Taller y toda una puesta en escena para construir y hablar de la vihuela

La Tendresa actuó en Villanúa, en el decimoctavo directo del XXXV Festival Internacional en el Camino de Santiago

D.H.
21 de Agosto de 2026
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Èlia Casanova y Belisana Ruiz, de La Tendresa, realizaron un taller de vihuela.
Èlia Casanova y Belisana Ruiz, de La Tendresa, realizaron un taller de vihuela.

El Espacio Sarrios de Villanúa se transformó este pasado jueves en un instante para el descubrimiento de niños y niñas, donde la música no sólo se escuchó, sino que se tocó, se construyó y, sobre todo, se vivió con la curiosidad de quien por primera vez se acerca a algunos de sus secretos, gracias a La Tendresa, o lo que es lo mismo, gracias Èlia Casanova y Belisana Ruiz, que actuaron en el Festival Internacional en el Camino de Santiago (FICS) que organiza la Diputación de Huesca.

Diseñada como un taller de animación y tiempo libre, La abuela vihuela demostró que la barrera entre los orígenes del instrumento y el espectáculo es mucho más que permeable. Bajo la premisa de fomentar una escucha activa, el evento se apoyó en el pilar fundamental de la vihuela, definida por las ponentes como “el instrumento rey del renacimiento español”. Además de hablar sobre los orígenes de su música, la cita estuvo enriquecida con “manualidades para el conocimiento del instrumento”, permitiendo que los más pequeños comprendieran de forma básica, mediante la manipulación de materiales, la anatomía y lógica de esta joya renacentista.

Este formato de animación taller es para La Tendresa un proyecto con rodaje: “El concierto taller lleva dos años recorriendo la Península y aseguramos el éxito para los pequeños así como para los adultos”, comentaban con la satisfacción de quien conoce el interés por la propuesta y su relato musical. La narrativa del directo se construyó en torno a sus “historias sobre las andanzas de dos músicos por la Península”, un enfoque que permitió “humanizar los cancioneros renacentistas” a los más pequeños.

Èlia Casanova y Belisana Ruiz explicaron que “nuestros cancioneros de entonces tienen gran repertorio para pensar que son obras escritas por grandes compositores pero que recogen letras e historias de todo tipo de gente”. Esta democratización de la música fue otro de los descubrimientos para los pequeños presentes en Villanúa. Antes de construir sus vihuelas todos los niños y niñas, por parte de las dos artistas sonaron Al alba venid, Por unos puertos arriba, Ay triste que vengo de Juan del Encina, Porque me nâo ves loâna, La canción del emperador de Luis de Narváez, Canarios de Gaspar Sanz y Guárdame las vacas. Y también apareció Francisco Tárrega en este particular viaje musical.

“Muchas de ellas eran anónimas”, manifestaron. “Destacamos la aparición de los autores anónimos que muchas veces podemos pensar que en realidad son autoras”, señalaron las responsables de La Tendresa. “Anónimas, por supuesto, ya que en esta época era impensable la rúbrica de una mujer en un manuscrito”, una dimensión reivindicativa que subraya el papel silenciado de la mujer en la Historia de la Música. Ambas intérpretes avanzaron por el Barroco y llegaron hasta el siglo XIX.

Finalmente, la puesta en escena destacó por su sobriedad y “la honestidad del sonido”, resumieron ambas al explicar su estilo. “Nuestra puesta en escena es simple y directa, no lleva artificios ni grandes alardes virtuosistas. Nos dedicamos a contar historias”. Esa sencillez permitió que la vihuela respirara sola, y que las historias de aquellos músicos viajeros del pasado se sintieran extrañamente cercanas.

Después, el taller continuó y, con ello, la creación de una pequeña pieza de arqueología sonora, gracias al cartón, la magia y la ilusión. Más allá de llevar la música a todos los rincones del Camino, se golpeó la puerta para que las nuevas generaciones se animaran a escuchar, por primera vez, algunos de los ecos de su propia historia. Por una tarde y dos talleres, el Espacio Sarrios se convirtió en un rincón del siglo XVI donde se compartían coplas y el espíritu de una época en la que la música ya era el lenguaje universal de la Península.