Rosario Raro ha vuelto a encontrarse este domingo con uno de los públicos más fieles de su trayectoria literaria. La escritora castellonense ha participado en la 42ª Feria del Libro de Huesca para celebrar los diez años de sus dos novelas de Canfranc, dos títulos que transformaron su carrera y que mantiene una estrecha relación con la provincia desde su nacimiento. La autora ha protagonizado un acto dedicado a la edición especial conmemorativa publicada por Planeta, pero la conversación ha acabado convirtiéndose en un recorrido por las historias, las personas y los momentos que han acompañado durante más de una década a unos libros que siguen despertando el interés de miles de lectores.
La relación entre Rosario Raro y Huesca va mucho más allá de una presentación anual. La escritora ha recordado que este es ya su undécimo año consecutivo en la feria y ha reconocido el cariño que siempre ha recibido por parte del público oscense. A lo largo de este tiempo ha visto cómo se renovaban librerías, cómo nuevos lectores se incorporaban a sus encuentros y cómo una historia nacida en torno a la estación internacional acababa convirtiéndose en un fenómeno literario de alcance nacional. "Sin ánimo de resultar irreverente, en mi vida las siglas AC y DC significan antes y después de Canfranc", ha afirmado al recordar el impacto que tuvo aquella primera novela en su vida profesional y personal.
La autora ha rememorado con emoción la presentación de Volver a Canfranc en abril de 2015, un momento que considera decisivo en su trayectoria. Apenas dos días después recibió una de las mayores sorpresas de su vida cuando un autobús procedente de Castellón llegó hasta la estación internacional cargado de familiares y amigos que habían recorrido distintas localidades para acompañarla. Aquella imagen continúa ocupando un lugar privilegiado en su memoria. "Pensé que instantes así justifican toda una vida", ha señalado.
Los lectores han ocupado el centro de buena parte de su intervención, ya que la escritora considera que son ellos quienes realmente dan sentido a los años de trabajo que exige cada novela. Entre las experiencias más emocionantes que ha vivido durante esta década ha destacado la de un hombre invidente que acudió a una firma en la Feria del Libro de Madrid y le explicó que gracias a sus páginas había podido imaginar la estación internacional de Canfranc. Aquel lector le dijo que quienes escriben son capaces de realizar "el milagro de devolver la vista a los ciegos", una frase que todavía hoy sigue emocionándola y que resume mejor que cualquier premio el alcance que puede llegar a tener una historia.
La autora ha enlazado ese recuerdo con otros muchos encuentros que ha vivido en Huesca y en distintos puntos de España. Entre ellos ha citado el caso de una mujer que acudió a una presentación en la plaza Luis López Allué pocas horas antes de ingresar en el hospital para someterse a una operación. La lectora le explicó que se llevaba una de sus novelas porque, mientras estuviera leyendo, sentiría que no estaba allí, como le había asegurado el librero Chema Aniés. También ha recordado a personas que le han contado que sus libros les acompañaron durante tratamientos de quimioterapia o en tiempos momentos complicados de sus vidas. "A veces hay desánimo cuando escribes una novela y entonces me acuerdo de estas personas", que le sirven de acicate, según ha reconocido.
Para Rosario Raro, esos testimonios representan una enorme responsabilidad. La escritora ha explicado que siempre intenta ofrecer a los lectores algo más que entretenimiento y que su principal preocupación es que el tiempo que dedican a sus libros merezca la pena. "No quiero hacerle perder a nadie lo más valioso que tiene, que es el tiempo", ha señalado. Por eso procura construir historias capaces de emocionar, sorprender y acercar al lector a episodios históricos poco conocidos, sin renunciar al placer de la lectura ni a la capacidad de evasión que siempre ha asociado a la literatura.
La autora también ha valorado el papel que desempeñan libreros y librerías en ese vínculo con los lectores. Durante su intervención ha mencionado expresamente a Ludy Escartín y Jesús Buil, de Másdelibros, y ha tenido un recuerdo especial para Víctor Castillón padre, fallecido este año. Raro ha destacado la importancia de quienes forman parte de ese engranaje cultural que permite que los libros encuentren nuevos lectores y ha subrayado el papel que han desempeñado las librerías oscenses en la difusión de sus novelas desde el primer momento.
Uno de los fenómenos más singulares nacidos alrededor de las novelas de Canfranc han sido las rutas literarias inspiradas en sus libros, una iniciativa que la autora recuerda con especial cariño porque demuestra que una historia puede seguir creciendo mucho después de haber sido escrita. La propuesta permite recorrer los escenarios reales de las novelas y encontrarse con personajes interpretados por actores que recrean algunos de los episodios más conocidos de la trama. La organización de estas actividades requirió incluso la colaboración de Renfe para incorporar un tren a la experiencia. Desde su puesta en marcha, cerca de 2.000 personas han participado en estas rutas, que regresarán a partir del próximo 19 de septiembre y que cuentan ya con una importante lista de espera.
