Durante años, en casa de Juanjo Moral Cibrián hubo una fotografía que apenas necesitaba explicación: su padre, Juan José Moral Arnaiz, sobre el podio de una etapa de la Carrera de la Paz de 1975, flanqueado por un corredor soviético y otro checoslovaco. Aquella estampa guardaba la memoria de una aventura deportiva que llevó por primera vez a un equipo español a disputar la mejor competición deportiva al otro lado del Telón de Acero. La búsqueda le llevó del ciclismo familiar a la Guerra Fría y, finalmente, a la literatura de espionaje.
El resultado es Vencer en tierra de espías, publicada por Estrella del Norte Ediciones, que el autor presentará este sábado 26 de septiembre, a las 12:00, en la librería El Iglú de Huesca. A partir de aquel episodio, Moral Cibrián ha construido una narración de agentes, fronteras y huidas en una Europa dividida por la confrontación entre bloques.
Moral Cibrián procede de un mundo muy alejado de las letras. Es ingeniero y trabaja en una fábrica de autobuses, donde diseña el powertrain, el sistema que integra componentes como el motor y la caja de cambios. Nunca había publicado un libro cuando aquella búsqueda familiar comenzó a adquirir otra dimensión. La escritura llegó casi por casualidad, sin un propósito editorial previo, a medida que el pasado deportivo de su padre iba revelando una historia que pedía ser contada.
En el centro de ese pasado estaba Juan José Moral Arnaiz, ciclista en los años setenta y miembro de la selección española que participó por primera vez en la prueba. Creada en 1948, la competición atravesaba Alemania Oriental, Checoslovaquia y Polonia y constituía una de las grandes citas ciclistas de los países comunistas.
La edición de 1975 dejó además un resultado excepcional para España. Moral Arnaiz ganó la segunda etapa y otro integrante del combinado español, un corredor madrileño, se impuso en la séptima. La carrera estaba habitualmente dominada por ciclistas soviéticos, polacos, checoslovacos y de la RDA, oficialmente aficionados, pero respaldados por estructuras deportivas estatales. Los españoles competían en condiciones muy diferentes.
La repercusión de aquellas victorias fue escasa. La selección española había entrado en un territorio marcado por la división política de Europa y regresó con un resultado deportivo que apenas dejó huella en España. En la familia Moral quedaron aquella fotografía del podio y algunos objetos de propaganda. Décadas después, Juanjo decidió averiguar qué había detrás de aquella imagen y qué podía encontrar sobre la experiencia de su padre.
La participación en la Carrera de la Paz de 1975 se sumaba a una trayectoria que ya incluía un campeonato de España en categoría amateur y numerosos triunfos en España y Francia. Juan José Moral había sido, además, un corredor con unas características que su hijo considera poco habituales en el ciclismo español de los años setenta. "Ese estilo de corredor en los años 70 en España no era lo normal", explica Juanjo.
Su padre era un ciclista potente, buen rodador y rápido, capaz de desenvolverse en el llano, en los abanicos y en recorridos con cotas, aunque no respondía al perfil clásico del escalador que predominaba entonces. "Tenía capacidad para superar la montaña en un grupo y llegar después con opciones al sprint", unas condiciones que, según su hijo, habrían encajado mejor en el ciclismo actual.

El triunfo en la Carrera de la Paz reforzó sus posibilidades de dar el salto al profesionalismo. Al año siguiente disputó los Juegos Olímpicos de Montreal y llegó a fichar por Superser, el equipo vinculado a Luis Ocaña. Sin embargo, su carrera profesional quedó truncada por circunstancias ajenas a la competición. La desaparición de aquel conjunto y, después, los problemas que acabaron disolviendo otro equipo navarro al que había fichado le dejaron sin una estructura en la que continuar.
Moral Arnaiz decidió abandonar la bicicleta para incorporarse al mundo laboral. Primero trabajó como camionero y después desarrolló su trayectoria profesional como transportista. La historia de aquel corredor que pudo haber llegado más lejos permaneció durante años en la memoria familiar, también a través de las personas que, al reconocerlo en las carreras, le recordaban a su hijo las cualidades que había demostrado.
LA INVESTIGACIÓN
La búsqueda comenzó hace unos veinte años. Primero fueron las imágenes y los documentos relacionados directamente con su padre. Después llegaron las revistas, las grabaciones y otros testimonios de aquella época. Poco a poco, la investigación se amplió hacia el contexto histórico de la prueba. El escritor empezó a interesarse por la relación entre deporte y Guerra Fría, por la importancia que las competiciones tenían para los países comunistas y por todo aquel mundo que había rodeado a su padre sin que él lo conociera en profundidad.
