Mladen Jelicic “Troko”, el Papá Noel más famoso de Yugoslavia, y los niños durante el cerco de Sarajevo (1992-1995)

Un personaje heroico, benefactor de niños y ancianos, desactivador de minas antipersona y gran humanista

Jesús Inglada
Profesor de historia
27 de Diciembre de 2025
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Mladen Jelicic “Troko” con la expedición oscense en el Hotel Holiday de Sarajevo la mañana del 8 de julio de 2025.
Mladen Jelicic “Troko” con la expedición oscense en el Hotel Holiday de Sarajevo la mañana del 8 de julio de 2025.

En este año de 2025 los miembros del oscense Instituto Europeo para el Conocimiento del Holocausto y los Totalitarismos (IECHT) decidimos que en la XVI edición de nuestro proyecto educativo “Conocer el Holocausto” visitaríamos los Balcanes en razón de varias trágicas efemérides que se conmemoraban.

Así, este 2025 recordamos el 80 aniversario del final de la II Guerra Mundial y de la liberación de los campos nazis. Como el que en territorio de Croacia, erigió el régimen de los croatas “ustachas” de Ante Pavelic, colaboracionista de los nazis, el terrible campo de concentración de Jasenovac (1941-1945), donde varios centenares de miles de serbios y un buen número de judíos, eslovenos, gitanos, musulmanes bosnios y partisanos de Tito fueron exterminados de una forma especialmente cruel y salvaje.

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Más cercano en el tiempo, también conmemoramos el 30 aniversario del levantamiento del cerco de Sarajevo, el más largo de la historia moderna, en el que durante casi cuatro años (1992-1995), primeramente fuerzas del Ejército Popular de Yugoslavia, y luego las fuerzas de la autoproclamada República Srpska (República de los serbios de Bosnia), mantuvieron atrapadas a más de 350.000 personas, provocando la muerte, por el fuego de los francotiradores y los bombardeos de la artillería, de casi 12.000 personas –de ellas más de 1.000 eran niños– y heridas a más de 60.000, siendo la mayoría de muertos y heridos población civil.

Pero aún recordamos, este año a punto de fenecer, otra execrable matanza ocurrida hace exactamente treinta años, cuando en julio de 1995 las fuerzas serbobosnias al mando del general Ratko Mladic asesinaron fríamente a más de 8.000 bosnios musulmanes, masacre que el Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia (ICTY) calificó como Genocidio, el último genocidio europeo del siglo XX.

2. Troko con Carlos Pérez y Jesús Inglada (002)

Mladen Jelicic, con los profesores Carlos Pérez y Jesús Inglada Atarés, presidente y director general del IECHT

Resulta obvio decir que no aprendimos nada de estas limpiezas étnicas, masacres y genocidio, como podemos contemplar en nuestros días en Gaza y Ucrania, por no referirnos a esas otras guerras olvidadas donde la gente sufre y muere fuera del foco mediático.

Ese barril de pólvora de rivalidades étnicas…

En esta nueva aventura de conocimiento histórico y concienciación ética del IECHT  fuimos 42 los oscenses que nos emplazamos –del 2 al 12 de julio– para conocer los Balcanes, esa zona que para muchos analistas era “un barril de pólvora de rivalidades étnicas preparado para explotar si alguien encendía la mecha”.

Recorrimos Eslovenia, Croacia, Bosnia-Herzegovina y Serbia, deteniéndonos en los lugares donde se perpetraron, urdieron o se deshicieron de las víctimas de las inimaginables atrocidades: campos de concentración, cárceles, ciudades sitiadas, fosas comunes, cementerios, memoriales… Como siempre, no desaprovechamos la ocasión para conocer y disfrutar de todo el patrimonio histórico-artístico de las ciudades y poblaciones visitadas, así como de las bellezas paisajísticas.

