Vicente Lachén y su entrañable "coseo" oscense por las tiendas de todo un siglo

El primer acto de La Fiesta de la Historia dentro de la Semana de Comercio de Huesca hace disfrutar a puro de nostalgia

07 de Octubre de 2026
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Vicente Lachén e Irene Abad en La Semana del Comercio de Huesca con un paseo por los cosos Alto y Bajo
Vicente Lachén e Irene Abad en La Semana del Comercio de Huesca con un paseo por los cosos Alto y Bajo

El primer acto de La Fiesta de la Historia, un proyecto de la Universidad de Zaragoza cuyo objetivo es superar los muros académicos y hacer que la historia llegue a la ciudadanía como ha explicado en la presentación Irene Abad, ha configurado un atractivo acto dentro de la Semana del Comercio de Huesca con el protagonismo de Vicente Lachén, fotógrafo y curioso escudriñador de hemerotecas y archivos.

Lachén, acompañado por la historiadora Abad, ha desarrollado la charla "El Comercio de Huesca, 1900-1999: un paseo por el Coso", un recorrido por la historia y la intrahistoria que discurre a ras de calle en la arteria principal de la ciudad y a través de las tiendas.

Relatos, fotografías, hemeroteca, anuncios, bolsas de hace cien años, objetos hallados por azar en el Rastro de Madrid. Rótulos y direcciones que acumulan anécdotas, relevos y sorpresas, con nombres propios de oscenses proactivos que dejaron huella.

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La narración de Vicente Lachén repleta de imágenes ha descubierto una manera de vivir en torno a las relaciones humanas, a través de la hemeroteca de EL DIARIO DE HUESCA (1875-1936) que ofrece curiosidades como aquellos viejos gremios como el de las guarnicionerías o las felicitaciones de fiestas, los primeros anuncios de animales domésticos, los calendarios de bolsillo, los enseres agrícolas como los arados de La Golondrina, míticas enseñas como la Joytería Mota, la peluquería y fotografía La Moderna, las frutas y hortalizas de La Oscense de Lorenzo Gastón, los Calzados Franco, la Radioelectricidad Buisán con su anuncio a base de una ilustración llamativa, los Muebles Agustín Arnal que hoy, siglo y medio después, siguen en su lugar del Coso Alto 65, El Fosco de hoy que antes fue Correos y antes el Bar Longás de Cruz Mascaray y a su vez previamente fábrica de gaseosas de Juan Longás.

Lachén ha escogido por su significación veinticinco establecimientos del Coso Alto y otros tantos del Bajo. En los primeros, los Viajes Abad en el Pasaje Abellanas, la pintura de Pablo Albero -a la sazón banderillero- cuyo Fiat era admirado en sus paseos por grandes plazas de toro, Los Alemanes, el taller de encuadernación José Álvarez, la confitería y pastelería de Julio Aranda, Ángel Sopeña en cuya tienda estaba siempre Pedro Azorín cantando, las vajillas y baterías de La Argentina, la perfumería exclusiva Luis Arguis Mur, los ultramarinos de Miguel Arruego con pan de molino propio, las Novedades Baby de Angelines, Petra e Irene Toro Viñuales; la carnicería y tocinería de Antonio, Jesús y Agustín Baldovinos que servía carne de ballena; los autobuses de Ángel Bayego y sus viajes a Lourdes, la mercería Campetes de Fermín Campo, La Confianza del Coso 24 que era bazar que vendió bujías esteáricas con bolas de sebo, la Farmacia Domingo, los ultramarinos de José Gambau, la fotografía de Emilio Gutiérrez que garantizaba "retratos parecidos al retratado", la Sombrerería Laiseca, la publicidad a la contra entre Gonzalo Maisonave e Ignacio Coscojuela, este último el primer servicio a domicilio, la Panadería Ortiz, la zapatería de Lorenzo Rivarés y el joyero Francisco de Rosa.

La Fiesta de la Historia con Vicente Lachén e Irene Abad
La Fiesta de la Historia con Vicente Lachén e Irene Abad

AL COSO BAJO

Con el entusiasmo en las explicaciones, Vicente Lachén olvidaba el paso del tiempo... de la conferencia. Había de acelerar para mostrar los anuncios de los 25 elegidos del Coso Bajo, cuya enumeración iniciaba con Ultramarinos Atarés de Pascual Atarés, antepasado de los hermanos Antonio y Carlos Saura, con fábrica de chocolate y menú para llevar. Proseguía con Juan Bermejo, precursor del "todo a cien" con productos a 95 y 65 céntimos de peseta.

Un mítico, la funeraria de Sixto Bernués también con fuegos artificiales, la farmacia de Manuel Camo y Nogués con su rebotica convertida en tertulia política, Joaquín Cajal Esartín que fue padre de Cajal Lasala, con lanas y tejidos; Jesús Gascón de Gotor y Rosario Casaus, farmacia y perfumería, la segunda enviudó al ser ejecutado el primero en la Guerra Civil.

A la carrerilla, se encaminaba Vicente Lachén a La Coruñesa abierta por Mariano Luna en 1922 y pasaba a Pablo Artero y su reputada La Innovación, Domingo López Elboj (los actuales ultramarinos de Víctor Arnal), peluquero Jesús Machuca y su novedoso corte de navaja, la sastrería de Gerardo Mompradé cuyos trajes eran tan duraderos que se tildaban "de cadena perpetua", la relojería La Oriental de Nemesio Orús, uno de los tres primeros objetores de conciencia de España por lo que estuvo a punto de ser fusilado en las dos zonas en conflicto. La sedería de Juan Antonio Palá, primer presidente de la Asociación Velocipedista de Huesca. Y la paragüería de Le Parisien, que presumía de tener un stock de dos mil paraguas en una ciudad de doce mil habiantes.

Sacaba la sonrisa a la concurrencia Vicente Lachén. Era el turno de la pastelería de Pablo Pascual que traspasó a Pascual Tricas, para seguir paseando por la droguería de Vicente Plana Mur, la pastelería y venta de gasolina de Pascual Potoc que trajo las Colinetas, un personaje como Ovidio Rin que vendía motos Harley Davidson y Chevrolet, la armería de Paulino Rivas, Francisco Sábado que fue el impulsor del Jai Alai y, finalmente, la familia Lasala que abrió la Confitería Vilas en 1700 y es hoy la tienda más antigua de Huesca.

Un trazado exhaustivo por los cosos y un cartel provocativo para concluir placenteramente "el coseo": "Cerrado por cansancio". No fue el caso porque la satisfacción de la curiosidad había sido el premio reconstituyente. 

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