El modelo tradicional de exhibición cinematográfica atraviesa una profunda transformación y las salas ya no son el único termómetro para medir el interés del público por el cine. Esa ha sido una de las principales reflexiones que ham dejado este miércoles los representantes portugueses del Jurado Internacional de Cortometrajes del 54º Festival Internacional de Cine de Huesca, Nuno Beato y Ricardo Vieira Lisboa, durante el encuentro "Vermú con... Portugal", moderado por Chus Fenero en el exterior de Ultramarinos La Confianza.
La conversación, enmarcada en la programación dedicada al territorio luso como país de honor de esta edición, ha abordado la evolución de su industria, la situación de la animación, las dificultades de exhibición, el papel de los festivales y la importancia de conservar el patrimonio cinematográfico.
"Seguimos evaluando las cosas como se hacía en los años ochenta y noventa, con un mercado que ya no es así", ha afirmado Beato al analizar la pérdida de espectadores en las salas. A su juicio, el problema no radica en una falta de interés por esta disciplina artística, sino en un cambio profundo de hábitos. "A la gente le gusta el cine y le gusta ver cine, pero la fórmula que existía para verlo ya no funciona", ha señalado.
El realizador portugués ha defendido que hoy el consumo audiovisual se extiende mucho más allá de la exhibición convencional y que las estadísticas continúan midiendo el éxito únicamente por la asistencia a las salas. Como ejemplo, ha destacado que muchos festivales siguen llenando aforos mientras las salas comerciales sufren un progresivo descenso de espectadores.
ANIMACIÓN CON IDENTIDAD PROPIA
La primera parte del encuentro ha estado dedicada a la trayectoria de Nuno Beato, productor, director y docente especializado en animación, quien ha repasado la evolución de un sector que, a su juicio, atraviesa uno de los momentos más estimulantes de su historia reciente en Portugal.
“Yo decía de pequeño que quería hacer dibujos”, ha recordado al evocar los orígenes de una vocación que terminaría convirtiéndose en una carrera de casi tres décadas. Aquel interés inicial desembocó en una dedicación profesional que le ha permitido acompañar de primera mano el crecimiento de una disciplina que durante años ocupó una posición muy minoritaria dentro de la industria audiovisual portuguesa.
“Estamos empezando a crear una industria”, ha afirmado Beato, quien ha destacado el aumento de la formación especializada, la aparición de nuevos creadores y el fortalecimiento de una estructura profesional que, aunque todavía modesta, ha permitido consolidar un panorama cada vez más sólido y diverso.
El realizador ha defendido además que la animación portuguesa ha conseguido construir una identidad propia, diferenciada de la evolución seguida por el cine de imagen real. Según ha explicado, durante décadas estuvo más vinculada al dibujo y a una sensibilidad poética que a los códigos narrativos tradicionales del cine, una característica que sigue siendo reconocible pese a la transformación experimentada por el sector.
“Hay más variedad, pero seguimos teniendo identidad”, ha valorado. Para Beato, la principal fortaleza de la creación portuguesa reside precisamente en esa capacidad para ampliar horizontes estéticos y narrativos sin romper el vínculo con las referencias culturales que la han definido históricamente.

MÁS PELÍCULAS, MENOS ESPECTADORES
La situación actual del cine portugués ha centrado parte de la intervención de Ricardo Vieira Lisboa, programador, crítico cinematográfico y miembro de la Cinemateca Portuguesa, quien ha trazado una panorámica de la evolución experimentada por el sector durante las últimas décadas.
Vieira ha explicado que durante los años ochenta y noventa el sistema público de ayudas se concentraba casi exclusivamente en la producción de largometrajes, lo que limitaba considerablemente el volumen de estrenos anuales. Aquella realidad comenzó a cambiar cuando el Instituto do Cinema e do Audiovisual (ICA) amplió las líneas de apoyo a documentales, cortometrajes y producciones de animación.
La apertura de esas convocatorias permitió la incorporación de nuevas generaciones de realizadores y multiplicó la producción cinematográfica portuguesa. Sin embargo, el crecimiento creativo no ha ido acompañado de una respuesta equivalente por parte del público.
