Una edificante e inspiradora conversación entre los psiquiatras Mercedes Nasarre y Javier Olivera y el obispo de Málaga, José Antonio Satué, ha ejercido de transgresora presentación de "El sueño del psiquiatra" de la autora, una charla entre paradojas frente a los fundamentalismos y en torno a conceptos como la fragilidad, la humildad y la permanente búsqueda de sentido sobre la espiritualidad y la figura divina. El auditorio de Villahermosa ha escuchado con extraordinaria atención por la profundidad de los planteamientos, con presencia del obispo de Huesca, Pedro Aguado Cuesta.
Tras la presentación de Roberto Cerdán, director del Centro Cultural de la Fundación Ibercaja, que ha abundado en la especificidad de la autora que siempre entrega y se entrega, Javier Olivera ha presentado a Mercedes Nasarre y "El sueño del psiquiatra". Ha aludido a la exposición Huesca en Tránsito y a que conoció a Mercedes Nasarre: igual que la movida oscense, hubo la Psiquiatría oscense. Ha enumerado algunos de los psiquiatas de la época que era "gente muy potente. No era una más, era una psiquiatra especial que hacía grupo. Es la mejor psicoterapeuta de grupos que ha habido en Aragón". La admiraban y mantenían con ella "charlas muy interesantes".
Olivera ha citado Un psiquiatra se pone a rezar, su primer libro, una huella de una "religiosidad muy potente" y muy comprometida en lo personal. Ha recordado su escuela de espiritualidad con un centenar de inscritos con retiros y silencios. Le ha interrumpido Mercedes recordando que es una combinación de los abordajes psicológico y espiritual. El psiquiatra ha referido a Carl Jung y su libro Psicología y Religión como inspiración. "Pertenecemos a un orden mayor que nosotros", ha apostillado Nasarre. "La espiritualidad sería la necesidad de sentido del ser humano. No estamos aquí sin más, sino en búsqueda del sentido de vivir". Y ha apelado a la importancia del lenguaje para la concreción espiritual.
José Antonio Satué, obispo de Málaga, se ha pronunciado como "una persona humana que siempre está en búsqueda. Siempre se queda pequeño el traje de tu espiritualidad y tienes que buscarlo".
Del libro, ha recalcado que "une mucho lo humano y lo espiritual, una espiritualidad respetuosa con el ser humano. Un psiquiatra dolorido con las dos piernas fracturadas que se ve obligado a ver la vida de otra manera".
Le ha parecido interesante cómo trata dos características del ser humano: fragilidad y fragilidad humana. Las hay que pesan mucho y pueden romper a una persona y otras que pueden ser meramente un tropiezo. "En las escuelas, uno de los aprendizajes tendría que ser gestionar nuestra fragilidad y las de los de más, en una sociedad en la que no hablamos de la obligación que tenemos de hacernos cargo de nuestra vida y de los demás". "Se acabó la fiesta de los disfraces", como se define en algunos momentos el libro.

Por otra parte, ha abundado en que "la fragilidad es un espacio de encuentro con Dios", "la fe aparece en esos momentos de fragilidad con más facilidad porque estamos más enfocados en buscarla".
Javier Olivera lo ha calificado como un "libro muy ameno". Un psiquiatra llamado Carlos con un accidente y politraumatizado en el Hospital, que convive con distintos pacientes que ingresan y salen. "No puede evitar ser psiquiatra y pregunta". Hay diferentes personajes y, a través de ellos, "hay una grandísima fragilidad personal", va hablando de "temas trascendentes". Uno de ellos es un accidentado cuyo hijo ha muerto en el siniestro, "está en bloqueo emocional". Otro, un intento de suicidio de un chico con psicosis. Una discusión entre un matrimonio con su hijo delante. Ha desvelado que ella quería titular el libro "El psiquiatra y la cama de al lado".
Se incluye un sueño con la santa Teresa de Beziers, presente en "Un psiquiatra se pone a rezar" con el personaje Carlos Lisieux. "El tema de Dios es como encontrar un lenguaje adecuado a cada época. El ser humano tiene dentro la necesidad de ese contacto divino", que no es un error de la naturaleza sino "una fuente de amor", ha explicado Mercedes Nasarre. "Estamos hablando todo el rato del amor con mayúsculas que encontramos dentro pero también el amor y el hilo invisible que nos une". Es el hilo que al psiquiatra ayuda a hacer la transición de un hombre que basaba su fortaleza en su autosuficiencia, pero tiene un despertar espiritual sin dolor ni fragilidad. La fragilidad, sin que se agriete el ego y el orgullo, no puede entrar en esa dimensión. Santa Teresa de Beziers definía la suya como una teología de la pequeñez, algo que le llamó la atención. "Ella pone absolutamente toda su confianza en los brazos de Dios. Ella sabe que no se puede hacer nada por sí mismo solo porque, al final, nuestra fortaleza siempre se apoya en la relación y el amor, no en mi propia mismidad. Se apoya en los vínculos. Cuando uno encuentra en ese interior ese vínculo es tan poderoso que no lo puede dejar de lado. La fe es un encuentro amoroso y en ese sentido tiene que cultivarse".
