Titiritero: Javier Calvo convierte a Paco Paricio en protagonista de un viaje al corazón de la cultura popular

El proyecto, presentado en el Festival de Cine de Huesca, sigue al fundador de Los Titiriteros de Binéfar y reflexiona sobre la transmisión cultural

12 de Junio de 2026
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Javier Calvo Torrecilla y Paco Paricio, en el 54º Festival Internacional de Cine de Huesca. Foto Myriam Martínez
Javier Calvo Torrecilla y Paco Paricio, en el 54º Festival Internacional de Cine de Huesca. Foto Myriam Martínez

Después de firmar uno de los mayores éxitos recientes del audiovisual aragonés con Cariñena, vino del mar, Javier Calvo Torrecilla sintió la necesidad de regresar a un cine más cercano a las personas y a las historias nacidas de la tradición. Buscaba un personaje capaz de hablar del territorio, de la memoria y de la forma en que se transmite la cultura popular de generación en generación. Lo encontró en Paco Paricio, fundador de Los Titiriteros de Binéfar, Premio Nacional de Teatro para la Infancia y la Juventud y una de las figuras imprescindibles del teatro popular español.

De ese encuentro nace Titiritero, el documental que el director ha presentado este viernes en el Festival Internacional de Cine de Huesca, una película que acompaña al creador aragonés en una búsqueda sobre el sentido profundo de los títeres y sobre la necesidad humana de seguir contando historias. Lejos de construir una biografía convencional, la obra se convierte en una reflexión sobre el legado de la tradición oral, la transmisión de conocimientos y el valor de aquellos relatos que han acompañado a las personas durante siglos.

La admiración que siente Javier Calvo por Paricio constituye el verdadero punto de partida del proyecto. El cineasta ha explicado que lo que más le impresionó no fue únicamente su trayectoria artística, sino la coherencia entre su forma de pensar, de vivir y de trabajar. "Me enamoré de Paco. Es un hombre bueno y una de esas personas de las que se aprende constantemente. Me encanta su manera de estar en el mundo porque hay una coherencia absoluta entre lo que piensa, lo que hace y la forma en que ha vivido durante todos estos años", ha afirmado.

A juicio del director, el fundador de Los Titiriteros de Binéfar ha desarrollado durante décadas una extraordinaria labor de transmisión cultural. Su trabajo no se ha limitado a conservar canciones, cuentos o juegos tradicionales, sino que ha consistido en profundizar en ellos, comprender sus significados y devolverlos después a la sociedad convertidos en herramientas de aprendizaje y disfrute. "Paco conecta con lo popular, profundiza en ello, lo intelectualiza y después vuelve a transmitirlo. Detrás de cada cuento, de cada canción y de cada juego hay una reflexión enorme sobre la vida, pero él consigue compartirla con una sencillez que parece casi mágica", ha destacado.

La película sigue al artista en un recorrido que transcurre en dos planos paralelos. Por un lado, lo acompaña en sus encuentros con algunos de los grandes referentes internacionales del teatro de títeres en Estados Unidos, Italia y la República Checa. Por otro, muestra la realidad diaria de una compañía que continúa recorriendo pueblos y escenarios después de más de medio siglo de actividad, convirtiendo la carretera en una prolongación natural del escenario.

Javier Calvo Torrecilla y Paco Paricio, en el 54º Festival Internacional de Cine de Huesca. Foto Myriam Martínez
Javier Calvo Torrecilla y Paco Paricio, en el 54º Festival Internacional de Cine de Huesca. Foto Myriam Martínez

La vida itinerante del oficio ocupa un lugar destacado dentro del documental. Más allá de las actuaciones, la cámara se detiene en los desplazamientos, los ensayos, los preparativos y todo aquello que sucede antes y después de cada función. Calvo ha explicado que quería incorporar también imágenes de "la carretera, la rueda que se pincha, el bar de carretera y el ritual de montar y desmontar", porque forman parte inseparable de una profesión construida sobre el viaje constante y el contacto directo con el público.

Uno de los aspectos que más ha reivindicado el director durante la presentación es la necesidad de superar la visión que reduce los títeres a un entretenimiento destinado exclusivamente a los niños. A su juicio, se trata de una manifestación artística mucho más rica y compleja de lo que habitualmente se piensa. "Siempre se ha vinculado a la infancia, pero eso es un error. Los títeres son resistencia, son tradición y son muchas más cosas", ha defendido al explicar algunas de las ideas que atraviesan la película.

