Un escenario casi desierto, con tan solo una larga mesa de comedor y un par de candelabros, fue más que suficiente para que el elenco de KUMEN Teatro —Carmen S. Trapiello, Miguel Peinado, Iván Suárez, Cristina Ogalla, Paz Vega, Rosario Taberna y Jorge Arenas— desplegara su oficio y trasladara al público a una casa burguesa donde un vividor, Tartufo, se había instalado aprovechándose de la ceguera emocional del dueño y pretendía hacerse tanto con los bienes de la familia como con la mano de su hija.
Hubo algo más que marcó la diferencia en este montaje: no solo la magnífica dirección de actores de José Ramón López Menéndez, sino también el excelente trabajo de los técnicos de iluminación y sonido y el extraordinario vestuario diseñado por Azucena Rico. A ello se sumó, como reconoció el propio elenco al término de la representación, un público atento y conocedor del teatro, además del incomparable marco del Corral de Comedias de Robres, cuya acústica y singularidad volvieron a demostrar su idoneidad para todo tipo de propuestas escénicas.
KUMEN Teatro, la compañía invitada en la noche del sábado 18 de julio, es una formación asturiana de Langreo con una larga trayectoria sobre los escenarios. Cuenta con un amplio repertorio y un extenso palmarés que incluye reconocimientos como el Premio del Público del XIII Festival Nacional Ciudad de Carrizo, además de numerosos galardones a la interpretación, la dirección y la iluminación obtenidos en el Festival Nacional Ciudad de Oviedo "Memorial José Antonio Lobato" o en el XXIII Certamen Nacional de Teatro Jiménez de Jamuz.
En definitiva, la representación supuso un nuevo acierto para el Corral de Comedias de Robres en su constante apuesta por acercar el teatro al medio rural monegrino, un objetivo que volvió a cumplirse tanto por la respuesta del público como por la indiscutible calidad artística de la compañía invitada.
CENSURA QUE ALGO QUEDA
No resultó sencillo que Molière pudiera representar con libertad Tartufo. La Compañía del Santo Sacramento utilizó su influencia para conseguir que la obra fuera prohibida, al considerar que contenía un ataque frontal contra la religión y los valores que defendía, especialmente por la crítica implícita al papel de algunos devotos directores espirituales que, en realidad, saqueaban las herencias de sus fieles.
Tras diversas vicisitudes, Molière intentó representar la obra bajo el título de "Panulfo o el impostor" en agosto de 1667. Sin embargo, después de la primera función, el responsable de la policía prohibió nuevas representaciones y el arzobispo de París, Hardouin de Péréfixe, llegó a amenazar con la excomunión a cualquiera que representara o asistiera a la obra. Finalmente, en febrero de 1669, Luis XIV autorizó a Molière a representarla de nuevo, recuperando además su título original, Tartufo.
El vocablo "tartufo" entró posteriormente en el Diccionario de la Real Academia Española para definir a una persona hipócrita y falsa.