Paca Blanco: “Me he jugado hasta la vida y sigo peleando”

La activista presenta en Huesca su libro, “Paca Blanco, la brava”, donde relata el coste personal de décadas de compromiso social y ecologista

01 de Mayo de 2026
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Paca Blanco, en la Asociación de Vecinos del Barrio de Santiago. Foto Myriam Martínez
Paca Blanco, en la Asociación de Vecinos del Barrio de Santiago. Foto Myriam Martínez

Paca Blanco define su trayectoria no como una vida convencional, sino como una resistencia constante frente a las violencias sistémicas, afirmando con rotundidad que ante la pérdida de derechos, “para atrás ni para coger impulso”.

Tras su paso por el Patronato de Protección a la Mujer —al que describió como “cárceles de adolescentes sin juicio”— y tras sufrir violencia machista, su historia derivó en un compromiso sostenido con el ecologismo y la defensa de la vivienda. Una trayectoria que, según señaló, fue también “una historia colectiva” marcada por la lucha y por una implicación que le llevó a “jugárselo todo”. “No se puede luchar sola, hay que luchar organizada”, afirmó, defendiendo el activismo como un espacio desde el que reconstruirse y encontrar “una familia desinteresada y generosa”.

Paca Blanco presentó este jueves en la Asociación de Vecinos del barrio Santiago de Huesca su autobiografía, Paca Blanco, la brava, un relato atravesado por la represión, la violencia estructural y décadas de activismo. Lejos de una vida convencional, reivindicó su trayectoria como una forma de resistencia y advirtió que ante la pérdida de derechos, “para atrás ni para coger impulso”.

Paca Blanco y Marina Gros, en la Asociación de Vecinos del Barrio de Santiago. Foto Myriam Martínez
Paca Blanco y Marina Gros, en la Asociación de Vecinos del Barrio de Santiago. Foto Myriam Martínez

En esa misma línea, Marina Gros, vinculada a Ecologistas en Acción, enmarcó la trayectoria de Blanco en los procesos sociales de las últimas décadas, destacando su presencia en escenarios de reivindicación desde el final del franquismo, la transición y el inicio de la democracia. “Ha estado ahí luchando y reivindicando, y también viviendo las violencias de este sistema”, señaló, subrayando que se trata de una historia atravesada por la violencia política y los conflictos estructurales.

Gros subrayó además que, junto a los episodios más duros, su trayectoria está marcada por avances y conquistas que forman parte de las luchas colectivas en las que ha participado.

El testimonio de Paca Blanco se remontó a una infancia marcada por la represión franquista. Hija de un maestro represaliado —condenado a muerte y posteriormente indultado—, creció en un entorno de precariedad y control social. La muerte temprana de su padre y un desahucio durante su niñez consolidaron una situación de inestabilidad.

“Siempre oyendo: ‘no hables así, no pienses así’”, recordó, al evocar un ambiente que reforzó una conciencia crítica temprana.

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La adolescencia de Paca estuvo marcada por las huelgas, manifestaciones y rock and roll. Foto Myriam Martínez

Durante la adolescencia, esa inquietud se tradujo en una implicación directa en la calle. “Huelgas, manifestaciones y rock and roll fue mi adolescencia entera”, explicó, antes de referirse a su paso por el Patronato de Protección a la Mujer, una experiencia que describió con dureza: “Eran cárceles de adolescentes sin haber cometido ningún delito, sin un juicio, sin nada”.

Para abandonar esa institución dio paso a un nuevo episodio de violencia. “Quería salir de aquel infierno y me metí en otro”, señaló. Y es que se casó y sufrió el maltrato de su esposo. “Con 21 años, en vez de estar en la universidad, tenía tres hijas y una paliza de vez en cuando”, añadió.

A partir de entonces, su vida se articuló como un proceso de ruptura y reconstrucción. “Me voy fugando de todo en la vida, solo que esta vez me fugo con muchos niños de la mano”, comentó.

Ese tránsito desembocó en su incorporación a distintos espacios de participación social. “Empezaba a meterme en charcos donde luchar por mis ideas”, narró, y ese fue el origen de un compromiso que acabaría proyectándose en el ámbito del ecologismo.

Paca Blanco, en la Asociación de Vecinos del Barrio de Santiago. Foto Myriam Martínez
Paca Blanco centra buena parte de su activismo en la defensa de la vivienda. Foto Myriam Martínez

Algunas de las agresiones más graves que sufrió estuvieron vinculadas a su activismo ecologista. Durante seis años, relató, vivió una situación de acoso en un municipio de Extremadura, donde llegaron a lanzar cócteles molotov en el interior de su vivienda. “Me he jugado hasta la vida”, afirmó, recordando también ataques como la quema de su vehículo en el contexto de la lucha antinuclear, sin que ello frenara su implicación.

Su testimonio forma parte del documental El poder y la vida, centrado en activistas que han sufrido agresiones por su labor.

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En el tramo final, Paca Blanco lanzó un mensaje dirigido especialmente a las mujeres: “No nos dejemos arrebatar los derechos que hemos conseguido. Nos va a tocar defenderlos”. A su juicio, el contexto exigía una respuesta activa basada en la organización colectiva. “No se puede luchar sola, hay que luchar organizada”, insistió, reivindicando la necesidad de seguir “dando la cara” y sostener la lucha “jugándose el tipo, siempre”.

En la actualidad, su activismo continúa vinculado a la defensa del derecho a la vivienda, en un contexto en el que ella misma afronta un proceso de desahucio. Una situación que, según se puso de relieve durante la presentación, evidencia la persistencia de las dinámicas de vulnerabilidad que han atravesado su vida.

Paca Blanco, en la Asociación de Vecinos del Barrio de Santiago. Foto Myriam Martínez
Paca Blanco presentó su libro "Paca la brava". Foto Myriam Martínez

Durante la presentación Marina Gros también se destacó una dimensión menos visible de esa trayectoria: su vulnerabilidad. Según  señaló, Blanco ha atravesado momentos de desgaste en los que ha necesitado “lamerse las heridas”, sin que ello haya supuesto abandonar la lucha, sino una forma de recomponerse para continuar.

Para Marina Gros, la figura de Paca Blanco trasciende el relato biográfico y se convierte en un referente vital y político. La presentó como una mujer cuya energía “mueve montañas” y cuya forma de entender el activismo —basada en la implicación constante y el apoyo mutuo— actúa como impulso para otras personas. Según explicó, en momentos de desgaste o incertidumbre, suele preguntarse “qué haría Paca”, porque, como comprobó durante su estancia en Huesca, incluso en las primeras horas del día “está llamando a sus compañeras para seguir movilizando”.

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