Satué recuerda que Nasarre se pregunta cómo Teresa de Beziers puede ser tan "neurótica. Y, sin embargo, santa". Matiz de obispo: "La fragilidad y la humildad que lleva consigo facilita. Uno puede aprender en la medida en que sabe que es más discípulo que maestro, cuando sabe que habla desde su pequeñez". Y ha asociado la controversia político a que no somos capaces de ser conscientes de nuestra fragilidad. "Es una condición para el crecimiento personal y la conciencia personal". Es "reconocer que todo lo que tienes lo has recibido de una manera u otra.
El obispo de Málaga ha enfatizado en la trinidad de las cosas pequeñas, seres pequeños y la fragilidad. Javier Olivera tomaba el testigo y leía el final de la obra. "Los muertos pueden continuar ayudando a los que viven en el tiempo. Esa es la Iglesia, la comunión de todos los santos". Interpelaba Olivera, monaguillo que fue -"te convalidó para después", bromeaba Satué-, a la autora. "Jesucristo es el gran revolucionario de la sociedad y que permitr que vivamos con valores del respeto a los otros, siempre con los enfermos, los lisiados, los marginados, los pobres y las prostitutas... Si Jesucristo hubiera vivido ahora, habría sido psicólogo o psiquiatra".

Pero respondía, en este fértil diálogo, inopinadamente el prelado. "La muerte la intentamos vivir desde esas dos claves de confianza y entrega. En ese sentido, una persona en el día a día se va moviendo con confianza y entrega en la que lo haces a los demás, a tu misión y a tu vocación. Y, cuando llega esa puerta, de forma razonable pero no demostrable seguimos optando por seguir confiando y entregando esa vida que hemos vivido gratuitamente y queremos entregar a Dios porque esa puerta tiene una dimensión no de eternidad, sino de plenitud", algo que se materializa en la oración. "En ese sentido hay esa comunión de los santos". "Cada día somos más conscientes de que estamos interconectado con las generaciones pasadas".
"También vivimos en nuestros muertos". Mercedes Nasarre ha recordado que venimos de un código genético y cultural, "y nuestras costumbres y gestos vienen de los abuelos y del pasado. Estamos llamados a renovar esa cultura, pero nuestros muertos nos conforman. Somos los seres que hemos amado", y ha agregado que "la ciencia hoy día es la religión. Las herramientas de la ciencia están preparadas para lo material, pero no para lo inefable. ¿Tú crees que podemos meter el espíritu en una probeta para analizarlo? La ciencia solo hace lo que puede medir, y bienvenida sea, poirque hay mucho chalado en los caminos espirituales. No podemos hablar sólo de lo que se puede medir, porque entonces vivimos en un mundo chato".
Ha defendido Javier Olivera que se impartan la filosofía, la psicología y el autoconocimiento. Ahí ha reivindicado Nasarre a San Agustín y su defensa de la introspección, el conocerte a ti mismo, "para conocer la realidad de ese otro lugar". La conversación fluía entre interpelaciones. El psiquiatra aseguraba que "hay una parte del cerebro humano que facilita esa experiencia", a lo que Nasarre replicaba que :"somos lo que hacemos. Si empiezas a dejar de utilizar los músculos, desapareces. Todo el tiempo hay un mecanismo de autorregulación. El amor es fruto de los neurotransmisores, dicen los materialistas, y es una barbaridad".
El obispo Satué estima que "estamos en un momento esperanzador" por la interconexión entre lo corporal y lo espiritual, "y cómo lo que comes tiene que ver con tu estado de ánimo y el ejercicio con lo espiritual. Lo científico es muy importante, no lo podemos dejar, pero nos tenemos que abrir a otro tipo de saber, sabiendo que cada uno tenemos nuestra forma de ser y nuestras creencias. Eso es lo que nos enriquece: afrontar las realidades humanas desde diferentes perspectivas. Nos ayudamos a conocer mejor la realidad humana".
