La lectura dramatizada es una modalidad oral en la que el lector interpreta un personaje con matices de su voz y expresión corporal. El leer de manera dramatizada un texto no es un simple traslado boca-oreja al oyente, sino que incluye expresividad corporal y vocal para que el público vea, escuche y sienta al personaje. Es un formato muy rico en matices y que incluye la lectura en voz alta con todos los parámetros expresivos que normalmente se anulan durante una lectura al uso.
La tarde del pasado sábado se mostró un excelente ejemplo de lo que esta herramienta actoral implica. El grupo Voces de Papel ha puesto en escena la lectura dramatizada de Melocotón en almíbar, obra de Miguel Mihura estrenada en 1958. El punto de arranque es intrigante: un pequeño grupo de atracadores se refugia en Madrid tras perpetrar un robo en Burgos. Una vez en el piso refugio, uno de ellos cae enfermo y precisa de la ayuda de una enfermera para su cuidado. La enfermera resulta ser una monja que, además de habilidades sanitarias, tiene agudas dotes de observación y un evidente olfato detectivesco.
Voces del Papel comenzó su andadura en el Aula de Teatro y Poesía de Ibercaja. Ha realizado montajes muy diversos escenificando desde Agatha Christie y Reginald Rose (12 hombres sin piedad) a los nacionales Jardiel Poncela, Miguel Mihura, Alejandro Casona y Alfonso Paso. Un amplio repertorio y una extensa historia de la que se pueden ver muestras incluso en el portal de videos YouTube. Frescura, desparpajo y dignidad interpretativa en las voces de este grupo de mujeres y hombres que se han ganado sobradamente su espacio en el ámbito escénico aragonés. Así ha presentado Luis M. Casáus, director del Corral de Comedias de Robres, esta nueva tarde de ficción escénica. Junto a ello, se ha permitido alguna confidencia que destacaremos en próximas ocasiones.
No parece una lectura al uso. Los guiones que los personajes llevan en sus manos dejan de ser visibles al espectador, llegando a asimilarse a nuevos accesorios escénicos. La interpretación gestual, el movimiento por escena, los énfasis dados nos llevan a una reinterpretación dramática donde los guiones dejan de ser muletas necesarias por la no memorización del texto a nuevos elementos con los que interactuar y dotar de vida nueva.
Algo más de hora y media de chocantes expresiones al uso de los años cincuenta del siglo pasado, maneras de comportarse e invadir tanto espacio físico como intimidad personal hoy impensables, sombras de sospechas infundadas aunque bien asentadas en evidencias sólidas... Y, revoloteando en todo momento, un torbellino de monja con imaginación desbordada a la altura de sus dotes de observación y un elenco de actores y actrices que van generando un hilo argumental que revienta en un final inesperado.
En definitiva, un rotundo éxito del veterano grupo aficionado oscense y una línea brillante más en la espléndida hoja de servicios que el Corral de Comedias de Robres viene prestando al mundo escénico y cultural.