Lux Basilicae convirtió el recuerdo en luz este 15 de agosto, festividad de la Asunción de la Virgen, en la Basílica de la Peña de Graus, jubilosa por la recuperación del esplendor de aquel retablo que en tiempos de odio y destrucción fue pasto de las llamas noventa años antes. Una admirable tenacidad y visión de la Asociación de Amigos del templo ha permitido rescatar la integridad del monumento en una labor coral, religiosa, civil e institucional.
La celebración transcurría entre explicaciones con la presencia del alcalde de Graus, José Antonio Lagüens, el presidente de la Comarca, Roque Vicente, otras autoridades y el oficiante, el obispo de Barbastro-Monzón, Ángel Pérez Pueyo, con la doble faena del relevo en la titularidad de la parroquia y la inauguración del videomapping que recupera para la eternidad un emblema de la integridad que da personalidad a Graus y La Ribagorza.
El obispo de Barbastro-Monzón, Ángel Pérez Pueyo, inició su homilía refiriéndose al relevo que se produce del padre Nacho Cardona, hasta ahora párroco en Graus, a Alfonso. A ambos recordó que María, al recibir la noticia de que Dios la había escogido para ser la madre de Jesús, "se puso en camino", como reza el Evangelio. La misma expresión que utilizó para ambos. "Allí donde llega un sacerdote con corazón de pastor, no llega solo. Cristo llega con él".
Gratitud a los Amigos de la Virgen de la Peña por su "trabajo constante por cuidar este lugar, por mantener viva su historia y transmitirla a las generaciones futuras". En este caso, con un acontecimiento especial gracias al apoyo de la comarca. "Sólo prosperaremos si todos juntos miramos en la misma dirección y somos capaces de aportar al común lo mejor de nosotros mismos".
Día donde el protagonismo es "del nuevo videomapping, que permitirá recrear aquel antiguo retablo que presidió esta Basílica y un día fue destruido por el fuego. En estos días que vemos que el fuego asola no solo nuestros montes, sino los bienes más preciados, las casas, los pueblos... ¡Qué labor tan importante de los agricultores que, con las autoridades, las fuerzas de seguridad y los bomberos han sido capaces de ir todos a una!".
La imagen de esta inauguración es "preciosa para esta fiesta, porque aquel retablo ardió, el fuego pudo destruir la madera, pudo borrar colores, pudo reducir a cenizas una obra de arte, pero hubo algo que el fuego no pudo quemar: la memoria, la fe, la devoción de un pueblo, el cariño de generaciones enteras a la Virgen de la Peña y, ahora, gracias a la técnica, la luz vuelve a dibujar lo que el fuego destruyó". Una imagen "hermosa de esperanza en esta tarde de la Virgen: donde hubo ceniza, vuelve a aparecer belleza, donde parecía que todo se había perdido, la memoria vuelve a hacerse luz. Y, salvando las distancias, estamos celebrando hoy precisamente algo parecido cuando parece que María marcha, que Nacho se va, que todos quedamos huérfanos, de repente Dios vuelve a emerger en nuestra vida".
"Cuando contempléis este retablo renacido en luz, quizás podáis pensar: el fuego no tuvo la última palabra, como tampoco la tiene la enfermedad, ni la vejez, ni nuestros fracasos, ni siquiera la muerte. La última palabra siempre es de Dios. No hace falta haber ganado un Mundial ni que un entrenador haya manifestado su fe para que todos nosotros, al menos, no sintamos vergüenza de decir que creemos. Que la fe no te quita los problemas, pero te ayuda a entenderlos de otra manera. ¡Qué distintos serían todos los pueblos si cada uno de nosotros miráramos con la luz del corazón!", añadía monseñor Ángel Pérez Pueyo.
El prelado, habituado a la subsunción de la trascendencia eterna en la actualidad, afirmaba que el del 15 de agosto era un "notición: el 15 de agosto de 2026, en el cielo, tienes una madre. Y allí donde hay una madre, siempre hay una esperanza", como han entendido tantas generaciones hasta la Virgen de la Peña, algunas celebrando, otras buscando un lugar donde llorar en silencio, pero siempre "con la misma mirada de la madre", que "siempre lleva hasta Cristo". "Lo moderno y lo que verdad construye es, hombres de fe, vivirlo desde el corazón, porque nos convierte a todos en transformadores de una realidad. Dentro de un momento, la luz se hará visible de una realidad que enmudeció hace unos años".

