A las nueve de la noche, una hora antes de la función, parecía imposible. Una tormenta persistente, con aparato eléctrico e intensidad, dejaban convertido escenario y patio de mosqueteros en un espacio impracticable. En los camerinos, nueve personas, componentes de Espacio Danza Huesca, esperaban a ver cómo se desarrollaban los acontecimientos.
Roberto Nistal se multiplicaba cubriendo aparatos de sonido y proyección, comprobando ordenadores y luces. En esta ocasión, protagonista por partida doble, en la pantalla y en el cuarto técnico. Y sin dejar de llover…
Finalmente, a las 22:30, media hora más tarde de lo previsto y habiendo sido avisado el público, ha dado comienzo la función aprovechando una pausa en la tormenta que ha permitido achicar agua, recolocar maquinaria técnica y secar el piso.
Una silla en el escenario y un hombre de teatro iluminado por un foco lateral. Sombras en el patio, oscuridad en el escenario con la única salvedad de un punto de luz donde Luis Casáus, apoyado con un pequeño guion que no consulta apenas, inicia una charla que, en realidad, es un ejercicio de historia, de catarsis personal y colectiva, una mezcolanza de recuerdos agridulces (claramente amargos algunos) y una disección perfecta de lo que ocurre cuando una flor surge en un roquedal. En las sombras, antiguos actores y actrices del Teatro de Robres, cargos políticos de varias épocas y vecinos, muchos vecinos…
El monólogo teatral (verité, habría que añadir) continúa. Casa Marcelino, el duelo de La casa de Bernarda Alba en la ciudad de Huesca, El Florido Pensil, el alumbramiento de la muestra de Oralidad de Robres, los proyectos de un Corral de Comedias, las primeras manos negras y, siempre, el trabajo ininterrumpido. Ni siquiera en tiempos de pandemia, donde la reflexión, creatividad y escritura ocupan un lugar preminente. Hay momentos en los que se perciben los esfuerzos del narrador/actor por morderse la lengua.
Pero cambia el tono y presenta al grupo Espacio Danza Huesca, que ha aportado al espacio escénico una bella coreografía, plena de fuerza e intención —la entrada de Celestina en cuadro y el bastonazo marcando territorio son espectaculares— con el fondo sonoro de una elaborada composición musical cuyo autor desea permanecer en el anonimato. Tras ello, y con nuevas escaramuzas con el tiempo, ha dado comienzo la proyección.

Acerca del documental y la gira
Las historias locales y el teatro del Siglo de Oro español no tienen fronteras. Luis M. Casáus, director y fundador del Teatro de Robres, junto al camaleónico actor Roberto Nistal, han culminado una aclamada gira internacional por Argentina. La travesía, realizada a mediados de este año, llevó la esencia del Siglo de Oro y las leyendas de Los Monegros por los escenarios de Buenos Aires, Chaco y Corrientes. El impacto cultural de esta odisea ha sido tal que quedó registrado en el documental audiovisual titulado “Del Canal de los Monegros a orillas del Paraná”, estrenado ayer.
El repertorio elegido para el público sudamericano exigió el máximo nivel técnico y actoral de Roberto Nistal, consolidado como uno de los intérpretes más potentes de la escena actual. “Celestina, el bululú” ha sido el plato fuerte de la gira; esta audaz adaptación de la inmortal obra de Fernando de Rojas, pensada y dirigida por Casáus, recupera la forma de organización más elemental del Siglo de Oro español: un solo actor encarna en solitario a los 12 personajes de la trama —desde la propia alcahueta hasta los jóvenes amantes Calisto y Melibea— sin ningún apoyo en escena.
Por su parte, “El bandido Cucaracha”, basada en la novela histórica de Adell y García, narra en primera persona la vida de Mariano Gavín Suñén, el legendario “Robin Hood” de Los Monegros del siglo XIX. El montaje rompe la cuarta pared y ha conmovido a las audiencias argentinas, que cuentan en su haber con un personaje similar.
Para registrar el hito cultural de conectar el paisaje desértico de Huesca con los humedales del litoral argentino, la compañía produjo un esperado filme documental. La cinta “Del Canal de los Monegros a orillas del Paraná” es una bitácora audiovisual íntima que entrelaza los trayectos de los artistas, los aplausos del público argentino y el hermanamiento entre ambos países a través del teatro popular. Su proyección oficial ha tenido lugar este 20 de agosto dentro de la cartelera del singular Corral de Comedias de Robres, cerrando así el círculo de un viaje que ya forma parte de la historia grande del teatro aragonés.