A pocas horas de que arranque la XX edición de la CanfrancCanfranc, Álex Varela reivindica aquello que, a su juicio, ha permitido a la prueba mantener una personalidad propia después de veinte años: su dureza, su carácter técnico y una forma de entender las carreras de montaña que no pretende adaptarse a todas las tendencias. “Somos diferentes. Es una carrera muy dura, muy técnica, y eso tiene su público”, asegura su director.
La reflexión adquiere especial relevancia en un momento en el que el trail está experimentando una progresiva tendencia hacia distancias más cortas y menos exigentes. Canfranc, sin embargo, sigue manteniendo una respuesta importante incluso en sus ultras. Para Varela, detrás de esa fidelidad hay un corredor que busca precisamente aquello que diferencia a esta prueba. “No es un público muy grande, pero existe y es fiel a este tipo de carreras. Puede que sea incluso más fiel que el público que participa en otras pruebas”.
La CanfrancCanfranc llega además a sus veinte ediciones en un momento especialmente significativo. Será la primera después del Campeonato del Mundo de Montaña y Trail Running CanfrancPirineos 2025 y reunirá del 11 al 13 de septiembre a alrededor de 1.500 corredores. La organización afronta ahora una etapa diferente: no se plantea seguir aumentando el número de participantes, quiere preservar la identidad deportiva que la ha llevado hasta el escenario internacional y pretende reforzar la dimensión social de una carrera estrechamente ligada a Canfranc y sus gentes.
De una pequeña carrera de pueblo al escenario mundial
Cuando Varela mira hacia aquella primera CanfrancCanfranc de 2007, encuentra un elemento que permanece intacto: “Ese espíritu de carrera organizada por un pueblecito de 600 habitantes; unas gentes que se vuelcan en ella y para las que, en muchos casos, es el evento del año”. Para su director, esa implicación explica en buena medida el camino recorrido durante estas dos décadas. “Eso es lo que hace que sea tan importante para el pueblo y que haya llegado hasta donde está, porque, al fin y al cabo, se la han creído”.
Lo que ha cambiado por completo es todo lo que rodea a la competición. De una pequeña meta instalada en la plaza del Ayuntamiento se ha pasado a un evento que ocupa buena parte de Canfranc Estación, con una compleja estructura logística, feria del corredor y un dispositivo capaz de atender seis carreras simultáneamente. Los recorridos, sin embargo, mantienen la filosofía original.
Varela sitúa uno de los grandes puntos de inflexión en 2015, con la aparición de la Ultra. “Empezó a venir gente de fuera y dejó de ser una carrera del valle. Se produjo un cambio radical en el perfil del corredor”.
Después llegarían otros dos momentos determinantes. En 2020, en plena pandemia, la organización decidió sacar adelante la carrera y demostró su capacidad organizativa en unas circunstancias especialmente complejas. Y en 2021 llegó la entrada en la Copa del Mundo, otro paso decisivo en su internacionalización. El proceso culminó en 2025 con la celebración del Campeonato del Mundo.
“Hay cosas que aprendió el Mundial de la CanfrancCanfranc”
Un año después, la prueba recupera su formato habitual, pero la experiencia mundialista ha dejado huella. “Hay cosas que aprendió el Mundial de la CanfrancCanfranc y cosas que aprendió la CanfrancCanfranc del Mundial”, resume Varela.
La parte estrictamente deportiva, los trazados y la filosofía de las carreras procedían en buena medida de la experiencia acumulada durante años por la CanfrancCanfranc y fueron trasladados al Campeonato del Mundo. En sentido contrario, el Mundial permitió avanzar en cuestiones relacionadas con la logística, la presentación del evento y la manera de hacerlo más atractivo para quienes no compiten.
Parte de ese legado permanecerá también sobre el terreno. La Uphill y la Maratón mantienen recorridos vinculados al Campeonato del Mundo, de forma que los corredores populares podrán enfrentarse a trazados utilizados por la élite internacional y comparar sus registros con los conseguidos durante CanfrancPirineos 2025. “Es una manera de que los corredores populares puedan medirse con las élites y con sus ídolos”, explica Varela.
