor de un Estado laico, para ilustrar, según indica, cómo el poder modifica las reglas cuando dejan de responder a sus intereses.

La autora también recoge testimonios sobre la discriminación sufrida por las familias de quienes abandonaban la isla. Entre las escenas incluidas figura el acoso a escolares cuyos familiares habían emigrado. "El profesor los llevaba de la mano a las casas de las familias donde había habido alguien que se había marchado de Cuba. Y les lanzaban huevos congelados", recuerda. Explica que, durante las presentaciones del libro, numerosos cubanos le confiesan emocionados: "Eso me pasó a mí", una reacción que considera la mejor prueba de la fidelidad de su investigación.

Isabel Lahuerta 2. Foto Myriam Martínez
Isabel Lahuerta ambienta la novela en la revolución cubana. Foto Myriam Martínez

Más allá del contexto cubano, la escritora plantea una reflexión sobre el fanatismo y los riesgos de cualquier liderazgo que anteponga la ideología al bienestar de los ciudadanos. "Un líder tiene que saber cuándo su ideología se convierten en algo malo para un país", sostiene, al tiempo que critica las decisiones adoptadas "simplemente por hacer daño a otros, no por mantener la calma y la estabilidad tanto económica como social de su población".

La escritora, por otro lado, trabaja en un cortometraje inspirado en la novela, cuyo rodaje está previsto para este fin de semana. La pieza recreará algunas de las escenas más duras del libro, como la persecución de personas consideradas de "diversionismo social", y concluirá con una celebración por la caída del régimen que, sin embargo,  abre una incógnita. "Es una alegría, pero con la duda de que pueda simplemente ser un cambio de manos", concluye, dejando al lector una reflexión sobre si el verdadero cambio depende únicamente de sustituir a quienes ejercen el poder o de garantizar una sociedad realmente libre.

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