Los niños de la Biblioteca Ramón J. Sender emocionan a los mayores de Casa Aísa con un cuento hecho desde el corazón

"Doña Juana la rana", escrito por Cristina Bergua e ilustrado y narrado por 16 usuarios de la biblioteca, les ha llenado de sonrisas y ahora recorrerá otros centros de Huesca

24 de Julio de 2026
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Niñas y niños cuentan cuentos a los más mayores

Durante unos minutos, una rana enamorada ha conseguido que el salón de Casa Aísa volviera a llenarse de la misma atención con la que se escucha un cuento por primera vez. En la pantalla han ido apareciendo dibujos de colores, castillos, nenúfares, caballos y guitarras mientras las voces de 16 niños de la Biblioteca Municipal Ramón J. Sender daban vida a "Doña Juana la rana". Cuando la proyección ha terminado, las sonrisas han dado paso a la conversación. Algunos recordaban el cuento que ellos conocían desde pequeños; otros evocaban a los nietos a quienes un día también contaron historias. Sin proponérselo, aquella sencilla narración había abierto la puerta a muchos años de memoria.

La presentación ha servido para celebrar el Día de los Abuelos, que se conmemora cada 26 de julio, con un homenaje diferente. Antes de proyectar el vídeo, Cristina Bergua, bibliotecaria de la sección infantil de la Biblioteca Municipal Ramón J. Sender, ha explicado cómo nació esta narración que comenzó con un cambio inesperado de planes. La primera intención era adaptar un cuento publicado, pero al no obtener los permisos necesarios decidió recuperar un relato que había escrito años atrás y que permanecía guardado entre sus textos. 

Bergua ha contado a los asistentes la misma historia que semanas antes desveló a los pequeños en la biblioteca. La protagonista era una rana llamada Doña Juana, enamorada de un príncipe al que decide declarar su amor. Contra lo que dictan los cuentos tradicionales, la rana nunca deja de ser rana. Es el príncipe quien termina enamorándose de ella y ambos abandonan el palacio para formar un grupo de música con el que recorren pueblos y plazas cantando y tocando la guitarra. La bibliotecaria ha explicado que el desenlace sorprendió a los propios niños, acostumbrados a que la protagonista acabara convertida en princesa. Sin embargo, fueron ellos mismos quienes defendieron mantener aquel final porque les parecía mucho más original.

Cuentacuentos de las niñas y niños de la Biblioteca Ramón J. Sender en Casa Aísa. Foto Myriam Martínez
Homenaje de la Biblioteca Ramón J. Sender a los mayores en Casa Aísa. Foto Myriam Martínez

El relato fue solo el comienzo. Después llegó un trabajo que se prolongó durante varias semanas y en el que cada participante dejó su huella. Los pequeños decidieron cómo debía ser la protagonista, dibujaron el castillo y llenaron de personajes cada escena. Uno de ellos pasó toda una tarde intentando conseguir el dibujo perfecto del príncipe; otro quiso encargarse únicamente de las patas del caballo, que terminó convirtiéndose en una creación entre dos compañeros. Una niña enseñó al resto cómo hacer nenúfares para llenar el estanque donde comenzaba la historia y, poco a poco, fueron apareciendo guitarras, ventanas, jardines y habitaciones decoradas con todo tipo de detalles.

Cada ilustración se fotografió con un teléfono móvil y, una vez ordenadas todas las escenas, comenzó el montaje audiovisual. Las voces de los propios niños se incorporaron a las imágenes con la colaboración de la técnica de la biblioteca, hasta dar forma a un cuento animado construido íntegramente con su imaginación. Bergua ha reconocido que el proceso creativo resultó sumamente gratificante y ha destacado que mantener a los pequeños concentrados durante varias tardes pensando cómo representar cada párrafo fue una de las experiencias más enriquecedoras del proyecto.

El vídeo arranca con un mensaje dirigido a las personas mayores. En él, los niños les agradecen los cuentos, las historias y las enseñanzas que les han transmitido a lo largo de los años y les dedican este trabajo como muestra de afecto. 

Cuando la pantalla se ha apagado, los comentarios han comenzado a surgir de forma espontánea. Nori admitía que siempre había conocido otra versión del cuento de la rana y el príncipe, aquella en la que un beso transformaba a la protagonista en princesa. Esta nueva historia, sin embargo, también le había conquistado. "Las dos están bien", comentaba entre risas, al tiempo que Avelina destacaba el trabajo realizado por los pequeños y el cuidado con el que habían preparado cada dibujo.

Nori añadía que este tipo de encuentros tienen un valor especial porque animan incluso a las personas más reservadas a participar. Aseguraba que iniciativas como esta "valen mucho" porque ayudan a salir de la rutina y convierten una mañana cualquiera en un momento diferente.

Paquita, por su parte, definía la experiencia como "muy bonita". Le había llamado especialmente la atención la historia de aquella rana enamorada del príncipe y lamentaba únicamente no haber podido escuchar con más claridad todas las voces desde las últimas filas de la sala.

Cuentacuentos de las niñas y niños de la Biblioteca Ramón J. Sender en Casa Aísa. Foto Myriam Martínez
El vídeo de la Biblioteca Ramón J. Sender en Casa Aísa recorrerá ahora otros centros. Foto Myriam Martínez

La conversación ha terminado alejándose poco a poco de la actividad desarrollada para adentrarse en la vida de las propias residentes. Avelina evocaba una infancia marcada por las dificultades de la posguerra, cuando en una casa con ocho hermanos apenas había espacio para los cuentos porque la prioridad era conseguir comida.

Nori, que ha cumplido 90 años, ya cuidaba con 10 a sus primas, y Paquita perdió a su padre con solo cuatro primaveras y pasó gran parte de su niñez interna en un colegio de monjas, desde los 10 a los 18, y allí aprendió a coser, bordar y planchar antes de empezar a trabajar. A pesar de trayectorias muy distintas, las tres coincidían en una misma imagen: con el paso del tiempo fueron ellas quienes acabaron contando historias a hijos y nietos, devolviendo a los más pequeños la ilusión que ahora habían recibido de nuevo.

Mientras continuaban las conversaciones sobre la infancia, la vida y los cuentos, el personal de Casa Aísa ha servido un té acompañado de pastas. En unos días, ese mismo vídeo emprenderá un nuevo viaje por las residencias y centros de día de Huesca para seguir despertando sonrisas allí donde vuelva a escucharse la voz de Doña Juana la rana.

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