José Ignacio Martínez: “La belleza de los bienes culturales de la iglesia puede ayudarnos a dar sentido a la vida”

El delegado de Patrimonio de la Diócesis de Huesca inaugura el ciclo de conferencias en San Pedro el Viejo

María José Sampietro
Filóloga y diseñadora gráfica
26 de Mayo de 2026
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José Ignacio Martínez Madrona, delegado de Patrimonio de la Diócesis de Huesca.
José Ignacio Martínez Madrona, delegado de Patrimonio de la Diócesis de Huesca.

La iglesia de Iglesia de San Pedro el Viejo acogió este lunes la apertura del ciclo de conferencias San Pedro el Viejo, testigo de un cambio, una iniciativa que pretende reflexionar sobre el papel del patrimonio religioso en la sociedad contemporánea y su vínculo con la fe, la cultura y la identidad colectiva.

El encargado de inaugurar el programa fue el delegado de Patrimonio de la Diócesis de Huesca, José Ignacio Martínez Madrona, quien ofreció la conferencia titulada El patrimonio como escuela de fe y transmisión de cultura. El acto fue presentado por el vicario general, José Alegre en la iglesia de San Pedro el Viejo.

Durante su intervención, Martínez Madrona defendió la importancia del patrimonio eclesiástico como elemento fundamental para comprender la historia, la espiritualidad y la identidad de los pueblos. “El patrimonio nos define como miembros de una comunidad, es un elemento de evangelización y una escuela permanente de humanidad”, señaló.

El delegado de Patrimonio insistió en que el legado artístico y cultural de la Iglesia no debe entenderse únicamente desde una visión estética o museística. “El patrimonio de la Iglesia no nació para ser contemplado como una pieza de museo; nació para anunciar el Evangelio”, afirmó.

Un patrimonio material, inmaterial y espiritual

A lo largo de la conferencia, Martínez Madrona explicó que el patrimonio cultural de la Iglesia va mucho más allá del arte sacro visible. En primer lugar, hizo referencia al patrimonio material formado por iglesias, ermitas, retablos e imágenes religiosas que forman parte del paisaje y de la memoria colectiva de la provincia de Huesca. “Cada uno de estos elementos nos habla de una época, de una espiritualidad y de una forma concreta de vivir la fe”, indicó.

Junto a este patrimonio tangible, destacó también el enorme valor del patrimonio inmaterial, compuesto por procesiones, romerías, tradiciones populares, cofradías, cantos litúrgicos y devociones que continúan manteniendo vivas muchas localidades. “En numerosos pueblos la fiesta patronal sigue siendo el principal encuentro comunitario”, recordó.

Sin embargo, José Ignacio Martínez quiso detenerse especialmente en otro tipo de patrimonio “más invisible, pero también más frágil”: el patrimonio espiritual y humano. “Es la memoria de generaciones de personas, la fe transmitida de padres a hijos y de abuelos a nietos, la experiencia de solidaridad dentro de una comunidad”, explicó. Para el delegado de Patrimonio, sin este legado espiritual “todo lo demás perdería su sentido”.

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El vicario general de la Diócesis de Huesca José Alegre y José Ignacio Martínez, delegado de Patrimonio..
El vicario general de la Diócesis de Huesca, José Alegre, y José Ignacio Martínez, delegado de Patrimonio..

 

Interpretar el mensaje de las iglesias

El ponente subrayó también la necesidad de aprender a interpretar el significado espiritual del patrimonio religioso. Según indicó, hoy no basta con mantener abiertas las iglesias, sino que es imprescindible ayudar a comprender el simbolismo y el mensaje que contienen. “Muchas veces nos quedamos únicamente con la imagen general y no entendemos por qué aparece un santo concreto en un retablo o qué misterio nos quiere transmitir”, señaló. A su juicio, uno de los grandes desafíos actuales consiste en evitar que el patrimonio quede reducido exclusivamente a un atractivo turístico, desconectado de la dimensión religiosa y cultural que le dio origen.

La vía de la belleza

Durante la conferencia José Ignació habló de la importancia que tiene la llamada via pulchritudinis, la “vía de la belleza”, concepto que la Iglesia ha utilizado históricamente como camino de evangelización.

Martínez Madrona recordó que pensadores como San Agustín o Santo Tomás de Aquino ya defendieron la belleza como una forma de acercarse a la verdad y a Dios. Además, explicó que esta idea cobró un nuevo impulso en 2006 con la publicación del documento La vía pulchritudinis, camino privilegiado de evangelización y diálogo por parte del Pontificio Consejo de la Cultura. “La belleza puede conducirnos al encuentro con Dios”, afirmó el delegado diocesano, quien añadió que “muchas personas pueden llegar antes a Dios mediante la experiencia de la belleza que a través de un discurso doctrinal”.

En este sentido, recordó que durante siglos el arte fue utilizado por la Iglesia como herramienta pedagógica para transmitir la historia de la salvación a una población que, en muchos casos, no sabía leer. “El patrimonio de la Iglesia se convirtió en la Biblia de los pobres”, apuntó.

José Ignacio Martínez durante su conferencia en San Pedro el Viejo.
José Ignacio Martínez durante su conferencia en San Pedro el Viejo.

 

“No son restos del pasado”

Martínez Madrona defendió que el patrimonio religioso no debe contemplarse como una realidad extinguida, sino como una expresión viva de la fe y de la historia de los pueblos. “No son restos del pasado; son expresión de la vida y de la fe viva del pueblo”, aseguró.

Finalmente, el delegado de Patrimonio reflexionó sobre el papel que puede desempeñar la belleza en la sociedad actual, marcada —según expresó— por “el ruido, la inmediatez y, en muchas ocasiones, la promoción de lo burdo y lo antiestético”. Fue entonces cuando estimó que el hecho de “que el patrimonio nos transmita belleza puede ayudarnos a dar sentido a la vida”.

Con esta conferencia inaugural, el ciclo San Pedro el Viejo, testigo de un cambio abre un espacio de reflexión sobre la importancia del patrimonio religioso no solo como legado histórico, sino también como herramienta cultural, educativa y espiritual para las generaciones presentes y futuras.

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