La conversación también ha servido para recordar cómo nació El cielo sobre Canfranc, una novela que inicialmente no formaba parte de los planes de la escritora. Tras publicar Volver a Canfranc, estaba convencida de que había cerrado su etapa literaria vinculada a la localidad. Sin embargo, una historia descubierta durante una visita al valle acabó cambiándolo todo. Durante aquellos años conoció los detalles del incendio que destruyó el antiguo pueblo de Canfranc el 24 de abril de 1944, un episodio que la impresionó profundamente. Los testimonios que fue recopilando describían escenas dramáticas, con vecinos intentando salvar sus pertenencias mientras las llamas avanzaban por las calles y las gallinas corrían envueltas en fuego por el pueblo.
Sin embargo, lo que despertó realmente su curiosidad fue lo ocurrido después del incendio. Para reconstruir Canfranc se recaudaron alrededor de 400 millones de pesetas de la época, una cantidad extraordinaria para aquellos años. Se organizaron festivales, espectáculos, partidos de fútbol y campañas de solidaridad dentro y fuera de España. A pesar de ello, el pueblo nunca llegó a reconstruirse. Aquella contradicción llevó a la autora a iniciar una investigación que acabaría convirtiéndose en uno de los pilares fundamentales de la novela. "Empecé a rastrear dónde se había quedado el dinero", ha explicado, y la búsqueda la condujo hasta una historia tan sorprendente como desconocida que decidió incorporar al relato.
Rosario Raro ha relatado además que optó por modificar nombres y cargos de algunas de las personas implicadas porque su objetivo era contar los hechos sin perjudicar a generaciones posteriores. La decisión estaba relacionada con una reflexión que compartía con frecuencia durante los años en los que dirigió el Aula de Escritura Creativa de la Universitat Jaume I. Cuando se trata de homenajear a alguien, defendía la conveniencia de mantener los nombres reales; cuando se abordan cuestiones delicadas, considera más adecuado proteger la identidad de los implicados. "Lo que me interesaba era contar la historia", ha resumido.
El éxito de El cielo sobre Canfranc superó todas las expectativas imaginables. La autora ha recordado que el mismo día de la publicación recibió un mensaje de su editor informándole de que la primera edición se había agotado. En un primer momento pensó que se refería al agotamiento propio de una jornada repleta de entrevistas, pero la realidad era muy distinta. Los 12.000 ejemplares de la primera tirada habían desaparecido de las librerías en apenas unas horas. El fenómeno fue tan inesperado que tuvo que cancelar algunas presentaciones porque no quedaban ejemplares disponibles.
La escritora ha insistido en que una parte fundamental de aquel éxito nació precisamente en Aragón y especialmente en la provincia de Huesca. A su juicio, el entusiasmo con el que las novelas fueron recibidas por los lectores oscenses contribuyó decisivamente a que la historia se extendiera después al resto del país. "Sin Huesca no hubiera sido el fenómeno que fue", ha asegurado. Aquella respuesta del público generó un efecto multiplicador que acabó llevando las novelas mucho más allá de los escenarios donde transcurrían los hechos.
Durante el encuentro también ha compartido algunos de los sueños personales que ha podido cumplir gracias a aquellos libros. Entre ellos ha citado la ilusión que le hizo ser entrevistada por Julia Otero, aparecer en los pasatiempos del Quiz o convertirse en pregunta de Saber y Ganar, uno de los programas que la han acompañado durante buena parte de su vida.
Finalmente, ha reflexionado sobre la paz, un tema cada vez más presente en su obra. Rosario Raro ha recordado el reciente reconocimiento que ha recibido como compromisaria de honor de Caspe tras la publicación de La novia de la paz y ha reivindicado el valor histórico del Compromiso de Caspe como ejemplo de diálogo y entendimiento. La autora ha destacado cómo nueve personas consiguieron evitar una guerra mediante la palabra y el acuerdo, una lección que considera plenamente vigente en la actualidad.
La escritora ha defendido la necesidad de seguir hablando de entendimiento en un mundo que continúa enfrentándose a conflictos y guerras. Ha reconocido que esa reflexión atraviesa buena parte de sus novelas y que seguirá formando parte de sus próximos proyectos. Más de una década después de la publicación de Volver a Canfranc, Rosario Raro sigue encontrando en Huesca a muchos de los lectores que la acompañaron desde el principio. Ese vínculo construido libro a libro, presentación tras presentación y feria tras feria se ha convertido en una de las mayores satisfacciones de su trayectoria. "Que los libros se queden con los lectores me parece un triunfo", ha concluido.