La Cofradía salesiana del Santo Cáliz de Huesca, con motivo de la proximidad de la Semana Santa, ha organizado una conferencia impartida por el salesiano Josan Montull centrada en la figura de Jesús en el cine, especialmente en cómo se ha representado La Pasión de Cristo a lo largo de la historia cinematográfica y el enfoque de distintos directores.
Montull ha iniciado su intervención con una reflexión clave: ¿qué ocurre cuando un actor interpreta a Jesús? Se trata del personaje más representado en la historia del cine, presente en múltiples formatos que van desde el cine mudo hasta la animación, pasando por el neorrealismo italiano.
Sin embargo, ha continuado explicando Josan Montull, uno de los grandes retos ha sido siempre encontrar al actor adecuado. Muchos intérpretes han rechazado el papel por su enorme carga simbólica. Los directores, además, suelen evitar rostros demasiado conocidos, ya que buscan que el espectador vea a Jesús y no al actor. Esta circunstancia ha generado, en algunos casos, consecuencias personales para quienes lo han interpretado.
A lo largo de la conferencia, Montull ha realizado un recorrido por diversas películas que muestran la evolución de esta figura en el cine. Desde representaciones solemnes y teatrales, como El mártir del Calvario, película mejicana de 1952 dirigida por Miguel Morayta, hasta visiones más humanas y controvertidas como La Pasión de Cristo, 2004, de Mel Gibson, con diálogos reconstruidos íntegramente en arameo, hebreo y latín. Aunque Gibson inicialmente se opuso, la película está subtitulada.

El salesiano ha subrayado que las películas sobre la vida de Jesús han estado siempre rodeadas de polémica. Un ejemplo destacado fue El evangelio según San Mateo, 1964, de Pier Paolo Pasolini, una obra austera, en blanco y negro, protagonizada por actores no profesionales, la madre del director hizo de la Virgen María y el papel de Jesús fue interpretado por un comunista universitario español, Enrique Irazoqui. Su estreno generó un gran conflicto en España durante el franquismo, que inicialmente prohibió la película por estar dirigida por un cineasta marxista. El propio actor Irazoqui tuvo prohibida la entrada en su propio país hasta la muerte de Franco. Finalmente se proyectó pero subtitulada.
También Montull ha hecho mención a Hollywood que tampoco se resistió a la tentación de narrar la vida de Cristo con grandiosidad. La historia más grande jamás contada (1965) quiso hacer honor a su título, mientras que Jesucristo Superstar (1973) rompió moldes al convertir La Pasión en un canto rockero en pleno desierto, al ritmo de una generación que buscaba nuevas formas de creer o de cuestionar. Destacó la implicación de actores como Ted Neeley, profundamente marcado por su interpretación.
En otros casos, ha señalado Montull, el impacto fue más íntimo. En Rey de Reyes (1961), rodada en España, el Jesús de Nicholas Ray, interpretado por el actor de ojos turquesas Jeffrey Hunter, estaba a tono con los movimientos juveniles de ese tiempo. Hunter quedó demasiado identificado con el Nazareno. Dos años después del estreno, desconocidos solían pararlo por la calle para pedirle una bendición. La película sí hizo algo revolucionario para la época, fue la primera que se animó a mostrar el rostro de un actor en el rol de Jesús.
Robert Powell, en Jesús de Nazaret (1977), de Franco Zeffirelli, se convirtió para muchos en el rostro definitivo de Cristo, hasta el punto de que la frontera entre actor y personaje comenzó a difuminarse peligrosamente. Willem Dafoe, en La última tentación de Cristo (1988), de Martin Scorsese, encarnó, en cambio, la duda y la humanidad más radical, abriendo otra herida de controversia.

En cuanto a los escenarios, explica Josan Montull, se incluyen desiertos que no son la Palestina del siglo I como el Gran Cañón del Colorado o la piedra desnuda de la ciudad italiana de Matera, habitual en este tipo de producciones, que se convierte, una vez más, en Jerusalén.
Finalmente, ha hecho referencia a la serie The Chosen (Los Elegidos), dirigida por Dallas Jenkins, un fenómeno reciente financiado en gran parte por pequeñas aportaciones privadas. Su éxito internacional confirma que la figura de Jesús sigue viva en el imaginario contemporáneo. La serie, que continúa en desarrollo, se encamina hacia nuevas temporadas.
Al final, la reflexión con la que Josan Montull iniciaba la conferencia regresaba al punto de partida. Representar a Jesús no es plasmar una historia cualquiera, conlleva una enorme responsabilidad. Es asomarse a una figura que ha dado sentido a millones y millones de vidas y que, para los creyentes, encierra el misterio mismo de Dios. Quizá por eso, cada intento resulta inevitablemente incompleto, y cada película, más que una respuesta, es una nueva pregunta.