La artista oscense Vic Crespo Generelo ha transformado su propio desorden acumulado en una propuesta expositiva que interpela de frente al espectador. Identidad material, instalada en el Centro Cultural Manuel Benito Moliner, no es una simple muestra de objetos reciclados, sino una exploración de la condición humana a través de la materia, el residuo y la repetición del rostro como símbolo.
La exposición, visitable del 26 de febrero al 29 de marzo en horario de 18:00 a 21:00, articula un recorrido construido con materiales reciclados, desechos, barro y restos de procesos anteriores. Crespo fusiona su trayectoria en las artes plásticas y las artes escénicas para crear un espacio de carácter ritual donde lo descartado adquiere una nueva dimensión simbólica.
El origen del proyecto es tan doméstico como conceptual. “Hace tiempo que quería limpiar un poco todos los trastos que tenía en casa y me parecía un buen momento para juntar las dos partes”, explica la artista. Durante años acumuló objetos bajo la promesa recurrente de “ya haré algo con esto”, y ahora ha decidido exhibir por primera vez ese archivo íntimo convertido en lenguaje visual.
Lejos de un planteamiento ornamental, la propuesta adopta la acumulación como procedimiento creativo. Crespo admite que el conjunto responde a una composición “absolutamente aleatoria”, impulsada por la atracción hacia los colores y las texturas. Le interesa por igual una placa base electrónica y una bolsa de esparto, materiales dispares que integra en lo que denomina “basura semántica”. Esa suma heterogénea alcanza cohesión mediante el volumen aplicado al plano y la densidad simbólica que cada fragmento incorpora al conjunto.
La utilización de la basura como punto de partida obedece a una postura crítica ante el actual sistema productivo. “No estoy nada conforme con el modelo de consumo que tenemos”, señala. En su opinión, la dinámica de fabricación y descarte avanza a tal ritmo que los objetos no alcanzan a completar su ciclo natural. De ahí que reivindique la reutilización como decisión creativa y ética, una forma de impugnar la cultura de lo efímero y la inercia del usar y tirar.
En el recorrido expositivo, la máscara ocupa un lugar central. No como elemento escénico, territorio habitual de la autora, sino como dispositivo expositivo y espejo. Las piezas se sitúan a la altura del rostro para favorecer la confrontación directa. Crespo utiliza reiteradamente el mismo molde facial como analogía de una “masa emocional” común, una identidad que invita a reconocerse en la superficie ajena.
La muestra supone además un hito personal. Se cumplen veinte años de la primera experiencia expositiva de la artista en la ciudad, en la muestra Okuparte, y una década desde el estreno de su primera obra teatral con compañía propia. Esa trayectoria híbrida, asumida sin necesidad de elegir entre disciplinas, ha desembocado en un lenguaje donde la imagen escénica y el objeto plástico dialogan sin jerarquías.
La inauguración ha contado con el respaldo de Antonia Nadal, técnica de Cultura del Ayuntamiento, a quien Crespo ha agradecido la confianza depositada en el proyecto desde los primeros bocetos. Identidad material no ofrece respuestas cerradas, pero sí plantea una pregunta incómoda: qué coste tiene nuestra forma de avanzar y qué identidad construimos a partir de lo que producimos y desechamos.