LA DESCRIPCIÓN DE JORGE ESPUÑA
Jorge Espuña, presidente de la Asociación de Amigos de la Virgen de la Peña, ha contextualizado históricamente que el 15 de agosto de 1936 la Basílica "fue herida y sucumbió víctima de la sinrazón de un tiempo oscuro". Noventa años después, en clima de concordia y respeto resurge lo que nunca desapareció, agregaba, sino que permaneció en la memoria grausina. El camino ha sido largo y ha habido que apelar a documentos y fotografías. Agradecía al presidente de la Comarca y al Museo Diocesano de Barbastro el apoyo, así como a Carlos y Fernando de Fotoprisma.
El conjunto retablístico fue una gran obra, uno mayor y dos laterales, de estilo romanista y con la técnica más refinada de los talleres aragoneses de la época. Tuvo el rostro esta empresa del obispo de Huesca Esteban de Esmir, que soñó su templo natal a la altura de las grandes obras del romanismo aragonés como las catedrales de Barbastro o Tarazona. Más que arte, "era un catecismo de fidelidad a Trento" que había pedido al arte sacro claridad narrativa y defensa activa de los dogmas que la reforma protestante negaba. "Ninguna imagen aquí es ingenua".
Espuña describía la narrativa de todos y cada uno de los detalles en la Basílica de la Peña. En la maravillosa talla de la Virgen, bajo el ropaje románico, la antigua talla gótica, madre cercana y humana, pero Esmir la rodeó de corona y convirtió en la mujer vestida de sol del Apocalipsis. Cuatro escenas, una sola verdad: la maternidad divina de María. Presencia de San Lorenzo y San Ramón, y San Vicente Ferrer que dejó como regalo el Santo Cristo que los grausinos adoran.
Que hoy se devuelva "lo que las llamas nos arrebataron hace 90 años es un acto de justicia con la memoria", agregaba Espuña, "y cuando esa luz recorra estos muros quiero pensar que, en algún lugar en el cielo, Esteban de Esmir nos mira con serenidad sabiendo que aquello que quiso legar a Graus, la fe sin fisuras, memoria y humanismo, sigue siendo, a pesar del tiempo, una presencia viva entre nosotros".
CONCHA SALINAS, UNA LABOR TENAZ
La vicepresidenta de la Asociación, Concha Salinas, ha expresado la emoción del momento. Empezaba invitando a la concurrencia a un viaje en el tiempo retrocediendo quinientos años, al siglo XVI, y en este mismo lugar un grupo de monjes conversa con los maestros constructores sobre la ampliación de la Basílica, como embellecerla y hacer de ella un espacio de fe y del esplendor que tenía Graus, independiente del Monasterio de San Victorián, convertida en referencia espiritual de la Ribagorza.

Los monjes soñarían con un templo que uniera "la verticalidad gótica con la serenidad renacentista". Incluso alguno conversando con Esteban de Esmir sobre la creación de unos retablos que embellecieran el interior y una virgen de talla gótica presidiendo el altar. Retablos capaces de reflejar aquel esplendor. Ninguno podría pensar que las obras que consideraban eternas serían tan frágiles. Parte de aquella belleza se perdió y, sin embargo, "los muros de piedra permanecen, desafían los siglos, custodian silenciosos la luz del amanecer", que cada día es una promesa renovada de eternidad.
Recuperar la luz del esplendor perdido fue el sueño de la Asociación. Así nació Lux Basilicae, un proyecto multimedia, una fusión de tecnología y patrimonio que, mediante la imagen, la luz y el sonido permitieran vivir una experiencia inmersiva capaz de transportarnos a los siglos XVI y XVII. Cuando tuvieron el presupuesto, el sueño se tornó punto menos que imposible, pero la Virgen les iluminó. La determinación de la Asociación y el apoyo del presidente de la Comarca de la Ribagorza hicieron posible que se incluyera en el Plan de Sostenibilidad Turística gestionado con fondos europeos y este sueño pudiera hacerse realidad.
