Durante casi noventa años, Carta de Moscú sobre el amor permaneció en la sombra. Publicado en 1934, el ensayo de Ramón J. Sender propone un modelo afectivo basado en el materialismo dialéctico, cuestiona las convenciones religiosas y burguesas de su tiempo y defiende una relación fundada en la igualdad y la libertad emocional.
Como señaló el estudioso británico Francis Lough, “el gran tema de la obra de Sender es el amor”, una afirmación que resume la clave interpretativa de este texto ahora recuperado en edición crítica por José Domingo Dueñas, cuya labor devuelve a la circulación una pieza fundamental para comprender la etapa marxista del escritor aragonés.
La presentación tuvo lugar este miércoles en el Instituto de Estudios Altoaragoneses, dentro de la colección Larumbe. Textos Aragoneses, impulsada por Prensas Universitarias de Zaragoza con la colaboración del Gobierno de Aragón y otras instituciones culturales. Se trata del volumen número 114 de una serie dedicada a textos aragoneses en edición crítica.
Dueñas sitúa el ensayo en un momento decisivo de la trayectoria del escritor. “Es la época marxista de Sender y este ensayo es una muestra perfecta de ese momento”, explica el editor. La obra nace tras la estancia del autor en Moscú en mayo de 1933, viaje del que surgieron dos libros: un reportaje sobre la realidad soviética y este texto híbrido entre carta y ensayo.

Carta de Moscú sobre el amor adopta forma epistolar y está dirigida a Elena Cruz, joven madrileña con la que Sender mantenía una relación sentimental. Sin embargo, el contenido trasciende la intimidad y se convierte en reflexión ideológica sobre el sentimiento amoroso.
El propio Sender define su ideal como “un amor desprovisto de mixtificaciones espirituales, basado en el instinto y en la simpatía mutua”. El autor describe el sentimiento desde la óptica política: “Un amor pensado desde el materialismo dialéctico”.
AMOR, IDEOLOGÍA Y EMANCIPACIÓN
En el ensayo, Sender sostiene que en la Unión Soviética se vive el afecto de manera distinta a la España de la época. “Ve que los jóvenes rusos plasman ese amor natural, desenfadado, espontáneo, sin rencillas, sin celos”, resume Dueñas.
La obra confronta ese modelo con las convenciones religiosas y burguesas del entorno madrileño de los años treinta. “Elena, como todas las chicas de entonces, lo que quería era casarse y ya está, y Sender decía que no era necesario”.
Uno de los ejes centrales del ensayo es la independencia femenina. Sender afirma que “la mujer está en igualdad de condiciones que el hombre en Rusia en 1933, puede vivir el amor también de un modo equitativo”. Añade que, gracias a su sueldo, la mujer rusa “si se enamora de alguien es porque se enamora y no porque lo necesite por otro tipo de motivos”.

Dueñas matiza que el escritor pudo ser “demasiado optimista”, pero reconoce que el texto anticipa planteamientos que décadas después se normalizarían en la sociedad occidental en materia de igualdad y libertad emocional.
El planteamiento no era menor en la España de 1934. El ensayo cuestionaba la moral católica dominante y desmontaba el ideal romántico tradicional desde una perspectiva materialista. Ese carácter provocador explica en parte su recepción desigual y su posterior relegación.
La reflexión sobre el afecto no constituye un episodio aislado en la producción senderiana. El amor atraviesa su narrativa, su ensayo y su pensamiento político, lo que refuerza la relevancia de este texto dentro del conjunto de su obra.
TRES VERSIONES
El ensayo no es un episodio aislado en la bibliografía senderiana. Existen tres formulaciones del mismo núcleo teórico: unas conferencias de 1933 tituladas Reflexiones sobre el amor, la edición original de 1934 y la revisión incorporada en Tres ejemplos de amor y una teoría (1969).
“Él (Sender) decía que era un libro de juventud, que no era muy logrado, que era inmaduro”. Sin embargo, lo incorporó como conclusión teórica en el volumen de 1969, lo que demuestra que nunca renunció del todo a esas ideas.
La edición actual coteja las distintas versiones, incorpora aparato crítico y revisa el texto original para actualizar puntuación, acentuación y grafías, manteniendo la fidelidad a la edición primitiva.
CENSURA Y VIGILANCIA EN MOSCÚ
El libro incluye además un episodio revelador sobre la vigilancia soviética. Durante su estancia en Rusia, Sender sospechó que sus cartas eran leídas por los censores. Un amigo pintor le advertía: “No te fíes de las declaraciones demasiado apasionadas de las mujeres”, comentario que revelaba que alguien conocía el contenido de su correspondencia.
El autor decidió no enviar el ensayo a su destinataria hasta abandonar la Unión Soviética, consciente de que el manuscrito podía ser interceptado.
Aunque no figura entre los grandes títulos narrativos de Sender, Dueñas subraya que el texto resulta clave para comprender la evolución ideológica del escritor y la centralidad del amor en su pensamiento.
La reedición rescata un texto que articula amor, política y emancipación femenina en un contexto de transformación ideológica y social que marcaría la trayectoria posterior del autor.