El rapero manchego Nico Miseria ha convocado convocó ayer en la ermita del Viñedo de Loporzano a un público joven poco habitual en el Festival Sonidos en la Naturaleza. Su versatilidad conquistaba tanto a sus seguidores como al público más habitual del certamen, que seguramente no lo conocía. El rap cerró un intenso fin de semana del SoNna Huesca que habían abierto el viernes Los Hermanos Cubero en Allué (Sabiñánigo) con su folk contemporáneo.
Nico Miseria es un artista que comparte la velada con el público, lo integra y lo hace parte del show. El manchego es un tipo muy cercano, sencillo y agradecido, que entiende la música como un sentimiento, más que como una disciplina. Acompañado de su alter ego Allan Parrish (voz y electrónica) y de la arpista Alba Calva, Nico no paró un instante. Se recorrió de arriba abajo la ermita del Viñedo y cantó más entre el público que desde el escenario. El pie de micro, si es que estaba, no lo usó.
Dos figuras de escayola de inspiración romana presidían un estrado sacado de la época de Quinto Sertorio, que Nico Miseria abandonaba en cuanto podía. Al rapero le gusta estar al mismo nivel que el público, fundirse con él y hablarle casi al oído. Y eso el público lo nota y lo devuelve con creces y agradecimiento. Al margen de muchos incondicionales que conocían las letras y cantaron con él, los presentes se dedicaron a escuchar, a intentar no perder un ripio del discurso rebelde del manchego, al que desde el primer momento vieron como alguien con cosas que decir.
Nico Miseria ofreció varias pinceladas de su último disco, El corazón manda, como La llave es el tiempo, El corazón manda o Todo lo que puedas pagar con dinero es barato, pero lo alternó con temas de trabajos recientes. De El periplo del héroe (2023) rescató Ahora no me lloren y de Yo no soy yo (2024), Nada es para siempre, además de ofrecer un tema inédito, El pueblo duerme, que conquistó al público en una suerte de éxtasis final.
El rapero manchego tuvo palabras para Alerre, donde dormía, y para los pueblos del abadiado de Montearagón, además de repetir como un mantra un “gracias, Huesca”. Nico es un tipo agradecido y lo demostró. Para buena parte del aforo, fue un concierto de reconciliación con el rap, un estilo al que apenas se habían acercado y del que ayer pudieron captar toda su energía. Se les notaba en las caras.
El aforo se cubrió por completo, igual que el resto del fin de semana, que saldó sus tres citas de pequeño formato con más público del inicialmente previsto. El espacio daba de sí, y los servicios que aportaba el Punto de Información Turística El Viñedo, con Vanessa al frente de su food track sin ruedas, convirtieron la tarde en una fiesta de verano.

Una sensación muy parecida a la que se había vivido todo el fin de semana. El Festival Sonidos en la Naturaleza, que organiza la Diputación Provincial de Huesca, había girado por el Alto Gállego el viernes y el sábado, visitando la iglesia de San Juan Bautista de Allué (Sabiñánigo) con los geniales Hermanos Cubero, y la iglesia de la Ascensión de Aquilué (Caldearenas) con la fusión de dos estilos, los del aragonés Idoipe y la catalana María Rodés.
El VII Sonna Huesca cerrará el próximo viernes su paso por la comarca de La Hoya de Huesca, tras el concierto inaugural en el CDAN y la visita a la ermita del Viñedo de Castilsabás, en Loporzano, con el concierto que ofrecerá el trío madrileño Gilipojazz en la Bodega Edra de Ayerbe. Tras la visita a la bodega prevista a las 18.30 para aquellos que tengan reserva, el concierto dará inicio a las 20.30 horas.