Reconstruir la "capilla sixtina" sijenense: el filántropo Juan Emilio Naya, cada vez más cerca de hacer realidad su sueño

La exhibición del cuarto alfarje de la Sala Capitular del Monasterio de Villanueva de Sigena se amplía hasta el 22 de febrero

María José Sampietro
Filóloga y diseñadora gráfica
27 de Enero de 2026
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Recreación del cuarto alfarje que se exhibe en el Monasterio. Foto María José Sampietro Brosed
Recreación del cuarto alfarje que se exhibe en el Monasterio. Foto María José Sampietro Brosed

El sigenense Juan Emilio Naya se ha convertido en un mecenas excepcional de la justicia histórica en tiempos en los que la tecnología permite recrear, en el sentido estricto del término, pinturas y reproducir alfarjes de la techumbre, además de producir una película. Sobre una misma pasión y unas raíces de identidad, una renacentista creación fruto de la voluntad de contribuir a la recuperación del esplendor de un monasterio único en el mundo.

Nacido en Villanueva de Sigena y afincado en Barcelona desde hace más de 20 años, Juan Naya es doctor en Astrofísica, trabajó en la Nasa, estudiando las radiaciones gamma del universo y actualmente trabaja como ejecutivo de la empresa privada.

Juan Naya, estimulado por los recuerdos de sus abuelos que le hablaban de las maravillas de la Sala Capitular del Real Monasterio de Villanueva de Sigena, de su riqueza, colorido, fuerza y belleza, tuvo un sueño en el que veía cómo la Sala recuperaba todo su esplendor.

Hace más de 15 años, decidió emprender, financiado por él mismo, el mayor proyecto de su vida, Sigena Mágica, un viaje constante que va desde la recreación virtual de sus pinturas, que combina técnicas tradicionales con la tecnología más puntera, hasta la reproducción digital de los doce alfarjes que componen la techumbre, pasando por la emotiva película El Sueño de Sigena.

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El Real Monasterio de Villanueva de Sigena, fundado el 25 de abril de 1188 por la reina Sancha de Castilla, esposa de Alfonso II el Casto, rey de Aragón, es panteón real y fue convento femenino de la Orden de San Juan de Jerusalén. En aquel momento significaba la imagen del poder.

La Sala Capitular, conocida como la "Capilla Sixtina del Románico", es considerada por los expertos como una de las mejores obras de arte de los siglos XII-XIII de Europa. Su función, dentro del Monasterio, era lugar de reunión comunitaria para las monjas. Estaba ornamentada con ricos frescos medievales, cuyas pinturas murales muestran escenas del Antiguo y Nuevo Testamento y una serie de retratos de las genealogías de Cristo, que conectan simbólicamente las dos bibliografías sagradas. Se trata de uno de los legados más importantes de la historia del arte de nuestro país. Sus techos, con maderas grandes, talladas, doradas y pintadas, estaban decorados con preciosas figuras y vivos colores.

En 1936, durante la Guerra Civil, el Monasterio sufrió un incendio que dañó irreversiblemente las pinturas de la Sala Capitular. Lo que quedó de ellas fue arrancado mediante la técnica del strappo y trasladado al Museo Nacional de Arte de Cataluña. También provocó la pérdida del extraordinario artesonado mudéjar que ahora, gracias al proyecto Sigena Mágica, impulsado por Juan Emilio Naya, está en vías de recuperación, basado en mucha investigación, en una excelencia artesanal y en un respeto absoluto por la historia.

Como afirma Juan Naya, “las fotografías en blanco y negro fueron la semilla del proyecto”. A raíz del estudio del reportaje fotográfico que hizo el arquitecto e historiador Josep Gudiol junto al análisis del conjunto de acuarelas realizadas por unos estudiantes de Bellas Artes de Barcelona en 1918 durante un viaje al Monasterio de Villanueva de Sigena, fueron una fuente de información indispensable para el proyecto. Actualmente, existe la tecnología adecuada para poder efectuar una reconstrucción de las pinturas y devolverles el color original desaparecido por el incendio de 1936. Estos dibujos se conservan en el Museo Nacional de Arte de Cataluña.

