Los cuentos infantiles pueden estrechar vínculos, despertar la empatía y ayudar a comprender realidades que a veces resultan difíciles de explicar. Paco Roca, uno de los grandes nombres de la ilustración y el cómic español, encuentra en estos libros una oportunidad para acercar a los niños a otras experiencias y favorecer su comprensión del mundo. "Me gusta hacer este tipo de trabajos de libros infantiles para pensar que van a crear un vínculo entre padres e hijos", ha explicado durante la presentación de "¡Qué susto! Un beso peludo", una obra que aborda el Trastorno por déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) desde la experiencia de una niña y los cambios que afronta su familia.
El álbum, escrito por Lorena Jiménez e ilustrado por Roca, se ha presentado este martes en la librería El Iglú de Huesca, de Carlos Izuel, en un encuentro en el que también han participado Daniel Viñuales, responsable del sello con el que ha visto la luz el cuento, GP Ediciones, y McDiego, amigo y compañero del dibujante desde hace cuatro décadas.
La protagonista es Suri, una niña con TDAH cuya vida cambia con la llegada de un nuevo miembro a la familia. La publicación cuenta con un prólogo del psicólogo Jorge Peña Ferrando y dos guías didácticas elaboradas por Jiménez, destinadas a familias y profesionales, que permiten prolongar la lectura en casa y en el aula. Viñuales ha destacado la utilidad de estos recursos para los docentes que necesitan herramientas con las que abordar situaciones relacionadas con el trastorno.
Paco Roca (Valencia, 1969) es uno de los grandes referentes de la novela gráfica española. Su obra Arrugas, una reflexión sobre la vejez, obtuvo en 2008 el Premio Nacional del Cómic, además de otros reconocimientos nacionales e internacionales, y fue adaptada al cine. Entre sus títulos más destacados figuran El invierno del dibujante, sobre los autores de la escuela Bruguera; Los surcos del azar, que recupera la historia de los españoles de La Nueve durante la Segunda Guerra Mundial, y La casa, una obra de carácter íntimo y costumbrista que recibió en 2020 el Premio Eisner, considerado uno de los galardones más prestigiosos del cómic internacional.
Formado en Artes y Oficios en Valencia, Roca comenzó su trayectoria profesional en 1994 y ha desarrollado una carrera en la que en sus inicios incluyó la ilustración publicitaria. Su trabajo, publicado también en otros países europeos, transita entre la memoria histórica, las relaciones familiares y la observación de la vida cotidiana. Además de sus novelas gráficas, ha cultivado el humor autobiográfico en Memorias de un hombre en pijama, nacido como tira dominical para el diario Las Provincias.

PACO ROCA Y EL PERRO
El proyecto ha obligado a Paco Roca a salir de uno de los terrenos que mejor conoce: el de los gestos humanos. Acostumbrado a observar a las personas en sus conversaciones y movimientos cotidianos, el ilustrador, según ha explicado, ha encontrado en el perro que acompaña a Suri la mayor dificultad del trabajo. "Cuando Lorena me contó la historia y vi que el coprotagonista era un perro, fue como: ¿De verdad no puede ser otro animal, un pez, una tortuga, algo?", ha bromeado.
La falta de experiencia con mascotas le impedía recurrir a la familiaridad que tiene con los niños, a quienes observa a diario en su propia casa. Para resolverlo, tuvo que estudiar la anatomía y los movimientos del animal, probar diferentes posturas y decidir hasta dónde podía exagerar sus rasgos para dotarlo de expresividad. "En este caso, no podía tirar de fotografías porque el estilo es muy diferente, mucho más infantil, más caricaturesco. Tienes que 'desmontar' al perro y comprenderlo", ha explicado.
El proceso exigió realizar bocetos y ensayar cómo se movían las patas, además de buscar una representación que funcionara dentro del lenguaje gráfico del álbum.
Esa capacidad de observación constituye una de las claves de su trabajo. El dibujante ha explicado que suele inspirarse en gente de su entorno para diseñar personajes, especialmente en sus historias de carácter costumbrista. Tener presente a una persona real le ayuda a definir su vestimenta, sus movimientos y los rasgos que la distinguen de las demás.

