Luis Zueco: "Cuando estaba en su mejor época, Goya lo arriesgó todo"

El novelista aragonés ha charlado con sus lectores de Huesca sobre su última novela, "El juicio: La Inquisición contra Goya"

13 de Febrero de 2026
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Luis Zueco, en la librería Santos Ochoa de Huesca. Foto Myriam Martínez
Luis Zueco, en la librería Santos Ochoa de Huesca. Foto Myriam Martínez

El escritor aragonés Luis Zueco presentará este viernes en Huesca El juicio: La Inquisición contra Goya (Ediciones B), una novela histórica que se adentra en el proceso inquisitorial abierto tras la publicación de Los Caprichos en 1799. El encuentro con lectores se ha celebrado este viernes en la librería Santos Ochoa, con una gran afluencia de público.

El punto de partida es preciso: el 6 de febrero de 1799 ve la luz un volumen compuesto por 80 imágenes en las que el artista había trabajado durante casi una década. No eran láminas sueltas, sino un libro unitario financiado por él mismo y anunciado incluso en la prensa madrileña.

Pese a esa apuesta personal, Los Caprichos apenas permanecieron quince días en circulación. Ese breve margen es el origen del relato. “¿Qué ocurre? ¿Qué está pasando para que el pintor más famoso de la época, del que todo el mundo quiere un retrato, y su trabajo más personal, más importante para él, solo pueda estar unos pocos días a la venta? Ahí es donde nace la novela”, afirma Zueco.

Más allá de ese episodio, el autor recuerda que la imagen más extendida de Francisco de Goya suele centrarse en sus retratos cortesanos, como los realizados para la familia de Carlos IV o la duquesa de Alba. Son lienzos de gran intensidad psicológica que han consolidado su proyección pública.

Luis Zueco, en la librería Santos Ochoa de Huesca, con "El juicio". Foto Myriam Martínez
Numerosos lectores han acudido a escuchar a Luis Zueco, en la librería Santos Ochoa. Foto Myriam Martínez

Sin embargo, el novelista dirige la atención hacia otra vertiente menos visible: la del grabador y creador de obra gráfica. “Hay un Goya que se encierra por la noche y trabaja en solitario”, explica. En esos dibujos que después transforma en estampas aparece un artista “más libre, más audaz, más directo, más él mismo”.

Zueco reconoce que adentrarse en su faceta más íntima ha exigido un esfuerzo adicional de documentación. Se trata de un perfil menos conocido, con más matices y mayor compromiso político y social.

El novelista recuerda que el creador aragonés no procede de la opulencia, sino de un origen humilde. Nace en Aragón y su ascenso es lento y trabajado: comienza en Zaragoza, viaja a Roma, se instala en Madrid y progresa poco a poco hasta alcanzar una posición destacada en la corte.

“La clave es entender que cuando estaba en su mejor época, Goya lo arriesgó todo”, afirma. En plena cúspide profesional, con estabilidad económica y reconocimiento social, decide publicar Los Caprichos, y ese contraste entre éxito y peligro es, a su juicio, el núcleo dramático del personaje.

“Que uno de tus protagonistas esté sordo es un reto para la comunicación”, añade. Sin embargo, considera que esa etapa es la que mejor permite conocer al artista, porque se encuentra en plenitud no solo creativa, sino también social y económica. “Ese era el Goya que realmente iba a dar juego y claro, ha sido algo complejo, pero también apasionante”.

EL ARTISTA NECESITA LIBERTAD

Para Luis Zueco, uno de los rasgos más atractivos del genial pintor es su posicionamiento ante la creación artística. Recuerda que, como académico de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, redacta a finales del siglo XVIII un informe en el que fija una idea central que abre su novela.

“El artista necesita libertad”, señala el escritor. En un texto solicitado por la propia institución que regulaba la enseñanza y los criterios estéticos, el pintor cuestiona la rigidez académica y rechaza que los premios o las ayudas condicionen la producción creativa.

Esa declaración adquiere relevancia en un contexto dominado por el clasicismo, donde la belleza y la composición respondían a pautas muy definidas. Zueco subraya que esa postura rompe con el modelo establecido y sitúa al aragonés en una posición adelantada a su tiempo.

Más allá de los grandes lienzos históricos, sostiene que es en la obra gráfica donde se percibe con mayor claridad la personalidad del pintor. “En los dibujos está Goya”, afirma. “Es un personaje fascinante”, insiste, y apunta que la amplitud de su trayectoria y su recorrido vital lo convierte en un referente en múltiples dimensiones.