Y, por supuesto, cumplimos con uno de los objetivos básicos e ineludibles de nuestro proyecto: contar con el testimonio de las víctimas y de los testigos de semejantes brutalidades. Incorporamos además el testimonio de especialistas en conflictos bélicos, Holocausto y totalitarismos, así como la opinión de autoridades –nos reunimos con los embajadores de España en Eslovenia y Bosnia-Herzegovina, así como con diputados y altos cargos de Serbia–, artistas, intelectuales y todo aquel ciudadano que pudiera informarnos del pasado y presente de estas complejas tierras balcánicas.

En esta ocasión, en la nómina de nuestros interlocutores estuvieron representadas todas las nacionalidades y etnias: eslovenos, croatas, serbios, bosnios musulmanes, bosnios croatas y bosnios judíos, y también los que todavía se consideran simplemente yugoslavos.

3. Troko con la jotera Ana María Calvo (002)
Mladen Jelicic “Troko” con la jotera oscense Ana María Calv en el Hotel Holiday de Sarajevo el 8 de julio

Han sido tan intensas las experiencias vividas que, sin apenas haberlo pretendido originariamente, nos hemos visto compelidos a escribir una especie de Cuaderno de los Balcanes, siguiendo un poco la estela del célebre y espléndido “Cuaderno de Sarajevo” que escribiera el gran escritor, periodista y humanista galardonado con el Premio Cervantes, Juan Goytisolo, tras su estancia en 1993 en el Sarajevo asediado.

Pero lo que nos ha espoleado más a escribir un resumen de nuestro viaje a los Balcanes ha sido, seguramente, la sucesión de noticias aparecidas en los medios acerca de la investigación abierta por la Fiscalía de Milán en el pasado mes de noviembre a propósito de unos potentados ciudadanos italianos que podrían haber pagado importantes sumas de dinero para viajar a la cercada capital bosnia y así poder disparar a personas indefensas como francotiradores de fin de semana. Como proverbial antítesis de esa recua de viles asesinos traemos hoy a la palestra –en la primera entrega de este Cuaderno de los Balcanes– a un hombre que consagró su vida a ayudar a los niños durante el criminal cerco de Sarajevo.

El artista total convertido en Papá Noel para alegría de los niños

Difícilmente nos encontraremos en la vida con alguien que nos conmueva tanto como Mladen Jelicic “Troko”. Nacido en Sarajevo en 1948, estudió Economía pero dejó los estudios cuando estaba en su último año. Le pudo más su pasión por el teatro, y pasó a formar parte del Teatro Académico Slobodan Pincip Seljo y del Teatro Nacional de Sarajevo. Trabajó en proyectos muy importantes y protagonizó numerosas obras en actuaciones de gran éxito por toda Yugoslavia. Fue el organizador responsable de los programas artísticos de los Juegos Olímpicos de Invierno de 1984.

En diciembre de 1983 protagonizó “Cuento de hadas olímpico” –una obra de Ljiljana Zurovac dirigida por Ademir Kenovic–, con la que se inauguró extraoficialmente el Salón Olímpico Zetra. Ha participado en centenares de programas de televisión. Solamente de gastronomía, grabó más de 600 programas para diferentes compañías de televisión. Para Dnevni Avaz –el diario nacional bosnio publicado en Sarajevo en inglés y bosnio– escribió numerosas reseñas de la oferta gastronómica de la ciudad.

En el período de 1986 a 1988 actuó en bastantes espectáculos para niños. De 1987 a 1989 fue el creador conceptual –junto con Sasa Bukvic– de un proyecto artístico en el que participaron artistas de toda Yugoslavia y que se tituló “Documentos Yugoslavos”, siendo considerado como el mayor evento artístico de 1987. Participó en más de trescientos programas de televisión. Convertido en un actor de leyenda de la capital bosnia, fue el Papá Noel más famoso de Yugoslavia, llegando incluso a grabar programas de esa guisa para los EE.UU.

Durante 54 o 55 años –incluso durante el asedio– todos los diciembres se disfrazaba de Papá Noel. “Pero luego empezó la persecución y el Papá Noel fue condenado, sacrificado y proscrito por aquellas personas que nunca habían visto la alegría en los ojos de los niños cuando el Papá Noel les traía regalos; lo siento mucho por los niños”, nos comentó en la reunión que tuvimos en el hotel Holiday la mañana del 6 de julio. 

