El Tardeo Poético, un homenaje en Huesca a los grandes creadores que abrieron los ojos de la vida del siglo XX

El Aula de Teatro y Poesía interpreta un precioso recital en el Centro Cultural Fundación Ibercaja con poemas de los más emblemáticos creadores de la pasada centuria

09 de Mayo de 2026
Guardar
El Tardeo Poético del Aula de Teatro y Poesía trae a Lorca y Machado y grandes poetas del siglo XX

La poesía manda mucho. Define a los pueblos. Explica las confrontaciones y hasta las guerras. Extrae el alma popular a través del espíritu del poeta. Y, a quien recita los poemas, le impone un compromiso prácticamente sagrado: la adaptación al corazón del vate. Bardos y trovadoras de la modernidad del siglo XX se han congregado este viernes en un espacio recoleto dentro del recinto del Centro Cultural Fundación Ibercaja de Huesca, con dos miradas y dos oídos: la aparentemente férrea, porque férrea fue en existencia terrenal, del Árbol de la Vida de Doña Petronila; el público que, en constancia de sensibilidad, paladeó los sonetos, los versos regulares y los atisbos de transversalidad de aquellos inspiradores de rapsodas que, por su talento, han trascendido hasta la modernidad. Hasta este 8 de mayo de 2026. Clásicos jóvenes.

El Aula de Teatro y Poesía que dirige María Pilar Goded, bajo el cobijo de la Fundación Ibercaja, escogió ese punto para que sonaran, ora poderosas, ora delicadas, las creaciones de un siglo literariamente fértil, la respuesta de la palabra frente al belicismo, de la sensibilidad contra la brutalidad.

Tres cuartos de ora verdaderamente hermosos donde brotaron las palabras de grandes como Rafael Alberti o como Antonio Machado. En las interpretaciones, que no otra cuestión es un recital, los aedos se transformaron. Fue capaz la propia Goded de metamorfosearse ora hacia la delicadeza, ora hacia la firmeza, voz profunda, hilo sutil. Y así sonaba, con Pablo Cuevas, la rotundidad del Llanto por la muerte de Ignacio Sánchez Mejías, imperativo Pablo: "A las cinco de la tarde/ ¡Ay qué terribles cinco de la tarde!/ ¡Eran las cinco en todos los relojes!/ ¡Eran las cinco en sombra de la tarde!". A la contundencia del profesor, la réplica pesarosa de la docente Pilar Goded: "¡Que no quiero verla!/ Dile a la luna que venga, / que no quiero ver la sangre/ de Ignacio sobre la arena". Y completa Julia Lera con Cuerpo Presente, dentro de la misma obra: "Ya está sobre la piedra Ignacio el bien nacido./ Ya se acabó; ¿qué pasa? Contemplad su figura:/ la muerte le ha cubierto de pálidos azufres/ y le ha puesto cabeza de oscuro minotauro", matiz tras matiz en la vocalización.

Logo WhatsApp
Suscríbete a nuestro canal de WhatsApp para tener la mejor información

Es curiosa la dualidad. Mientras las voces imponen las fortalezas de las letras, la respuesta del público, elevado en su consciencia y conciencia literaria, es el silencio. En ocasiones, sobrecogido. En otras, exultante. Es la réplica de serena pasión, la que un hombre tranquilo como es Paco Tudela expresa, incluso emocionado, cuando explica cómo cantaron Jarcha o Paco Ibáñez el Aceituneros de Miguel Hernández. "Andaluces de Jaén, /aceituneros altivos,/decidme en el alma: ¿quién,/ quién levantó los olivos?". Sigue deslizándose el racial himno de Jaén y toma la voz Ana María Aller. "Levántate, olivo cano,/ dijeron al pie del viento./ Y el olivo alzó una mano/ poderosa de cimiento". Dotada para la interpretación vivaz, en esta ocasión contundente en la denuncia. "¿Quién amamantó los olivos? Vuestra sangre, vuestra vida, no la del explotador que se enriqueció en la herida generosa del sudor".

Y, para cambiar el tercio, que no todo es drama o tragedia en la lírica, Pablo Cuevas se atreve con una de las más populares astracanadas de Muñoz Seca, que incluso al borde del fusilamiento manifestó a sus verdugos que, si algo no le podían arrebatar, era el miedo que sentía entonces. 

Es el turno de María Jesús Porta, sedosidad en la voz, melodía en los ritmos de la palabra, y ahí se lanza con dos sonetos, acompañada por Julia Lera, del brasileño Emilio Lansac. "Espera, en este clamor de afecto delirante, vengo, cansado, a buscar en la mente olvidado: ¿Cuánto, y cuánto estás distante? Y soñar, amor mío, que estás presente, pero palpitan recuerdos nada más. Nadie canta antiguas cantinelas, ni arrullan palomas en sus palomares, y en mi viejo alero..."

Es el momento, mecida la poesía por los acordes de Chema Valenti ajustándose al tono y el color de la lírica, de traer con la coralidad de todo el aula a Nicolás Guillén y su "Tendida en la madrugada:

Tendida en la madrugada,
la firme guitarra espera:
voz de profunda madera
desesperada.

Su clamorosa cintura,
en la que el pueblo suspira,
preñada de son, estira
la carne dura.

Arde la guitarra sola,
mientras la luna se acaba;
arde libre de su esclava
bata de cola.

Dejó al borracho en su coche,
dejó el cabaret sombrío,
donde se muere de frío,
noche tras noche,

y alzó la cabeza fina,
universal y cubana,
sin opio, ni mariguana,
ni cocaína".

Y así, después de un repertorio mucho mayor al aquí referido, con aplausos cerrados y abiertos, con corazones henchidos, con la creencia en el ser humano, termina el recital. Tardeo, le llaman, porque por la tarde fue, apenas tres cuartos de hora pero, ¡qué 45 minutos! La transformación de la poesía en un impulso para ver el mundo en el cromatismo infinito que ofrece la creación.

Archivado en