La belleza como una forma de resistencia, el gesto como expresión ética y la danza como una herencia que se transmite entre generaciones. Sobre esas ideas se construye 'Ana como el agua', el nuevo documental de J. Alberto Andrés Lacasta presentado este viernes en el Salón Azul del Casino de Huesca dentro de la jornada de Presentación de Proyectos Aragoneses, una de las actividades profesionales incluidas en la sección de industria y networking del Festival Internacional de Cine de Huesca, moderada por José Ángel Delgado y patrocinada por Aragón TV.
La propuesta parte de una figura imprescindible de la escena internacional. Formada junto a María de Ávila, Ana Laguna abandonó Zaragoza con apenas 17 años para incorporarse al Cullberg Ballet de Estocolmo. Allí inició una trayectoria que la convertiría en una referencia mundial y en colaboradora fundamental de Mats Ek, con quien revolucionó la danza contemporánea a través de reinterpretaciones que transformaron para siempre algunos de los grandes clásicos del repertorio.
Sin embargo, J. Alberto Andrés Lacasta ha explicado que desde el principio rechazó construir una película centrada en los hitos de una carrera excepcional. A su juicio, una artista que continúa creando y subiéndose a los escenarios exige otro tipo de aproximación. "No podíamos hacer una retrospectiva ni una película de bustos parlantes repasando premios y reconocimientos porque Ana sigue trabajando, sigue ensayando y sigue pensando la danza desde el presente", ha señalado durante la presentación.
El director oscense ha defendido que el verdadero interés del proyecto reside en comprender cómo entiende hoy el arte una creadora que ha dedicado toda su vida al movimiento. Por ello, la película abandona la lógica cronológica habitual para seguir a la bailarina en su actividad cotidiana y observar de qué manera transmite conocimientos, emociones y experiencias a nuevas generaciones de intérpretes.
Uno de los pilares de la obra reside en la reflexión que Ana Laguna plantea sobre el sentido profundo de la creación y su capacidad para influir en la sociedad. Más allá del virtuosismo técnico o del reconocimiento internacional, la propuesta se adentra en una visión del hecho artístico vinculada al compromiso humano y a la transformación colectiva. "No entiende la belleza como algo decorativo o superficial, sino como una herramienta de resistencia, de emancipación y de transformación humana. Ahí hay una implicación poética, pero también ética y política que nos parecía fascinante explorar", ha explicado Lacasta.

Esa perspectiva ha condicionado también el planteamiento cinematográfico. Durante más de dos años, el realizador y sus colaboradores han segiudo a la intérprete aragonesa en distintos momentos de su actividad, desde la intimidad doméstica hasta algunos de los grandes escenarios europeos. La intención no consiste en reconstruir episodios ni en dirigir situaciones, sino en permanecer atentos a lo inesperado y dejar que la realidad marque el ritmo del relato. "La acompañamos a su casa, a los ensayos o a la Ópera de París y esperamos a que sucedan cosas y suceden cosas. No buscamos fabricar situaciones, sino estar presentes cuando aparecen momentos que revelan quién es realmente y cómo entiende su trabajo", ha señalado.
En la Ópera de París, el grupo de filmación ha podido acceder a dinámicas habitualmente invisibles para el espectador. La mirada de la cinta se desplaza así del aplauso final a todo aquello que ocurre antes de que se abra el telón: la disciplina cotidiana, la vulnerabilidad, la tensión y los desafíos que acompañan a cualquier recorrido creativo. "Lo interesante son los procesos emocionales que se producen durante los ensayos, las correcciones, los errores, los gritos, el cansancio y la exigencia física y mental. Ahí es donde aparece la verdad del trabajo artístico y donde se entiende realmente el esfuerzo que hay detrás de los mejores bailarines del mundo", ha afirmado.
Este sistema de observación continuada ha generado cerca de 250 horas de grabación, un volumen de material que ha obligado a incorporar a los responsables de edición desde las primeras fases de producción. El cineasta ha reconocido que se trata de una metodología especialmente exigente tanto en términos económicos como narrativos, aunque la considera indispensable para captar la evolución de las personas y de las circunstancias que surgen ante la cámara sin artificios ni reconstrucciones.

La iniciativa está impulsada por Du Cardelin Studio y Persi Motion Pictures, con producción ejecutiva de Ana Ara Jarne y Richard Hierner. Su dimensión internacional ha permitido además acceder a fondos documentales conservados en instituciones de referencia como el Teatro Real de Madrid, la Ópera de París y la Ópera de Estocolmo, materiales que enriquecen el retrato de una figura fundamental de la escena contemporánea.
La financiación combina aportaciones públicas y privadas, además de diversas alianzas internacionales. Parte de la filmación se ha desarrollado en Aragón, con sesiones de grabación en Zaragoza y también en Huesca, ciudad con la que Lacasta mantiene una estrecha relación personal y profesional.
Al frente de la fotografía se encuentra Mario López, acompañado por Sandra Gómez y Alejandro Oliva en cámara. Completan el apartado creativo Clara Martínez Malagelada y Pau Aragall en el montaje, Leonor Villaluenga en dirección artística, Miguel Salas en sonido y Óscar Llorente como responsable de la banda sonora original.