Paco Paricio convierte la vida en 77 greguerías de humor y poesía

El creador de Los Titiriteros de Binéfar presenta en la librería Anónima de Huesca un volumen ilustrado que propone una mirada insólita sobre lo cotidiano

16 de Octubre de 2026
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Paco Paricio, presentando 77 Gregerías o chilindrinas coloreadas. Foto Carlos Neofato
Paco Paricio, presentando 77 Gregerías o chilindrinas coloreadas. Foto Carlos Neofato

Paco Paricio ha presentado este viernes en la Librería Anónima de Huesca 77 greguerías o chilindrinas coloreadas, un libro que recoge años de observación, anotaciones y dibujos surgidos durante sus viajes y en la tranquilidad de la Casa de los Títeres de Abizanda. Publicada por Los Titiriteros de Binéfar, la obra reúne 77 ocurrencias en las que el humor se alía con la poesía para descubrir en lo cotidiano una perspectiva insólita.

Paricio lleva al menos cinco o seis años reuniendo estas piezas, aunque algunas ideas se remontan más atrás. No las buscaba de manera deliberada, sino que aparecían cuando estaba dispuesto a mirar y escuchar. "Surgen no cuando las buscas, sino cuando las preparas", ha explicado. En sus viajes lleva siempre papel y lápiz, mientras que en la Casa de los Títeres encuentra otro de los escenarios propicios para esa mirada atenta hacia la naturaleza, el paisaje urbano y el paisanaje.

El origen del libro está en una tradición literaria que tiene en Ramón Gómez de la Serna a su gran referente. La greguería, ese cruce de metáfora y humor capaz de modificar durante un instante la perspectiva sobre lo cotidiano, encuentra además una resonancia aragonesa en Tomás Seral, autor de las primeras décadas del siglo XX que empleó el término chilindrinas para designar sus propios juegos literarios. De ahí procede el segundo nombre del libro de Paricio.

Presentación del libro 77 Gregerías o chilindrinas coloreadas de Paco Paricio. Foto Carlos Neofato
Paco Paricio y Pilar Amorós. Foto Carlos Neofato

Pero el autor no pretende reproducir aquella tradición, sino hacerla suya. Si Gómez de la Serna partía fundamentalmente de los objetos, Paricio asegura que él lo hace desde un análisis profundo de la vida. "La gracia está en que quede muy concentrado: humor, reflexión, una metáfora bonita y un punto de vista inusual", ha señalado.

La aparente sencillez de estas piezas encierra, precisamente, buena parte de su complejidad. Paricio habla de una "difícil simplicidad" para definir un proceso creativo que puede desembocar en una lectura de apenas unos minutos después de años de observación y trabajo. 

Las greguerías tampoco nacen de la ironía hiriente. El autor ha querido construirlas desde un humor luminoso, alejado de la burla y el sarcasmo. Algunas proceden de escenas concretas que quedaron suspendidas en su memoria. En una ocasión, durante una estancia en Segovia, un perro comenzó a ladrar mientras un músico tocaba el saxofón. La escena terminó transformándose en una de esas asociaciones inesperadas que caracterizan el libro: el animal parecía querer ayudar al músico callejero.

A esa escritura se suma el dibujo, realizado también por Paricio con una deliberada sencillez. Primero aparece la idea y después llegan los bocetos, muchos de ellos trazados durante los propios viajes, que posteriormente colorea con lápices. El resultado no busca ilustrar de manera convencional aquello que dicen las palabras, sino prolongar su juego mediante otra mirada.

Presentación del libro 77 Gregerías o chilindrinas coloreadas de Paco Paricio. Foto Carlos Neofato
Presentación del libro 77 Gregerías o chilindrinas coloreadas en la Anónima. Foto Carlos Neofato

El libro se organiza además en pequeños apartados temáticos vinculados con la cultura, el arte y otras cuestiones, una decisión tomada junto al diseñador Víctor Gomollón. Paricio ha recordado algunas de las situaciones que están detrás de sus textos, como una tarde dibujando con la hija de Alondra Bentley en Abizanda o la observación de un cuadro que llevó a su nieta a establecer una relación con una de las greguerías del volumen.

La publicación contiene también una pieza que no pertenece a Paricio. Se trata de una greguería de Gloria Fuertes, autora de Glorierías y amiga de Gómez de la Serna, que Paricio encontró en una librería de viejo. Su lectura le produjo una impresión tan profunda que decidió convertirla en la dedicatoria del libro: "La patria no es una bandera ni una pistola. La patria es un niño que nos mira".

Paricio ha explicado que la manera en que los más pequeños observan a los mayores convierte cada gesto cotidiano en una forma de legado. Desde esa perspectiva, una caricia, un chiste, un dibujo o la capacidad de detenerse ante la naturaleza también pueden formar parte de la patria que se entrega a las nuevas generaciones.

Aunque el volumen no está concebido como un libro infantil, algunas de sus piezas pueden dirigirse a jóvenes y adolescentes. Su propósito es otro: crear un objeto literario y artístico destinado a adultos y a lectores capaces de disfrutar de ese territorio fronterizo donde el humor se encuentra con la poesía. Por eso, el libro incorpora al final unas páginas en blanco para quienes quieran continuar el juego, escribir sus propias greguerías o dibujarlas.

La presentación de Huesca ha permitido acercarse a ese universo de palabras e imágenes de la mano de su propio creador. Paco Paricio, acompañado por su compañera, Pilar Amorós, ha leído algunas de las greguerías del volumen, ha mostrado sus dibujos y ha incorporado textos de Gómez de la Serna, además de juegos improvisados relacionados con este género. Una manera de reivindicar también la vigencia de un escritor al que considera especialmente oportuno recuperar, más aún ante el centenario de la Generación del 27, que se conmemorará el próximo año.

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La nueva publicación supone, además, una incursión diferente dentro de la trayectoria artística de Paricio. Su trabajo al frente de Los Titiriteros de Binéfar está estrechamente ligado al teatro y a los espectadores más jóvenes, pero este libro abre otra habitación dentro de ese mismo universo creativo. "En esta época de mi vida, esta publicación completa mi trabajo artístico", ha afirmado. Y define esta nueva faceta como un trabajo "dirigido a adultos e iguales", construido desde "el juego, la sensibilidad y la inteligencia".

Así, las 77 piezas reunidas en el volumen funcionan como pequeñas trampillas en la realidad: basta levantar una para encontrar detrás una imagen, una sonrisa, una pregunta o una forma distinta de mirar. Paricio convierte lo cotidiano en materia poética sin dejar que el humor pierda su ligereza, y devuelve al lector algo que quizá estaba allí desde el principio: la posibilidad de mirar de nuevo.