Ha decidido Javier Olivera que había que hablar del libro. Temas como la culpa, la vejez, la violencia, el sexo, la esperanza están en "El sueño del psiquiatra". Y lo que supone la cultura, la sociedad, los trastornos mentales. Todo a través del ingreso del psiquiatra y su interrelación con compañeros y con ajenos. Mercedes Nasarre ha aludido a los trastornos de la alimentación, de personalidad, ansiedad y otros problemas. "Cada época tiene sus propias patologías. Grandes perturbados ya casi no hay en los hospitales por los psicofármacos. No soy pesimista. Cada época sacará de sí misma y de los jóvenes las soluciones a sus problemas, sabiendo que somos contradictorios, barro con rostro humano".
Alusiones al Papa Francisco, humilde y carismático, y a su rompedora posición sobre temas controvertidos. "Nos pasa igual en la psiquiatría, ¿qué tengo yo qué decir en determinados aspectos", decía Olivera. Y Nasarre ha defendido que los psiquiatras "nos mostremos en esa humanidad para que el otro vea que lo entendemos". Apostillaba Satué que "hay realidades que no se pueden solventar desde un confesionario o el acompañamiento espiritual. En eso también el Papa Francisco era divertido. ¿Que un novicio no se aclara? Que lo lleven al psicólogo y si no a su madre a que le dé dos bofetadas".
Ha referido el prelado su experiencia en los temas de abusos por encargo vaticano. "El acompañamiento espiritual es lo único que podemos ofrecer. Hay vínculos que el psiquiatra no podemos resolver". Mercedes Nasarre ha reconocido las necesidades materiales, pero también existen las espirituales porque hay alimentos que no pueden saciar determinadas necesidades.

"Casi todos los psiquiatras cuando empezamos tenemos esperanzas narcisistas: yo voy a poder ayudar a este. Pero cuando ves la realidad te das cuenta de que no es así. Lo que haces es reparar la intimidad, y hablamos de vínculos y fragilidad. Allí no hay narcisismo", ha añadido la autora. "Hay una tendencia en psicología de generar autosuficiencia. Y necesitamos a los demás para que nos cuiden, para amar y ser amados. Hay unos mantras de si quieres puedes, piensa más en ti mismo, sé positivo... Y son falsos". Ha recordado a Agustín de Hipona, argelino que había recibido una educación romana y griega, y sostenía que éstos "eran unos inocentes" al pensar que el conocimiento nos lleva a la verdad. "No es una cuestión de razonamiento o conocimiento, sino el resultado de una voluntad rota y dividida. Solamente la conexión con algo profundo que te dé luz puede actuar para que te orientes en una dirección correcta".
Javier Olivera ha rebatido la idea del narcisismo, "nos la corrige el suicidio, que nos coloca en la realidad. Existe porque nosotros no podemos controlar eso", y ha apelado a la frustración que representa.
Dos cuestiones que ha traído el psiquiatra-presentador y que están muy presentes en el libro, la vejez que Nasarre ha negado que sea "tierna" sino más bien dura por la consciencia de la merma y la dificultad del dolor, y la muerte cuya "angustia remite cuando eres consciente de la muerte. No morir sería no llegar nunca a la meta". En este sentido, José Antonio Satué ha asumido que haya quien esgrima que una vez fallecido, "se ha acabado la función. Pero creer en una vida buena después es algo razonable, aunque no demostrable. Soy un enamorado de Jesucristo convencido de que Él se fue a prepararnos sitios, y yo he experimentado que de la muerte sale una vida más plena. Es mi experiencia y y sigo confiando porque lo he hecho toda la vida.
Aquí se han cotejado dos expresiones sabias, la de Fiodor Dostoievsky ("Necesito a Dios, porque es el único Ser a quien siempre se puede amar") y la de Benedicto XVI: "Dios es el que me puede querer siempre". Al creer en Dios, "podemos dar ese salto de más".
Ha abundado Mercedes Nasarre en el papel del converso, "que tiene la experiencia profunda del amor de Dios sin esperarlo. Siempre es una apertura y una sensación de certera profunda". Nacer de Nuevo, como reza el Nuevo Testamento. "Cuando nacemos nos hacemos en el mundo. Tenemos una tendencia centrífuga apra hacernos una entidad. A mitad de vida, nos hacemos en sí, hacia dentro. Y finalmente estás en Dios y son palabras mayores". Parafraseando a Santa Teresa, "en la última morada del ser ahí estoy".