En el mundo editorial de este país, en el que casi un 50 % de los libros publicados no vende un solo ejemplar, resulta noticiable la reedición de una obra literaria. Si, además, ese trabajo redescubierto no es de carácter generalista y aborda, desde la investigación y el rigor histórico, unos hechos aún recientes —90 años, en según qué materias, no son nada— como el paso de la guerra de 1936 por una localidad como Sariñena, el mérito es aún mayor. Y si el libro reeditado ha tenido una amplia repercusión en el área geográfica correspondiente, ha propiciado una serie de visitas a centros de estudios para dar a conocer las huellas físicas del conflicto y ha contribuido a dar cuerpo a un grupo de investigadores de Los Monegros, miel sobre hojuelas, que dicen los aficionados al refranero. Y si, además, esa vocación divulgadora se completa con paseos nocturnos guiados por la propia investigadora, resulta difícil pedir más.
En la tarde del viernes, en la sala de actos de la Casa de Cultura de Sariñena, tuvo lugar un sencillo acto para presentar la reedición de "Sariñena en guerra". El encuentro estuvo presentado por la concejala de Cultura de la localidad y contó con la participación del editor, Salvador Trallero, y de la autora, Gemma Grau Gallardo.
En su intervención, el editor realizó una firme defensa de los estudios, investigaciones y trabajos que abordan aspectos locales de los hechos históricos, al considerar que permiten profundizar en las huellas que permanecen en el territorio y en las consecuencias que aquellos acontecimientos dejaron en la vida cotidiana de quienes los vivieron.
Salvador Trallero no concluyó su intervención sin felicitar también a Gemma Grau por su reciente designación como Pregonera de las Fiestas de Sariñena.
Por su parte, la licenciada en Humanidades e investigadora Gemma Grau Gallardo inició su exposición recordando que la localidad no puede calificarse, antes del golpe de Estado, como un foco revolucionario. Explicó que, cuando la situación económica era precaria, muchos de sus habitantes emigraban a Barcelona, y que únicamente el barrio de La Estación se desmarcaba de esa realidad al concentrar un mayor nivel de sindicación y compromiso político.
La investigadora destacó también que apenas hubo 13 fusilados en unos momentos en los que muchos pueblos se desangraban y subrayó que fue la propia población de Sariñena la que defendió a los detenidos ante algún intento de saca. Asimismo, indicó que tampoco hubo represalias contra miembros de la Guardia Civil, quienes, tras rendirse, pudieron optar por incorporarse a las filas rebeldes trasladándose a Barbastro o integrarse en las fuerzas antifascistas.
Durante su intervención también recordó que el edificio de La Estación se convirtió en Hospital de Sangre y repasó los destrozos ocasionados tanto por la explosión del polvorín como por el bombardeo que sufrió la localidad. Además, mostró documentos con el inventario de los daños registrados en construcciones civiles y concluyó que, hasta casi 1950, el verdadero castigo de los vencidos fue vivir entre ruinas, conviviendo con ratas en solares abandonados y soportando unas condiciones de higiene y seguridad infrahumanas.
Todos esos hechos quedan documentados por Gemma Grau e ilustrados con numerosas fotografías, algunas de ellas coloreadas. El acto concluyó entre aplausos, felicitaciones y la habitual firma de ejemplares.