Una profeta en su tierra: Montesusín rinde homenaje a Yasmina Praderas

El pueblo de sus abuelos, donde pasó buena parte de su infancia, reconoció la trayectoria de la ganadora de dos Goyas y nominada al Oscar por Sirat

Edmundo Coré
19 de Mayo de 2026
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Una profeta en su tierra: Montesusín rinde homenaje a Yasmina Praderas
Una profeta en su tierra: Montesusín rinde homenaje a Yasmina Praderas

Montesusín vivió el domingo una tarde de emoción, orgullo y memoria compartida. El pueblo quiso rendir homenaje a Yasmina Praderas, técnica de sonido oscense, ganadora de dos premios Goya y nominada al Oscar por su trabajo en Sirat, pero sobre todo quiso abrazar a una persona que forma parte de su historia cotidiana. Porque antes de las alfombras rojas, de los grandes festivales y de los reconocimientos internacionales, Yasmina fue una niña que corría por sus calles, que pasaba allí los veranos y los fines de semana, que jugaba con libertad y que encontró en Montesusín un lugar que no se olvida: su niñez.

Carlos Sampériz, alcalde de Grañen, abrió un acto que contó con las intervenciones de Inma Garcés, Sergio Flamarique y Héctor Praderas (hermano de la homenajeada). Las palabras de Yasmina cerraron un reconocimiento que tuvo lugar en el marco de las fiestas de San Isidro, una celebración especialmente sentida para esta localidad monegrina. Allí, vecinos, familiares y amigos compartieron un acto cargado de afecto hacia una profesional que ha llevado el nombre de Huesca, Aragón y también Montesusín hasta lo más alto del cine internacional.

Yasmina Praderas mantiene un vínculo muy especial con el pueblo de sus abuelos. Montesusín no es solo un lugar de paso en su biografía, sino uno de esos territorios íntimos donde se construyen los recuerdos que acompañan toda una vida. Allí pasó buena parte de su infancia, en la casa familiar, disfrutando de esa libertad que solo ofrecen los pueblos: la calle como escenario, la bicicleta como aventura, las noches de verano como territorio de imaginación y la convivencia vecinal como una forma natural de pertenencia.

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Por eso, el homenaje tuvo algo más profundo que un simple reconocimiento público. Fue la celebración de una trayectoria profesional brillante, pero también la reivindicación de las raíces. Montesusín quiso recordar que los éxitos de Yasmina Praderas también son, de alguna manera, los éxitos de un pueblo que la ha visto crecer y que ha seguido con emoción cada uno de sus pasos.

Su carrera se ha consolidado en los últimos años como una de las más destacadas del sonido cinematográfico en España. Praderas obtuvo su primer Goya al Mejor Sonido por As bestas, un galardón que ya supuso un hito en una categoría técnica tradicionalmente poco visible. Este año volvió a conseguir el premio por Sirat, junto a Amanda Villavieja y Laia Casanovas, una película que además llevó a las tres profesionales hasta la nominación al Oscar al Mejor Sonido.

La candidatura a los premios de Hollywood situó a Yasmina en una dimensión internacional y permitió visibilizar un oficio esencial para el cine, aunque muchas veces permanezca en segundo plano. El sonido no solo acompaña a la imagen: construye atmósferas, intensifica emociones, da profundidad a las escenas y contribuye de forma decisiva a la experiencia del espectador. En el caso de Sirat, ese trabajo ha sido reconocido como uno de los grandes valores de la película.

Pero, en Montesusín, los premios convivieron con algo más sencillo y quizá más importante: el cariño. El de quienes la recuerdan de niña, el de quienes conocen a su familia, el de quienes sienten que detrás de cada nominación y de cada estatuilla hay también un pedazo de pueblo. Porque cuando alguien llega lejos sin olvidar de dónde viene, su éxito adquiere una dimensión colectiva. Por cierto, la estatuilla circuló de mano en mano, de foto en foto, gracias a la amabilidad de Yasmina que prestó el merecido galardón para que todos los vecinos pudieran tener un goya en sus manos.

El homenaje sirvió también para poner en valor el papel de los pequeños pueblos en la construcción de la identidad personal. Montesusín, con su historia ligada a la tierra, a la agricultura, a la vida comunitaria y a la memoria de sus gentes, aparece en la biografía de Yasmina Praderas como un lugar fundacional. Un espacio donde aprender a mirar, a escuchar, a imaginar y a sentirse parte de algo.

Quizá por eso resultó tan simbólico que el reconocimiento llegara precisamente allí. No en una gran sala de cine, ni en un auditorio internacional, sino en el pueblo de sus abuelos. Allí donde todo empezó de otra manera. Allí donde la niña que jugaba en la calle acabó convirtiéndose en una de las grandes profesionales del sonido cinematográfico.

Montesusín homenajeó ayer a una ganadora de dos Goyas y nominada al Oscar. Pero, sobre todo, homenajeó a Yasmina. A la vecina, a la nieta, a la niña de los veranos, a la mujer que ha llevado su talento hasta Hollywood sin perder el vínculo con su casa. Y en ese gesto, el pueblo recordó algo esencial: que los grandes viajes también empiezan en lugares pequeños.

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