Esa reflexión conecta directamente con la manera en que Paco Paricio entiende su profesión. Durante la presentación realizó varios juegos con los asistentes para demostrar que el lenguaje de los títeres forma parte de la experiencia humana desde los primeros meses de vida. Para explicarlo recurrió a una escena cotidiana: la de una persona que mueve los dedos o un sonajero para captar la atención de un bebé que llora.

Para el creador aragonés, el títere actúa como un elemento mediador que permite establecer vínculos emocionales y formas de comunicación que van más allá de las palabras. "Cuando un niño llora, alguien mueve una mano, unos dedos o un sonajero para llamar su atención, para tranquilizarlo o para hacerlo sonreír. Ahí ya aparece el títere. Surge cuando necesitamos comunicarnos de una manera distinta y crear un vínculo que las palabras por sí solas no siempre consiguen", ha explicado.

Paricio ha defendido que esa función sigue siendo tan necesaria hoy como hace siglos. A su juicio, los títeres ayudan a comprender la realidad, a compartir emociones y a construir relatos capaces de conectar a las personas. "Para eso movemos los títeres: para disfrutar de la vida, para dejar de llorar, para acompañarnos unos a otros y para entender un poco mejor lo que nos sucede", ha reflexionado durante un encuentro que acabó convirtiéndose en una reivindicación del poder de las historias.

La conversación se detuvo también en los juegos tradicionales, una de las grandes pasiones del fundador de Los Titiriteros de Binéfar. Lejos de considerarlos simples entretenimientos infantiles, los entiende como depósitos de conocimiento acumulado durante generaciones. Como ejemplo citó el popular "Cinco lobitos", una canción que, según explicó, encierra observaciones relacionadas con la percepción visual y el desarrollo de los bebés en sus primeros meses de vida.

"La cultura popular guarda conocimientos que han sobrevivido durante siglos sin necesidad de manuales ni tratados. Muchas veces creemos que son juegos para entretener a los niños, pero detrás de ellos hay observaciones muy profundas sobre cómo aprendemos y cómo nos relacionamos con el mundo", ha señalado al explicar que muchas de esas prácticas contienen una sabiduría que ha llegado hasta nuestros días a través de la tradición oral.

Presentación de Titiritero, de Javier Calvo, y con Paco Paricio. Foto Myriam Martínez
Presentación de Titiritero, de Javier Calvo, y con Paco Paricio. Foto Myriam Martínez

La capacidad de adaptación de esos relatos apareció reflejada en una experiencia que vivió durante un curso impartido en Montevideo, donde varias maestras indigenistas y feministas le mostraron versiones de juegos tradicionales adaptadas a distintas realidades familiares para que todos los niños pudieran sentirse representados. Aquella experiencia le dejó una reflexión que todavía conserva con emoción y que resume su visión del intercambio entre culturas. "Me dijeron una frase que nunca he olvidado: 'A los españoles se nos llevaron el oro. Usted nos da el cuento'. Aquello me hizo comprender hasta qué punto las historias pueden convertirse en una forma de encuentro entre personas que viven en lugares muy distintos", ha recordado.

La memoria familiar ocupa igualmente un lugar destacado dentro del universo creativo de Paricio. Durante la presentación evocó la historia de su abuelo, un libertario que sufrió el exilio y pasó varios años encarcelado en Huesca durante la posguerra. Aquella experiencia dio origen a una cadena de solidaridad que todavía hoy permanece viva en el recuerdo familiar. Cada vez que su abuela viajaba para visitarlo a prisión, una familia oscense la acogía en su casa. Décadas después, descendientes de aquella misma familia reconocieron la historia tras leer El beso de la Tarara, el libro en el que el titiritero recuperó aquellos recuerdos.

Javier Calvo Torrecilla, en el 54º Festival Internacional de Cine de Huesca. Foto Myriam Martínez
Javier Calvo Torrecilla, en el 54º Festival Internacional de Cine de Huesca. Foto Myriam Martínez

Para Paricio, episodios como ese demuestran que las historias cumplen una función esencial: conservar experiencias humanas que de otro modo acabarían desapareciendo con el paso del tiempo y mantener vivos los vínculos entre personas separadas por generaciones.

Con Titiritero, Javier Calvo construye mucho más que el retrato de un artista. La película se convierte en una reivindicación de la transmisión oral, de la cultura popular y de un oficio que ha sobrevivido durante siglos gracias a su capacidad para emocionar, enseñar y acompañar. Un viaje que atraviesa continentes y carreteras secundarias para recordar que detrás de cada títere, de cada canción y de cada cuento heredado existe una manera de comprender el mundo y de compartirlo con los demás.