El humanista sincrético y las bienaventuradas manzanas

Mladen Jelicic “Troko” se crio en una familia católica  pero se casó con una pintora musulmana. Y es que el humanismo que practica Troko trasciende los dogmas y credos de una u otra religión.

Cuando empezó la agresión contra Sarajevo, y los serbobosnios y serbios cercaron la ciudad a sangre y fuego, Troko se ofreció al mando del ejército bosnio para ayudar en la tarea que le fuese encomendada. El general bosnio que le atendió fue muy sincero: “Troko, tú no estás para danzar por las trincheras ni para atravesar el túnel –¡en aquellos momentos Troko pesaba la friolera de 135 kilos!–, tu verdadera misión está en divertir a los niños y evadir sus mentes de este infierno”. Y a eso se dedicó con una entrega desmedida, representando más de 960 funciones teatrales infantiles para los niños durante el asedio, en los escenarios más dispares: albergues, escuelas, casas de acogida, sótanos e incluso en exteriores protegidos por una pantalla de mantas que ocultaba a los niños de la visión de los francotiradores.

4. Foto con varios oscenses(002)

Mladen Jelicic “Troko” con varios oscenses en el Hotel Holiday de Sarajevo, la mañana del 8 de julio de 2025.

En dichas funciones Troko llevaba a los niños caramelos y todos los juguetes que encontraba de su hija y de sus amigas. Pero Troko aún fue más allá. Consciente de que los niños estaban desnutridos y con carencia de vitaminas por la deficiente alimentación –la fruta era inexistente– debido al cerco, Troko se las ingenió para paliar ese déficit.

Contactó con una amiga que tenía en Suiza –cuyo hermano trabajaba para una asociación de ayuda a Sarajevo–, y esta consiguió proveerle de varias toneladas de manzanas. Entonces Troko incluyó en sus espectáculos teatrales infantiles –en los que los niños interactuaban con él– un remate final apoteósico en el que los chavales recibían una manzana como premio. ¡Tan benéfica acción se cobró una víctima: comoquiera que la amiga de Suiza gastó en la compra de las manzanas una buena suma de su propio peculio, al enterarse de ello su pareja, la abandonó!

Troko, los ancianos y los niños huérfanos por la guerra

Su labor benéfica con los niños se extendía también a los ancianos, a los que ayudó de diversas maneras. Durante el asedio, Troko no cesaba tampoco de visitar los hospitales. Y es que, conforme pasaban los días, los alimentos escaseaban y Troko perdió mucho peso; “ya podía atravesar los túneles para desplazarme a diferentes puntos de la ciudad”.

Desde 1994 participó activamente en la labor de “SOS-Kinderdorf International” (conocida en España como Aldeas Infantiles SOS), una organización no gubernamental internacional que apoya a niños sin cuidado parental o en riesgo de perderlo, defendiendo su derecho a crecer en una familia y comunidad amorosa. Presente en más de 130 países, esta organización ofrece hogares alternativos y fortalece a familias vulnerables, brindando a esos niños educación y salud.

En Bosnia fueron muchos los niños que quedaron huérfanos y muchas las familias vulnerables, y Troko no dudó en emplearse a fondo en esta tarea humanitaria. Continuando con su anhelo de que se incluyera la fruta en la dieta infantil, Troko se encargaba de comprar fruta para estos niños huérfanos, especialmente variedades de fruta que nunca ellos habían comido: piña, kiwis, papaya… 

Trabajó en proyectos de resolución no violenta de conflictos y en el tratamiento del síndrome postraumático, poniendo en práctica la terapia del juego. Se involucró en muchos otros proyectos referidos a la educación de los niños. Desde 1997 trabaja activamente en su proyecto “Nuestros niños tienen la primera oportunidad de saber”. Desde 2001 participa en la labor de la organización “Seeds of peace” (semillas de paz) en EE.UU.