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Restos de pintura que quedan en la Sala Capitular. Foto María José Sampietro Brosed

El empeño de este soñador ha estado rodeado de un equipo multidisciplinar, con un trabajo meticuloso y muy documentado.

Recrear también el techo, formado por 12 alfarjes mudéjares, policromados y dorados, ha sido posible gracias a la tecnología que ha permitido las mediciones exactas de la sala con el escáner láser, y les ha dado la información de cómo era.

En palabras de Juan Naya, "la Sala Capitular había que abordarla en su conjunto, como una unidad, que es lo que se llama biblia arquitectónica".

Gracias a una documentación exhaustiva y un estudio minucioso, Juan y su equipo lograron reproducir digitalmente la geometría de los doce alfarjes que componen la techumbre de la Sala Capitular del Monasterio. Consiguieron mucha información para ver las formas de los techos. Lo que les resultó más complicado fue entrar en el interior, en la estructura. Para la policromía, además de tener como base las fotografías en blanco y negro, también les resultó fundamental la única y valiosa descripción sobre el color que existe de Mariano de Pano.

Constanza de Aragón, hija de Sancha de Castilla y Alfonso II, fue reina de Sicilia y vivió en Palermo. Existe la hipótesis de que la influencia de Constanza se manifestara en el Monasterio de Sigena al introducir tendencias artísticas de la ciudad siciliana, especialmente en la decoración que guarda alguna similitud con la Capilla Palatina siciliana. La conexión entre Sicilia y la Corona de Aragón pudo propiciar un intercambio artístico.

La techumbre fue obra de maestros musulmanes, concretamente mudéjares, era de madera, pintada con miles de figuras profanas, en contraste con un espacio sagrado. Un lenguaje en el que se expresaron los pintores de cultura islámica de aquella época. Techos musulmanes en un lugar cristiano. Un diálogo entre varias culturas artísticas.

Hasta la fecha se han reconstruido cuatro de los doce alfarjes originales que componían el techo. Ya está en proceso el quinto.

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Sala Capitular del Monasterio. Foto María José Sampietro Brosed

Paco Luis Martos, maestro ubetense, es experto en arte mudéjar y uno de los mejores artesanos mudéjares del mundo, Premio Nacional de Artesanía, ha sido el encargado junto a su equipo de ejecutar los artesonados, con una decoración distinta cada uno, fruto de años de investigación sobre la pieza original, un trabajo extraordinario. 

El cuarto alfarje, presentado el pasado 9 de enero en el Real Monasterio de Villanueva de Sigena, tiene el valor añadido de que fue terminado en tierras oscenses, concretamente el dorado y la policromía han sido realizados por un equipo de artesanos de Almudévar, bajo la coordinación de Javier Franco y la supervisión de Paco Luis Martos. Todo hecho con criterios de máxima fidelidad a las técnicas medievales. La exposición de este alfarje se ha ampliado hasta el próximo 22 de febrero dada la afluencia de público que está teniendo.

Juan Emilio Naya quiere ofrecer con este magnífico proyecto la posibilidad de volver al pasado y dar vida a una Sala que estaba llena de belleza. Habrá que esperar a ver terminada la estancia al completo, con las pinturas colocadas y la techumbre instalada, y comprobar si realmente se cumple uno de los objetivos originales que era el poder contemplarla como una unidad, como un conjunto. No hay que olvidar que la explosión de color que podemos presenciar al admirar la reproducción de los alfarjes poco o nada tienen que ver con los restos de pintura que quedaron tras el incendio y que están a la espera de poder ser retornados a la Sala Capitular del Monasterio de Villanueva de Sigena.

Mostrar al mundo cómo fue la Sala es una tarea compleja pero, si se consigue, será un patrimonio de valor incalculable que todos podremos disfrutar y un magnífico legado para nuestros descendientes.

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