“El año pasado se estrenaron 54 largometrajes portugueses y no hay público para eso”, ha señalado. Según ha explicado, la asistencia a las salas se ha resentido de forma significativa tras la pandemia, una tendencia que no afecta únicamente al cine nacional, sino también a las grandes producciones internacionales.
A esa situación se suma, según Vieira, la pérdida progresiva de espacios de exhibición. “El año pasado cerraron cuarenta salas”, ha recordado, al tiempo que ha señalado que parte del problema responde a una percepción desactualizada de la cinematografía portuguesa.
A su juicio, una parte importante del público continúa asociando el cine luso a determinados modelos autorales surgidos hace décadas y desconoce la amplitud de propuestas que conviven actualmente dentro del sector. “Hay mucha más variedad, pero gran parte del público sigue teniendo una idea del cine portugués que pertenece a los años ochenta”, ha explicado.
EL CORTO, SEMILLERO DE TALENTO
La conversación también se ha detenido en el papel que ha desempeñado el cortometraje en el desarrollo de la cinematografía portuguesa. Vieira ha recordado que las ayudas específicas destinadas a este formato permitieron que numerosos realizadores pudieran experimentar, desarrollar una voz propia y dar sus primeros pasos antes de emprender proyectos de mayor envergadura.
Aunque para algunos cineastas el cortometraje constituye una etapa previa al largometraje, otros han encontrado en él un lenguaje autónomo con capacidad para desarrollar propuestas artísticas plenamente consolidadas. En cualquier caso, ambos participantes han coincidido en que su contribución ha sido fundamental para la renovación creativa del sector.
En el ámbito de la animación, Beato ha subrayado que ese respaldo continuado ha permitido formar sucesivas generaciones de profesionales y elevar de manera significativa el nivel de las producciones portuguesas.
Como ejemplo de la capacidad de proyección alcanzada por este formato, ha recordado el recorrido de “Ice Merchants”, la obra nominada al Óscar y dirigida por Joäo González, que logró reunir cerca de 12.000 espectadores en salas, una cifra excepcional para un cortometraje.
LA CINEMATECA
Otro de los asuntos que ha despertado mayor interés entre los asistentes ha sido el trabajo que desarrolla la Cinemateca Portuguesa para conservar y difundir el patrimonio audiovisual del país.
Vieira ha explicado que la institución no solo custodia materiales originales y restaura películas históricas, sino que también impulsa proyectos de digitalización y divulgación destinados a acercar ese legado a las nuevas generaciones.
Durante su intervención ha compartido además una historia reciente que ejemplifica la importancia de esa labor. Hace apenas unas semanas, un joven de 24 años entregó a la Cinemateca una antigua lata de película adquirida a un coleccionista. En su interior apareció una copia de lo que se considera el primer cortometraje portugués de animación realizado con siluetas, una obra fechada en 1931 cuyo paradero se desconocía desde hacía décadas.
El hallazgo ha permitido recuperar una pieza considerada desaparecida y poner en marcha un proceso de conservación destinado a garantizar su preservación y futura exhibición pública.
“Sabíamos que existía porque aparecía en los libros, pero se creía perdida”, ha explicado Vieira, quien ha destacado la relevancia histórica de un descubrimiento que contribuye a completar la memoria audiovisual portuguesa.

LOS DEMONIOS DE BARRO
En la recta final de la sesión, se ha departido sobre “Los demonios de barro”, el primer largometraje de Nuno Beato, una producción que combina técnicas de stop motion y animación digital y cuya realización se prolongó durante siete años.
El director ha explicado que el proyecto nació en un momento especialmente complejo para la animación portuguesa, cuando apenas existían antecedentes de largometrajes producidos íntegramente en el país. Aun así, el equipo decidió asumir un reto que acabaría cristalizando con su estreno en el prestigioso Festival de Annecy en 2022.
La película narra la historia de una mujer que regresa a la aldea de su abuelo tras su fallecimiento para reconstruir los vínculos perdidos con sus orígenes. Ambientada en la región de Trás-os-Montes, la obra incorpora tradiciones populares, elementos del imaginario local y una profunda reflexión sobre la identidad, la memoria y el arraigo.
“Cuando contamos las historias que tenemos en casa es cuando aparecen las historias con alma”, ha concluido Beato, reivindicando la capacidad de los relatos más cercanos para conectar con públicos de cualquier lugar del mundo.