Huesca ha vivido este sábado una de esas jornadas en las que la tradición deja de mirar al pasado para proyectarse hacia el futuro. El IX Encuentro de Escuelas de Folklore José Rodrigo, organizado por la Agrupación Folklórica Santa Cecilia, ha reunido en el centro de la ciudad a decenas de niños y jóvenes de Aragón, Navarra y el sur de Francia en una cita donde la convivencia y el intercambio cultural es tan importante como la defensa de las raíces populares y que tiene como protagonistas a los más pequeños.
La jornada ha comenzado con la recepción oficial en el Ayuntamiento de Huesca y posteriormente las distintas agrupaciones han recorrido calles del centro histórico en un animado pasacalles. Los trajes regionales, las gaitas, las cintas de colores y las melodías tradicionales han acompañado un desfile que ha desembocado en una abarrotada Plaza López Allué, convertida en el gran escenario del folclore joven.
La conductora del acto, Jara Expósito, ha destacado el valor de este tipo de encuentros como espacios donde compartir experiencias y fortalecer vínculos entre escuelas que trabajan por conservar el patrimonio inmaterial.

En estos primeros compases del acto han participado varios niños de la escuela de Santa Cecilia, que han ejercido de anfitriones y han reivindicado el folclore como una herramienta para hacer amigos, viajar y conocer otras culturas.
Uno de los grupos invitados ha sido el Grupo Municipal de Danzas de Tudela, una formación histórica fundada en 1964 y profundamente ligada a la vida cultural de la localidad navarra. Su actuación ha combinado elegancia, energía y simbolismo a través de algunas de las piezas más representativas del repertorio foral. Los jóvenes dantzaris han interpretado coreografías como la Eskudantza, el Fandango y Arin Arin de la Gaita de Arizkun o la vistosa Gurulari, ejecutada con arcos de madera.
Especial atención ha despertado la Txakarrankua, una danza guerrera en la que uno de los bailarines es elevado mientras el resto gira a su alrededor, dejando una de las imágenes más espectaculares del encuentro.
El grupo navarro también ha ofrecido el tradicional baile de las cintas y ha cerrado su participación con la popular Polka Pik y la Jota de Tudela, muy vinculadas a las fiestas patronales de la ciudad ribera y a las celebraciones de San Fermín.

El carácter internacional del festival lo ha aportado el grupo francés Les Biroussans, procedente de Saint Girons, en el valle de Biros, en pleno Pirineo francés.
La formación, fundada hace más de un siglo, mantiene desde finales de los años setenta una escuela de folclore infantil y juvenil que trabaja la transmisión de la música, la danza y también del idioma gascón entre las nuevas generaciones, como ha explicado Myriam Llop, directora de esta escuela.
Los jóvenes franceses han presentado un repertorio lleno de rondas cantadas, bourrées y polkas tradicionales interpretadas en francés y occitano. Danzas como La Moscabera, La Remenilha o Trauesada de Saint Lary han permitido descubrir al público oscense las similitudes culturales existentes entre ambos lados del Pirineo. La actuación también ha evidenciado cómo muchas de las danzas populares europeas evolucionaron con el paso del tiempo hasta adquirir características propias en cada territorio.

Myriam Llop, directora del grupo francés Les Biroussans, ha defendido en Huesca la necesidad de mantener el folclore “como una cultura viva” capaz de adaptarse a las nuevas generaciones sin perder autenticidad. La responsable de la formación pirenaica ha reconocido que conservar estas tradiciones en Francia “es complicado”, aunque ha explicado que su escuela trabaja para transmitir no solo los bailes y la música, sino también la lengua y la forma de vida tradicional de su territorio.
La directora ha destacado que muchos de los jóvenes del grupo estudian en escuelas bilingües y participan también en proyectos donde la música tradicional se mezcla con sonidos contemporáneos para acercarla al público joven. “Podemos hacer una polka rock para que la gente baile como en una discoteca, pero siguiendo siendo danza folk”, ha señalado durante su visita a la capital oscense.
Sobre su participación en el encuentro, Llop ha explicado que los niños han interpretado rondas cantadas y danzas populares vinculadas al trabajo en el campo, los animales o las fiestas tradicionales del Pirineo francés. También ha subrayado la importancia de este tipo de intercambios culturales porque permiten descubrir las conexiones existentes entre distintos territorios europeos. “Sin tener el mismo idioma podemos entendernos y compartir muchas cosas”, ha afirmado, destacando el entusiasmo con el que los más jóvenes viven estas convivencias internacionales.
LOS ANFITRIONES
La anfitriona del encuentro, la Escuela de la Agrupación Folklórica Santa Cecilia, ha sido la encargada de cerrar la mañana con un repertorio profundamente arraigado a la identidad aragonesa. La escuela nació en 2004 impulsada por miembros de la agrupación con el objetivo de crear una cantera propia de bailadores, músicos y cantadores. Dos décadas después, el proyecto reúne alumnado de todas las edades, desde niños de apenas tres años hasta jóvenes que ya participan en intercambios nacionales e internacionales.
Sobre el escenario se han sucedido algunas de las piezas más emblemáticas del repertorio tradicional aragonés. Los más pequeños han interpretado la Polka Piqué de Gistaín, mientras que los grupos más veteranos han desarrollado coreografías como el Antillón, considerada una de las bases del aprendizaje jotero, o la intensa Jota de Guara, inspirada en antiguas jotas de parejas de la Sierra de Guara.

Uno de los momentos más emotivos de la mañana ha llegado con el bloque dedicado al aragonés y a la interpretación de los Mandamientos de amor de Aso de Sobremonte, una actuación participativa que ha implicado también al público congregado en la plaza. La agrupación ha reivindicado así la importancia de mantener vivas no solo las danzas y melodías tradicionales, sino también la lengua y la identidad cultural del territorio.
La actuación final ha dejado una imagen especialmente simbólica: niños muy pequeños compartiendo escenario con jóvenes veteranos bajo la mirada emocionada de familias y profesores. Entre aplausos, cintas trenzadas y ecos de jota, el encuentro ha vuelto a demostrar que el folclore oscense sigue muy lejos de convertirse en una pieza de museo y continúa latiendo con fuerza gracias al compromiso de nuevas generaciones dispuestas a mantener viva la tradición.