Joaquín Liberal convierte el dolor y la emoción en materia artística en su exposición ‘Disfrutando’ en el Bar Oscense

El artista navarro transforma experiencias personales, dolor y recuerdos en cuadros donde el azar y la materia dialogan constantemente

21 de Mayo de 2026
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Joaquín Liberal, tercero por la izquierda, con personas vinculadas a Valentia, ante el Bar Oscense. Foto Myriam Martínez
Joaquín Liberal, tercero por la izquierda, con personas vinculadas a Valentia, ante el Bar Oscense. Foto Myriam Martínez

En el universo creativo de Joaquín Liberal no existen las líneas rectas ni las certezas absolutas. Sus cuadros no buscan representar el mundo, sino arañarlo. Son superficies heridas por el cemento, los pigmentos, el óxido, las cuerdas y los chorreos de pintura; territorios donde la emoción se impone a la técnica. Yo pienso cosas y luego sale lo que le da la gana”, resume el artista.

Liberal ha inaugurado en el Bar Oscense de Huesca su exposición Disfrutando, una muestra profundamente autobiográfica donde cada pieza parece construida a partir de restos de vida. No es casual. Antes de llegar a esta pintura física, matéríca y emocional, hubo otro Joaquín: el decorador técnico de bares, tiendas y restaurantes que trabajaba “en la época del Rotring”, cuando el diseño todavía se trazaba con precisión quirúrgica sobre planos analógicos. La exposición funciona así también como un viaje hacia su propio pasado.

Sin embargo, bajo aquella disciplina geométrica ya habitaba una necesidad artística más salvaje. La semilla venía de lejos, de una infancia marcada por una abuela que alentó su sensibilidad y unas clases de dibujo que no pudieron continuar porque su madre no podía pagarlas. “Tengo esa espinita de mi abuela”, recuerda emocionado. Esa tensión entre el deber práctico y la pulsión creativa ha terminado convirtiéndose en el núcleo de toda su trayectoria como artista.

La exposición de Joaquín Liberal funciona así también como un viaje hacia su propio pasado. Foto Myriam Martínez
La exposición de Joaquín Liberal representa un viaje hacia su propio pasado. Foto Myriam Martínez

Durante años, la vida lo llevó por otros caminos: la decoración, el diseño de interiores, el negocio del mueble, las franquicias o la importación. Pero el arte seguía agazapado en los márgenes. En los materiales. En las texturas. En la forma de mirar. “Para mí todo es arte. No veo un trozo de escombro; veo una raya en el suelo, una línea, algo en el cielo”, explica.

Hay en ella ecos inevitables de Antoni Tàpies, a quien admira por “la materia y los rasgos”, y también de la intensidad emocional de Vincent van Gogh. Pero Liberal no copia referentes: los absorbe para construir un lenguaje propio.

Su evolución artística arrancó realmente en Marruecos, durante un taller de collage que le permitió romper el miedo al vacío. A partir de ahí comenzó a trabajar con tableros reciclados, cuerdas, hierros, polvo de mármol, pigmentos o cemento, incorporando elementos encontrados y materiales industriales hasta desarrollar una estética profundamente táctil. “Más que pintar, necesito trasladar emociones a un tablero”, insiste. El collage y la reutilización de materiales siguen marcando hoy buena parte de su obra.

Pero detrás de esa explosión matéríca también existe una biografía emocional muy concreta. Tras una etapa personal complicada, su obra quedó dominada por el rojo y el negro.El rojo es sangre, es dolor; el negro puede ser oscuridad”, reconoce. Sus cuadros dejaron entonces de ser composiciones para convertirse en descargas emocionales. El dolor se convirtió en color y también en refugio.

“Más que pintar, necesito trasladar emociones a un tablero”, afirma Joaquín Liberal. Foto Myriam Martínez
“Más que pintar, necesito trasladar emociones a un tablero”, afirma Joaquín Liberal. Foto Myriam Martínez

La llegada de la artista Oaia Peruarena, con quien comenzó a trabajar en Bidasoa, supuso un punto de inflexión. Gracias a ella redescubrió el color, especialmente los verdes, y volvió a enfrentarse al vértigo del lienzo blanco. Sin embargo, ni siquiera entonces abandonó su obsesión por las texturas y el reciclaje. Sus obras actuales siguen naciendo de telas usadas, chorreos de pintura que recorta y reutiliza, pigmentos mezclados con cemento o hierros que atraviesan físicamente la composición. 

En la exposición aparecen además homenajes explícitos a René Magritte, referencias abstractas que el propio Liberal evita explicar demasiado. Porque si algo rechaza este artista es imponer una lectura única sobre sus obras. De hecho, nunca firma los cuadros por delante. “La obra no es vertical ni horizontal; cada uno la crea como quiere”, sostiene. Su manera de entender la pintura pasa por dejar espacio a la mirada ajena.

Ese desapego se extiende también al mercado del arte. Liberal insiste varias veces en que vender no le preocupa. “Esto es una anécdota”, repite. El verdadero sentido de su exposición está en otro lugar: en compartir. De ahí el título Disfrutando, concebido para un espacio cotidiano como un bar, donde las obras conviven con vermús, refrescos y encuentros humanos. El concepto de disfrutar atraviesa toda la muestra.

Joaquín Liberal, junto al cartel de su exposición. Foto Myriam Martínez
Joaquín Liberal, junto al cartel de su exposición. Foto Myriam Martínez

Hay otro elemento que ayuda a comprender la dimensión humana de Joaquín Liberal: su relación con el Grupo Valentia y el artista y "padre" del Grupo Zhebra, Eduardo Cajal, donde participa como voluntario. Lejos de adoptar una posición paternalista, el artista habla de las personas con discapacidad intelectual como auténticos maestros de vida. “Yo aprendo de ellos porque tienen un alma libre y son gente feliz”, asegura. La experiencia con Valentia ocupa un lugar importante dentro de su mirada vital. Un grupo de personas vinculadas a esta asociación ha acudido a disfrutarde su presencia y de su trabajo.

Liberal pinta desde la intuición, desde la fragilidad y desde una honestidad poco habitual en el circuito artístico contemporáneo. Quizá por eso sigue enviando postales en sus exposiciones, pequeñas piezas escritas a mano que funcionan como restos de una nostalgia casi extinguida. Una manera de dejar constancia de que estuvo allí, de que sintió algo y de que, pese a todo, todavía merece la pena seguir manchándose las manos. La nostalgia aparece así como otro de los materiales invisibles de su obra. Porque Joaquín Liberal no pinta para decorar paredes. Pinta para sobrevivir al tiempo.

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