Tres años de trabajo intenso con búsqueda de imágenes, estudio de archivos y colecciones en busca de fotografías originales de principios del siglo XX hechas sobre placas de vidrio para conseguir una alta fidelidad. Con copias era inviable. La búsqueda condujo hasta la fototeca de la Casa Amatller, al Centro Excursionista de Cataluña en el Barrio Gótico en ambos casos de Barcelona y a la Fototeca de la Diputación Provincial de Huesca. En la primera, encontraron imágenes valiosas del entorno de la parroquia de San Miguel y parte del patrimonio perdido, así como de la Basílica y el interior.
Tras la selección de las fotos que mejor respondían al proyecto y gestionar los derechos de autor, se sucedió una etapa de trabajo, investigación y labores técnicas, estudiando el interior de la Basílica, la luz y las sombras, y se midieron alturas y distancias. Con todo el soporte visual, la propuesta del guion, la infraestructura y la financiación, "el proyecto comenzó a latir con pulso propio", con perseverancia frente a las dificultades. Y "el sueño tan ambicioso como inalcanzable era una realidad que empezaba a latir". No es sólo luz entre piedras, sino "un diálogo entre tiempos, un puente entre la memoria y el presente. Es permitir que lo que fue vuelva a ser y, al contemplar el altar, sintamos que la historia no se ha desvanecido, sino que permanece en silencio, aguardando la mirada que la despierte de nuevo. Y, sobre todo, es un sueño cumplido".
Pedía Concha Salinas un gesto que una a todos: "Después de la proyección de Lux Basilicae, encenderemos las velas y las pondremos sobre el altar. Una vela puede parecer pequeña, pero muchas luces juntas son capaces de iluminar la basílica, y que cada llama sea un símbolo y un homenaje a todas las personas que, generación tras generación, han trabajado y cuidado nuestra Basílica de la Peña y entre todos hemos hecho posible que hoy podamos seguir admirándola".
ROQUE VICENTE
Tras la fuerte ovación a Concha Salinas, intervención de Roque Vicente, presidente de la Comarca. Tras los agradecimientos, manifestación de que "hoy es un día para sentirnos orgullosos. Nos hemos puesto todos de acuerdo y hemos trabajado en la misma dirección". Gratitud a Ángel Pérez Pueyo por arropar el proyecto, al alcalde y a la Asociación.
Vicente aseguraba que la historia ya estaba aquí, pero la virtud es echar la mirada hacia atrás para "saber de dónde venimos y proyectarnos al futuro, que es lo más importante. La Virgen de la Peña no es sólo un edificio singular, es uno de nuestros iconos patrimoniales y de culto más relevantes de Graus y Ribagorza. Es memoria, es identidad, es tradición, es espiritualidad y también forma parte de nosotros porque muchos hemos elegido este lugar para celebraciones, recogimientos o pedir fe y esperanza".
El presidente de la Comarca ha reconocido que la Virgen de la Peña es personalmente "una pequeña debilidad", por la devoción, la belleza y la combinación de patrimonio, paisaje, arquitectura, tradición e historia. "Tiene algo difícil de explicar con palabras: tiene esplendor y alma", por lo que Lux Basilicae tiene sentido. "Iluminamos nuestra historia para que pueda ser conocida, comprendida y transmitida".
Igualmente, explicaba las posibilidades que tiene para la experiencia turística del visitante que venga a Graus para conocerlo y quedarse más tiempo, algo fundamental para los pueblos, que conozca la cultura, las tradiciones y la gastronomía. Trasciende "un espectáculo de luz. Habremos conseguido despertar curiosidad por nuestra historia y orgullo por nuestro patrimonio". "Todo va a generar grandes oportunidades en nuestro entorno", y ha reivindicado que la tecnología contribuya a descubrir y emocionar con el patrimonio. "Esta noche encendemos una nueva luz sobre nuestra historia".