Vino a confirmarse justamente el mismo día en que se cumplían los 929 años de la Batalla de Alcoraz, cuando el intrépido rey Pedro I de Aragón arrebató la ciudad de Wasqa a la poderosa taifa zaragozana de Al-Mustaín II. Los anales de la historia confirman esa fecha y esa hazaña del monarca aragonés, y para la leyenda queda la escenografía del dragón y otros grafismos simbólicos.
Este noviembre de 2025 se confirmaba la noticia, ya mascada previamente, de que a San Jorge le iba a acompañar en las nuevas lides el dragón posmoderno que es Amazon, por aquello de que las arcas de la Corte siempre han necesitado de las aportaciones de los nobles y los pudientes de cada época para sustentar los recursos para sus conquistas. Sucede hoy y sucedía en las casas reales del medievo. De hecho, incluso definía las querencias de los monarcas como Jaime el Conquistador que finalmente renunció a ser enterrado en Sijena porque los aristócratas catalanes, quién los ha visto y quién los ve, eran más generosos que los aragoneses y le fueron más leales, entendida la lealtad como disponibilidad de moneda en curso para financiar sus proezas.
No es cuestión de escandalizarse por el mercantilismo que impregna hoy el fútbol, ni de criticar el hecho de que la denominación de los estadios se modifique. Necesidad hecha virtud que es moda desde hace años en países bárbaros -sea dicho con el cariño y con la simple significación histórica-, en España ya tiene también su costumbre reciente. Por cierto, siempre sin consultar a la afición, a pesar de que es el elemento nuclear de este negocio. El Sadar fue Reino de Navarra, aunque acabó siendo El Sadar porque nadie se baña dos veces en el mismo río, que filosofó Heráclito. El Camp Nou es Spotify y el Atlético de Madrid juega en el Wanda Metropolitano.
La vida se enriquece con los matices, pero al final Poderoso caballero es don Dinero (Madre, yo al oro me humillo, él es mi amante y mi amado, que compusiera Quevedo) y, al final, los aficionados somos capaces de desprendernos del romanticismo y el arraigo identitario para que Enol marque unos cuantos goles de más.
No, a mí no me gusta que el estadio se llame El Alcoraz by Amazon. Primero, por sentimiento. Segundo, por anacronismo, y es que Amazon y El Alcoraz juegan en dos dimensiones temporales distintas, tanto si concebimos la batalla como la construcción del campo hace más de medio siglo. Tercero porque, más allá de estas transgresiones, el "by" se me antoja una desubicación profundamente cursi, propia de estos tiempos en los que teñimos de anglicismos prescindibles lo que no deja de ser una cursilería de tomo y lomo, un artificio que es un sindiós. Y, último, porque no me veo cantando "El Alcoraz by Amazon su estadio, azulgrana su color, su Sociedad Deportiva, San Lorenzo su patrón". Y a mí me gusta mucho entonar el himno, que me parece impresionante.
Reitero: no se me escapa la razón e incluso sostengo que es de agradecer que Amazon quiera aportar a la causa azulgrana, porque bien vendrán sus perricas durante equis años. Incluso me agrada, puestos en el compromiso de agregar el nombre del gigante, que asuman que lo primero es la tradición y es el sentimiento: El Alcoraz por delante. Pero los expertos del "naming" (para que vean que también se utilizar algúna palabra inglesa y un concepto marquetiniano de hoy día) se han lucido con la frívola afectación del "by". Conste, aunque no sirva para nada, mi desaprobación. Por Huesca y por Cervantes.
P.D.: Se admiten discrepancias y hasta críticas hacia el periodista veterano y presuntamente extemporáneo que defiende una cierta pureza del lenguaje y de las formas.