Troko reconvertido en desactivador de minas antipersona

El asedio de Sarajevo, además de originar una pérdida masiva de vidas –casi 12.000 muertos, de los cuales 1.600 fueron niños, y 60.000 heridos–, una crisis humanitaria severa, grandes traumas psicológicos y una profunda devastación de infraestructuras, sembró también todo el territorio de un peligro mortal oculto, las miles de minas antipersona.

Troko, como otras personas de bien –el propio Rusmir Hanic, el policía bosnio-musulmán gran amigo suyo, quien detuvo a los francotiradores apostados en el hotel Holiday Inn; o el profesor Davor Kolenda, el bosnio-croata que sufrió el asedio de Travnik durante la guerra bosnio-croata; con ambos nos entrevistamos en dicho hotel, donde nos hospedamos los oscenses, el mismo hotel donde estaban instalados todos los medios informativos mundiales durante el cerco de Sarajevo–, decidieron formarse como artificieros o técnicos en desactivación de explosivos para evitar más muertes de inocentes. Y se emplearon a fondo en esta encomiable y peligrosa tarea.

Como su amigo Rusmir, es también instructor de buceo y editó el primer proyecto audiovisual sobre buceo de Bosnia-Herzegovina. Troko nos confesó que quería mucho a España, especialmente a Cataluña, y que la única ciudad en la que podría vivir fuera de Sarajevo sería Barcelona. No hay que olvidar que Barcelona apoyó la reconstrucción de Sarajevo tras la guerra de los Balcanes mediante la creación simbólica en 1995 del "Distrito 11", bajo la alcaldía de Pasqual Maragall.

Le gusta todo lo español: la paella, el jamón de pata negra, el cava, Antonio Gaudí, Picasso, Miró, Judit Mascó, a la que conoció en alguna de sus campañas humanitarias… Es columnista del quincenal “Start” –medio en el que ha escrito muchas colaboraciones sobre gastronomía– y también del periódico “Oslobođenje”.

Aunque está oficialmente jubilado sigue apareciendo en programas de televisión, en presentación de libros y en otros actos culturales. Y es que para Troko, “el hombre, la especie humana, siempre ha tenido necesidad de cultura, creó la música, pintó en las cuevas… La vida, incluso en las comunidades más primitivas, carece de sentido sin el arte”.

El trago más amargo de su vida

Troko siguió contándonos diferentes hechos ocurridos durante el asedio. Reservó para el final el acontecimiento más dramático de su vida: “Mi hija era una pintora excepcional, famosa por sus trabajos sobre seda. Era muy divertida y muy activa, siempre estaba alegre, cantando… Era, y sigue siendo, la obra más brillante de mi vida, pero la diabetes me la quitó en 2014, tenía tan solo 35 años. Pero ella sigue estando, para mí, viva y presente. Yo creo que todos los seres tienen alma y todos los seres queridos nos reuniremos en algún lugar. El cuerpo muere, pero el alma es eterna y siempre regresa, es lo mismo que el amor. Por eso es más importante amar que odiar. Solo la gente que ama puede recibir la mayor recompensa…”.

Pronunció estas últimas palabras de su disertación imbuido de una serena tristeza y, a la vez, de una honda ternura que nos conmovió profundamente a todos. Pero el gran actor, el genial payaso, el mejor Papá Noel, extraordinario humanista no quiso que la emoción derivara en lágrimas, y quiso despedirse de nosotros con alegría, fotografiándose con cada uno de los 42 oscenses y premiándonos, como lo hacía con sus niños durante el cerco de Sarajevo, con la entrega a cada uno de nosotros de una manzana; manzanas que él mismo había comprado y traído personalmente al hotel, ese hotel desde el que los francotiradores abatieron a las dos primeras víctimas del asedio de Sarajevo.

Las manzanas se erigen en todo un símbolo de la fe y esperanza de Troko en el poder transformador del conocimiento y la sabiduría, del amor y la entrega generosa a los demás, de cara a la construcción de un mundo más justo y solidario. ¡Las manzanas que tiernamente nos entregó a cada uno de los oscenses nuestro amigo Troko, no pudimos comérnoslas porque fueron directas al corazón!

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