La tecnología desplegada por la Universidad de Zaragoza para detectar posibles intentos de copia mediante dispositivos electrónicos en la Prueba de Acceso a la Universidad (PAU) no ha registrado ningún caso de fraude durante las jornadas celebradas hasta el momento. Así lo explicó este jueves en el Campus de Huesca el vicerrector de Estudiantes y Empleo, Miguel Ángel Barberán, acompañado por la vicerrectora del campus oscense, Marta Liesa, y el profesor titular de Electrónica David Asiáin, durante una comparecencia en la que también se detalló el funcionamiento de los sistemas empleados para vigilar posibles comunicaciones ocultas en las aulas.
Barberán calificó como una "gran noticia" la ausencia de incidencias académicas relevantes y destacó que tampoco se ha detectado ningún caso de copia mediante procedimientos tradicionales. "No se ha pillado a nadie con una chuleta, no se ha pillado a nadie intentando entrar con apuntes ni se ha levantado ningún acta por técnicas fraudulentas", resumió.
La Universidad ha realizado durante los exámenes un seguimiento aleatorio en distintas sedes de Zaragoza, Huesca y Teruel mediante una metodología diseñada por el profesor titular de Electrónica David Asiáin, investigador especializado en sistemas wearables. El objetivo era comprobar si algún estudiante utilizaba canales de comunicación inalámbrica para recibir información desde el exterior.
El procedimiento comienza con la verificación de todas las redes WiFi presentes en el entorno para comprobar que únicamente funcionan los puntos de acceso autorizados. Posteriormente se realiza un rastreo de dispositivos Bluetooth capaces de emitir señales, identificando incluso el fabricante y el modelo del aparato detectado. La inspección se completa mediante una antena de amplio espectro que permite localizar cualquier emisión electromagnética fuera de los canales convencionales de comunicación.
Asiáin explicó que el sistema es capaz de detectar teléfonos móviles, auriculares inalámbricos, calculadoras modificadas, pinganillos, relojes inteligentes, gafas electrónicas e incluso pequeños dispositivos ocultos utilizados para transmitir información. Cuando surge alguna sospecha, el protocolo incorpora equipos de laboratorio que permiten verificar si un aparato está emitiendo señales.
También se produjeron algunas anécdotas. En uno de los controles, una señal persistente terminó conduciendo hasta uno de los vigilantes de examen, que había olvidado activar el modo avión en su teléfono móvil. En otro caso, el sistema localizó una mochila desde la que se emitía una señal continua. Tras revisar su contenido, los responsables comprobaron que el estudiante había dejado activada la función de compartir conexión WiFi de su teléfono.
El investigador relató también cómo durante los rastreos se localizaron dispositivos ajenos a los exámenes, como proyectores o televisores conectados mediante Bluetooth. "A veces persigues una señal y acabas encontrando un proyector Epson o una televisión situada en otra dependencia", explicó gráficamente.
Según detalló Barberán, la Universidad decidió implantar estos controles ante la rápida evolución de las herramientas tecnológicas disponibles en el mercado. El vicerrector señaló que las formas de copiar no han cambiado sustancialmente, pero sí los medios empleados para hacerlo, cada vez más pequeños, discretos y accesibles económicamente.
Tanto Barberán como Asiain coincidieron en que la función principal del sistema ha sido preventiva. La Universidad llevaba semanas anunciando que utilizaría estas herramientas durante la PAU y considera que este mensaje ha contribuido a disuadir posibles intentos de fraude.
Más allá de la vigilancia tecnológica, el responsable universitario llamó la atención sobre la presión emocional que soportan muchos estudiantes durante estas pruebas. De hecho, las incidencias más destacadas registradas hasta ahora han estado relacionadas con problemas de salud derivados de la tensión acumulada. Una estudiante sufrió un desvanecimiento durante un examen en Zaragoza y otra tuvo que ser atendida en Calamocha tras una bajada de glucosa.
La organización estudia ahora la posibilidad de trasladar esta metodología a otros exámenes universitarios. Barberán consideró que estas herramientas pueden convertirse en un apoyo para garantizar la igualdad de oportunidades y proteger a quienes afrontan las pruebas de forma honesta.