Luis Zueco, en la librería Santos Ochoa de Huesca, con "El juicio". Foto Myriam Martínez
Huesca es el punto de partida de una "gira" que va a llevar al autor por varias ciudades españolas. Foto Myriam Martínez

ARTE E INTRIGA

El juicio es ante todo una novela histórica, pero también incorpora una fuerte dimensión de intriga. La trama no se limita al episodio de Los Caprichos, sino que está atravesada por distintas capas de misterio que envuelven la narración. “Es una novela muy negra, muy detectivesca”, señala el autor.

El eje central, sin embargo, es el arte. A través Goya, el relato permite asomarse también a figuras como Velázquez, Tintoretto o Tiziano, ampliando la mirada hacia la tradición pictórica europea.

El autor recuerda que en aquella época no existían museos como los conocemos hoy. Las grandes obras formaban parte de colecciones reales y permanecían en palacios a los que el público no tenía acceso. “Ni tú ni yo hubiéramos visto nunca Las Meninas”, observa. En cambio, Los Caprichos se vendían en la calle. “Muchas veces entiendes mejor un periodo a través de su arte que por sus sucesos políticos o económicos”, afirma.

El escritor sostiene que la creación artística es una cualidad profundamente humana. Aunque no responda a una necesidad material inmediata, considera que resulta esencial para comprendernos como sociedad.

Zueco subraya que trabaja siempre con límites históricos claros y que todo lo que sucede en la narración se ajusta a las características de la época. La ficción ocupa los espacios donde la documentación no llega, pero el contexto permanece fiel a los hechos conocidos.

Admite que se trata, probablemente, de la obra en la que más ha profundizado en la documentación artística. “He tenido que entender cómo se graban las planchas, cómo se estampan las láminas”, explica, así como el funcionamiento de las almonedas y la circulación de grandes lienzos.

El mundo del mercado del arte adquiere aquí un papel central. La presencia de un anticuario relevante dentro de la trama le obligó a ser especialmente preciso.

Luis Zueco, en la librería Santos Ochoa de Huesca, con "El juicio". Foto Myriam Martínez
Arancha Martínez, introduciendo el acto protagonizado por Luis Zueco. Foto Myriam Martínez

EL PERSONAJE DE ANGÉLICA

Junto a la figura histórica introduce a Angélica, una joven procedente de Nueva España, actual México. Ella y su padre articulan la parte más novelada del relato y se entrelazan con la vida del pintor dentro del marco histórico establecido.

Angélica constituye una pieza central dentro de una de las tramas de misterio que atraviesan la novela. Según explica Luis Zueco, su presencia permite articular una línea paralela que amplía la dimensión narrativa del libro.

Dentro de esa construcción adquiere especial relevancia La maja desnuda, un cuadro contemporáneo a los hechos que ocupa un lugar destacado en la evolución del relato. “Es una Venus moderna”.

El lienzo fue una obra destinada a permanecer oculta. Además, el autor recuerda que no guarda relación con la duquesa de Alba.

En el clima cultural del momento, la realización de un desnudo femenino implicaba una decisión arriesgada. Zueco señala que ese gesto podía resultar incluso más comprometido que la publicación de Los Caprichos.

MÁS ALLÁ DE LOS TÓPICOS

Abordar una figura como la del artista aragonés supone asumir una responsabilidad añadida, reconoce Luis Zueco. Se trata de un personaje convertido en icono cultural, ampliamente admirado, aunque no siempre comprendido en toda su complejidad.

La trayectoria del pintor atraviesa distintos reinados, la Guerra de la Independencia y el exilio en Francia, lo que multiplica sus facetas.

Por eso el novelista decidió acotar la acción a un periodo concreto, aunque introduce retrospectivas que permiten mostrar al Goya joven, sus inicios en Zaragoza y su llegada a la corte.

Frente a la imagen de un artista permanentemente hosco, Zueco propone un perfil distinto. Lo describe como alguien sociable, acostumbrado al trato constante con clientes y modelos. “Seguía su vida completamente igual”, afirma al referirse a la sordera.

Para Zueco, la vigencia del artista de Fuendetodos es incuestionable. “Lo pintaría todo”, afirma al imaginar cómo reaccionaría hoy ante la sociedad contemporánea.

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El escritor defiende la importancia de la novela histórica como herramienta para comprender el presente. “Para los ilustrados la ignorancia era una enfermedad”, señala, destacando que en Los Caprichos se percibe una crítica constante a comportamientos perjudiciales para la sociedad.

El escritor considera que esos temas siguen siendo universales. Si viviera hoy, sostiene, dirigiría su mirada hacia aquello que no contribuye al bien común.

La presentación en Huesca constituye el punto de partida de una gira de cinco meses por 65 ciudades que arranca en la capital altoaragonesa. Un comienzo simbólico para una historia que regresa al origen aragonés de Francisco de Goya, un creador que, más de dos siglos después, sigue interpelando al presente con la misma fuerza crítica que impregna Los Caprichos.

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