SUS HIJAS, EN EL UNIVERSO DE SURI
La experiencia familiar también ha dejado una huella directa en el álbum. Roca dibuja habitualmente en casa, con sus dos hijas cerca, pendientes de lo que hace y dispuestas a opinar sobre sus ilustraciones. La pequeña, de una edad similar a la protagonista, ha llegado a reconocer a una compañera de clase entre los personajes.
La identificación no termina ahí. Algunos elementos de la vida doméstica han pasado a las páginas del libro: peluches, disfraces, detalles de la habitación y otros objetos que forman parte del entorno de las niñas. "Estoy dibujando y se acercan, ven lo que estoy haciendo, opinan", ha detallado.
La reacción de sus hijas confirma también que la lectura puede funcionar de manera distinta según el lector. La pequeña muestra especial interés por el álbum y, cuando llegan los ejemplares a casa, es la primera que quiere abrirlos y leerlos.
Esa familiaridad enlaza con la dimensión educativa de "¡Qué susto! Un beso peludo". El ilustrador considera que la historia puede ser útil no solo para los niños con TDAH y sus familias, sino también para sus compañeros, que encuentran una vía para comprender comportamientos que quizá antes no entendían y transforma así una realidad cotidiana en una oportunidad para desarrollar la empatía desde la infancia.

UNA COLABORACIÓN NACIDA DE LA AMISTAD
La publicación ha sido también una experiencia especial para GP Ediciones. Daniel Viñuales ha recordado que conoció el proyecto a través de Ricardo Engra, un amigo común que le habló de la propuesta de Lorena Jiménez y Paco Roca durante una conversación en el Salón del Cómic de Castellón. La posibilidad de publicar al ilustrador le pareció entonces una oportunidad inesperada.
Roca ha explicado que mantiene una buena relación con Astiberri, editorial con la que desarrolla principalmente sus proyectos de cómic, pero que no tiene compromisos de exclusividad para otros trabajos. La propuesta de Jiménez surgió de manera natural y encontró en GP Ediciones un encaje que el dibujante consideró adecuado.
Por su parte, Roca ha destacado la importancia de la confianza personal en las relaciones con los editores, a quienes considera también amigos, y ha valorado que la propuesta encontrara en GP Ediciones el lugar adecuado para desarrollarse.

"LA EDAD DE PIEDRA"
La trayectoria de Paco Roca se puede relatar observando también los primeros dibujos y las lecturas que fueron moldeando su universo creativo. Ese recorrido es el que propone "La edad de piedra", la exposición que se ha inaugurado esta tarde en el Centro de Historias de Zaragoza y podrá visitarse hasta septiembre, impulsada por McDiego.
McDiego y Paco Roca se conocieron a finales de los años ochenta en la Escuela de Artes y Oficios, donde el primero era profesor del segundo. Su afinidad surgió de una pasión común por el cómic de autor: mientras otros alumnos aspiraban a dibujar superhéroes, ellos hablaban de Tintín, Blueberry y figuras como Eisner. Años después, McDiego incorporó a Roca y a Juan Miguel Aguilera a su agencia de publicidad, donde trabajaron juntos hasta que el ilustrador decidió abandonar ese ámbito para dedicarse por completo a sus propios cómics. Desde entonces, han mantenido una estrecha amistad y colaborado en proyectos culturales, exposiciones y un programa de radio semanal.
"La edad de piedra" nació hace diez años, cuando la madre de Roca entregó a McDiego una caja con alrededor de 200 dibujos conservados desde que tenía siete u ocho años. Este último vio en aquel material un tesoro y le propuso organizar una exposición. Aunque el dibujante se mostró reticente al principio, el proyecto terminó tomando forma en los salones del cómic de Valencia y Barcelona antes de llegar a Zaragoza.
El recorrido permite seguir la evolución de Roca desde los cómics de doce páginas que dibujaba a los nueve años, después de ver Star Wars en el cine, hasta sus adaptaciones de Julio Verne, como Veinte mil leguas de viaje submarino. También muestra cómo fue incorporando nuevas herramientas, desde el aerógrafo hasta el ordenador, y conserva ejemplos de sus procesos de trabajo, incluidos los guiones esbozados en formato A5.
La propuesta incorpora una selección de portadas conocidas bajo el apartado de "grandes éxitos". El montaje incluye, además, una decisión pensada para acercar la obra a los más pequeños: las explicaciones se sitúan a un metro veinte del suelo, a la altura de los ojos de los niños, tal como planteó McDiego.