Yasmina Praderas, nominada al Oscar: “Ha sido lo más emocionante que he vivido en mi vida”

La oscense reflexiona defiende con serenidad la importancia del sonido como elemento central del cine

05 de Febrero de 2026
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La oscense Yasmina Praderas, en el centro de la imagen y en esta foto de archivo, sosteniendo el Goya al mejor Sonido por As Bestas.
La oscense Yasmina Praderas, en el centro de la imagen y en esta foto de archivo, sosteniendo el Goya al mejor Sonido por As Bestas.

La nominación al Óscar de Sirāt ha situado el trabajo sonoro en el centro del debate cinematográfico y ha proyectado, con naturalidad, el nombre de Yasmina Praderas más allá de los circuitos especializados. La mezcladora de sonido oscense forma parte del equipo que opta a la estatuilla en una de las categorías más técnicas y menos visibles, pero también más determinantes, del lenguaje audiovisual. Un reconocimiento que llega tras una trayectoria sólida, construida sin estridencias, y que ella interpreta desde la serenidad del oficio.

Ha sido lo más emocionante que he vivido en mi vida, muy intenso y muy bonito”, admite Praderas al recordar el momento en el que se confirmó la nominación. El equipo, que comparte con Laia Casanovas y Amanda Villavieja, sabía que el trabajo había generado interés, pero no se movía en un terreno de expectativas desmedidas. “Habíamos tenido muy buenos feedbacks, sobre todo de departamentos técnicos, pero nunca piensas que eso te pueda llevar hasta aquí”, explica.

En su caso, la percepción previa era la de un trabajo casi artesanal, alejado de las grandes producciones industriales que suelen dominar las quinielas. “Nos sentíamos mucho más pequeñas, mucho más manuales, frente a proyectos con presupuestos enormes”, señala. De ahí que la nominación se haya vivido más como una confirmación del camino recorrido que como una ruptura con lo anterior.

La trayectoria de Yasmina Praderas se ha consolidado en los últimos años como una de las más relevantes en el ámbito del sonido cinematográfico en España, con cerca de medio centenar de proyectos en los que ha trabajado como responsable de mezclas, más de treinta de ellos largometrajes. Entre sus trabajos figuran títulos como Mi querida cofradía, Quien a hierro mata -que le valió su primera nominación al Goya-, Sentimental, No matarás, Way Down, Mediterráneo, Venus, La niña de la comunión, Els encantats o As bestas, película por la que obtuvo en 2023 el Goya a Mejor Sonido, convirtiéndose en la primera mujer mezcladora de sonido en lograrlo en las 37 ediciones del galardón, además del Premio Platino a la Mejor Dirección de Sonido. A este recorrido se suma el Premio Pan y Rosas, concedido por la Muestra de Cine Realizado por Mujeres, que reconoce tanto su aportación creativa y técnica al cine como su papel como referente en la visibilización del trabajo de las mujeres en la industria audiovisual.

DIALOGAR CON LA IMAGEN

El proceso creativo de Sirāt, dirigida por Oliver Laxe, exigía una atención minuciosa al sonido como elemento narrativo, cuyo propósito es dialogar con la imagen. “Hemos intentado que el sonido vibre, que esté vivo y que acompañe emocionalmente a los personajes”, afirma. Esa vibración no responde a un virtuosismo técnico aislado, sino a una escucha constante de la película, de su ritmo y de su respiración interna.

Uno de los retos principales fue encontrar un lenguaje común entre disciplinas y sensibilidades distintas. “Había que poner de acuerdo muchas miradas y muchas necesidades emocionales”, recuerda. En ese trabajo colectivo, el sonido se construyó capa a capa, con especial atención a los silencios y a los paisajes sonoros. “Hay momentos que parecen silencio, pero no lo son: están llenos de viento, de roces, de presencia”, explica.

Praderas no establece una jerarquía entre este trabajo y otros reconocidos anteriormente, como el Goya obtenido por As Bestas. “El esfuerzo y la implicación son los mismos”, sostiene. La diferencia, en su opinión, está en la recepción internacional de la película y en la sensibilidad del público estadounidense hacia el diseño sonoro. “Creo que allí el sonido se escucha de otra manera, se analiza más como parte del relato”, apunta.

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Más allá del ámbito profesional, la nominación ha tenido una dimensión íntima que la autora valora especialmente. “Lo más bonito ha sido compartirlo con la familia y con los amigos”, dice, y añade que el eco recibido desde Huesca le ha resultado especialmente cercano. “Notas la ilusión de la gente, el orgullo con el que lo viven, y eso te emociona mucho”.

A pocas semanas de la gala -se celebra del domingo al lunes 15-16 de marzo-, Praderas evita cualquier discurso épico. No habla de metas ni de sueños cumplidos, sino de recorrido. “Llegar hasta aquí ya es muchísimo”, afirma. Y si el Óscar acabara materializándose, no hay una puesta en escena imaginada ni un festejo grandilocuente. “Lo celebraría con los míos, sin más. Eso sería lo importante”.

En Sirāt, el sonido no reclama protagonismo, pero sostiene la película desde dentro. Y ese es, quizá, el mejor resumen del trabajo de Yasmina Praderas: una forma de estar en el cine que no busca el foco, pero que acaba, inevitablemente, iluminando el conjunto.

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