Marga Díaz irrumpe en la novela con Tuerta: “La soberbia es lo peor que se puede tener”

La autora aragonesa presenta en Santos Ochoa la historia de una política enfrentada al poder y la enfermedad

26 de Febrero de 2026
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Olga Alastruey y Marga Díaz en Santos Ochoa. Foto Myriam Martínez
Olga Alastruey y Marga Díaz en Santos Ochoa. Foto Myriam Martínez

"La soberbia es lo peor que se puede tener, porque aquí nadie es más que nadie”. La frase, pronunciada sin ambages por Marga Díaz, condensó este jueves en Huesca el sentido profundo de Tuerta, una narración que escruta la deformación moral que acompaña al ejercicio del poder cuando se pierde la conciencia de los límites. La autora abordó este asunto desde la observación y la autocrítica, convencida de que el mayor riesgo no es detectar la arrogancia en los demás, sino no advertirla en uno mismo.

El acto ha tenido lugar a las 19:00 en la librería Santos Ochoa, donde la librera Mati Saz ha abierto la sesión con una breve introducción. A continuación, Olga Alastruey ha tomado la palabra para hablar de la autora.

Tuerta constituye la ópera prima de Marga Díaz en el ámbito de la novela, tras una etapa previa dedicada al relato breve. El impulso creativo surgió durante la pandemia, cuando decidió consagrar a la escritura un tiempo que hasta entonces había permanecido latente. Licenciada en Derecho y definida por ella misma como disciplinada y metódica, ha reconocido que sus primeros textos evidenciaron carencias técnicas. Esa constatación la llevó a formarse durante tres años en el estudio de escritura de Julio Espinosa antes de afrontar una obra de mayor aliento.

Presentación de la primera novela de Marga Díaz en Santos Ochoa. Foto Myriam Martínez
Presentación de la primera novela de Marga Díaz en Santos Ochoa. Foto Myriam Martínez

La elección temática responde a vivencias acumuladas en su trayectoria profesional como asesora institucional. Sin personalizar episodios, ha relatado escenas que la marcaron: gestos de desprecio, órdenes pronunciadas sin mirada y jerarquías ejercidas sin empatía.

 Recuerda que una persona arrojó unos documentos a un ordenanza enfermo sin dirigirle la vista; ella recogió los papeles y asumió la tarea. Aquella escena, aparentemente mínima, cristalizó en una reflexión más amplia sobre la arrogancia y la falsa conciencia de superioridad.

La protagonista, Laura Rivas, encarna esa deriva. Política aragonesa con proyección nacional, presencia constante en los informativos y agenda instalada en Madrid, afronta un cáncer de pecho que obliga a una mastectomía. El título alude tanto a la pérdida física, como a la metáfora central del relato: la incapacidad de ver el afecto y la lealtad que la rodeaban. La familia permanecía en Zaragoza; los apoyos se interpretaban como una consecuencia natural de su posición. La enfermedad interrumpe esa inercia y desmantela certezas.

La narración adopta la primera persona, una opción deliberada que introduce un desafío estructural: permitir que el lector perciba los errores del personaje mientras este los justifica. Díaz ha explicado que ese enfoque exigía precisión y contención, ya que la voz narrativa debía sostener la coherencia psicológica sin encubrir las fisuras morales. El resultado persigue un efecto incómodo: confrontar al lector con la tentación universal de engrandecerse.Estima que el motivo que puede llevar a una persona a ser soberbia puede nacer de horizontes estrechos. “A lo mejor porque ha vivido poco. Yo lo quiero atribuir a un desconocimiento".

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Ampliar el círculo, viajar, convivir con otras realidades y asumir que no existe una única fórmula válida para actuar son, a su juicio, antídotos frente a esa distorsión. 

“Alguna gente no tiene cura y, si la tiene, es a base de golpes”, ha concluido. Con Tuerta, Marga Díaz propone una exploración literaria que trasciende la anécdota política y se adentra en la identidad, el ego y la fragilidad que emerge cuando la vida obliga a mirar de frente aquello que se había decidido no ver.

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