La Guerra Fría terminó formalmente con la desaparición de la Unión Soviética, pero Moral Cibrián considera que muchas de las tensiones geopolíticas actuales hunden sus raíces en aquel periodo. Su interés también nació de sus viajes por los antiguos países comunistas y de la curiosidad por la propaganda con la que se trataba de demostrar la superioridad de un sistema sobre el otro. "Para mí no acabó, simplemente estuvo, llámalo aletargada o hibernando", sostiene.
Hasta que apareció una idea. Hacia 2020, aquellas vivencias familiares comenzaron a tomar otra forma en su cabeza. Juanjo imaginó que podían servir de punto de partida para una historia de espías. "Entonces pensé y dije, pues sería la leche que alguien utilizara de telón de fondo, como decorado, estas vivencias reales que tuvieron mi padre y sus compañeros con anécdotas también bastante curiosas. Y lo mezclara con una historia de ficción".
Al principio pensó que sería otra persona quien llevaría esa idea al papel. En diciembre de 2020 decidió asumir él mismo el proyecto. "Ahora o nunca o lo hago yo o no lo hace nadie". Empezó sin experiencia literaria y sin intención inicial de publicar, pero los primeros lectores, familiares y amigos, le animaron a continuar. El manuscrito quedó terminado en diciembre de 2022 y entonces comenzó la búsqueda de una editorial.

ENTRE LA MEMORIA Y LA FICCIÓN
La historia que Juanjo Moral Cibrián ha construido sobre aquel fondo real tiene como protagonista a Max Werner, un piloto de combate de la República Democrática Alemana, hijo de un alto dirigente de la Stasi. El personaje queda atrapado después de ser descubierto con información sensible relacionada con una base soviética instalada en territorio de la RDA. Acusado de traición, se ve obligado a huir y encuentra ayuda en el MI6 británico. Su conocimiento del español permite preparar una vía de salida vinculada a la selección española de ciclismo.
La operación debía durar apenas unos días, pero las circunstancias obligan a Werner a permanecer junto al equipo durante la competición. Ahí comienza a estrecharse el vínculo entre la trama inventada y los hechos que Moral Cibrián había reconstruido durante años. El escritor no convierte a su padre en un personaje de espionaje: Juan José Moral y los demás ciclistas aparecen como figuras secundarias, con nombres ficticios, y sus intervenciones sirven para mostrar la vida cotidiana en aquellos países y las diferencias entre ambos lados de Europa. El seleccionador nacional ocupa un lugar distinto, ya que su papel le permite introducirlo de forma más directa en la trama.
La novela tampoco sigue un recorrido cronológico. Moral Cibrián retrocede hasta la Guerra Civil española y pasa después por la Segunda Guerra Mundial para reconstruir los antecedentes de Werner, antes de situar la mayor parte de la acción en 1974 y 1975. "La novela está escrita, digamos, no está escrita de manera lineal. Digamos que algunos capítulos va y viene en el tiempo".
Entre las referencias que acompañaron al autor durante la escritura está John le Carré, al que llegó a leer de forma casi exclusiva durante una etapa en la que se sumergió en la literatura sobre la Guerra Fría y el espionaje. El espía que surgió del frío fue el libro que le abrió la puerta a ese universo literario y el principal referente para una novela que, aunque transcurre en otro momento, comparte con aquella tradición la presencia de fugitivos, agentes y personajes obligados a moverse entre dos mundos.
Pero si la novela es un homenaje, lo es también por una razón que va más allá de haber recuperado aquella experiencia deportiva. Juanjo había visto durante años que a su padre le había quedado pendiente la posibilidad de comprobar hasta dónde podía llegar como profesional. Después de su paso por el ciclismo amateur, los Juegos Olímpicos y los equipos profesionales que terminaron desapareciendo, aquella trayectoria quedó interrumpida. El propio Juanjo ha percibido esa sensación a lo largo del tiempo, también a través de las personas que todavía recuerdan cómo corría su padre.
"Yo siempre a mi padre le noté que tenía una espinita clavada", explica. Por eso concede un significado especial a lo que ha ocurrido desde la publicación del libro: su padre ha acompañado a Juanjo en numerosas presentaciones y ha vuelto a encontrarse con personas que conocen aquella etapa de su vida deportiva. "Creo que con el libro, algo le hemos sacado la espinita", estima.
La novela se publicó el 20 de agosto de 2024, precisamente el día del cumpleaños de Juan José Moral. Desde entonces, ambos han recorrido distintas ciudades para presentar el libro. Este sábado regresarán a Huesca, donde Juanjo volverá a contar la historia que comenzó con una fotografía familiar y terminó encontrando una segunda vida entre la memoria y la ficción. Si su padre finalmente le acompaña, volverán a compartir también ese momento.