La CanfrancCanfranc pone límite a su crecimiento
La XX edición reunirá a alrededor de 1.500 participantes distribuidos entre seis modalidades. La Long Distance 26K será la más multitudinaria, con alrededor de 500 corredores; la Maratón 45K contará con 350; la Classic 16K, con 300; la Ultra 100K, con 150; la Ultra 70K, con 125, y la Uphill 6K, con una treintena. Son cifras que sitúan a la carrera prácticamente en la dimensión que la organización considera adecuada. “Creemos que entre 1.500 y 1.600 corredores podría estar el límite de la prueba”, afirma Varela.
El objetivo ya no pasa por crecer indefinidamente. Se trata de encontrar un equilibrio que permita garantizar la sostenibilidad económica y organizativa y, al mismo tiempo, controlar la presión sobre un entorno de alta montaña especialmente sensible. “Está claro que ese número de corredores genera un impacto, pero queremos que sea realista y consecuente con lo que hacemos”. La edición de 2026 contará con participantes de 13 países y de 46 provincias españolas, un reflejo de la dimensión nacional e internacional alcanzada por la prueba.
Dureza y tecnicidad como ADN
Si hay un elemento que Varela no quiere perder es precisamente el carácter de los recorridos. La Ultra 100K continúa representando la máxima expresión de esa filosofía. “Es la más técnica de todas”, señala el director, que sitúa también a la Maratón entre las carreras que mejor identifican el sello deportivo de Canfranc. Al mismo tiempo, la evolución del trail se refleja en el crecimiento de otras distancias. La Long Distance 26K se ha convertido en la modalidad con mayor participación y permite acercarse a un perfil de corredor diferente.
Varela la considera una carrera pensada para quienes ya se han iniciado en el trail y quieren avanzar hacia un reto mayor. Es “bastante cómoda y rápida” dentro de los parámetros de Canfranc, relativamente sencilla y sin la dificultad técnica de las pruebas más largas. Esa convivencia entre carreras más accesibles y ultras extremadamente exigentes permite ampliar el perfil de participantes sin renunciar al carácter que ha identificado históricamente a la CanfrancCanfranc.
La Estación Internacional, nuevo corazón de la carrera
Una de las principales apuestas de esta edición será concentrar buena parte de la actividad alrededor de la Estación Internacional de Canfranc. La experiencia del Mundial convenció a la organización de que había que trabajar más en todo aquello que sucede alrededor de la competición. “Queremos que los acompañantes tengan un espacio en el que disfrutar del evento y esperar a los corredores, y que los patrocinadores también estén junto al espectáculo”, explica Varela.
La recogida de dorsales, la feria del corredor, los espacios destinados a patrocinadores, las salidas y llegadas —salvo la Uphill— y buena parte de las actividades se concentrarán en este entorno. Habrá además espacios gastronómicos y una gran pantalla para seguir las carreras. La intención es transformar progresivamente la CanfrancCanfranc en algo más que una experiencia reservada a quienes llevan dorsal.
“Queremos trabajar más la dimensión social y festiva del evento. Por supuesto, vamos a mantener la parte deportiva y queremos que siga siendo una experiencia para el corredor, pero también pretendemos que sea un acontecimiento para el público”. El Mundial demostró que existe capacidad para atraer espectadores a las salidas y llegadas e incluso a diferentes puntos de la montaña. La organización quiere trasladar ahora parte de aquel ambiente a la carrera anual.
Quinientas personas para poner en marcha la carrera
Detrás de los 1.500 corredores existe una estructura que da una idea de la complejidad que ha alcanzado la CanfrancCanfranc. Alrededor de 500 personas estarán movilizadas durante el fin de semana, entre ellas unos 350 voluntarios.
El dispositivo incluye 13 avituallamientos, 24 controles y cerca de diez toneladas de material. A ello se suman unos 2.000 kilos de alimentos y alrededor de 8.000 litros de bebida que deben distribuirse por los diferentes puntos de asistencia.
Buena parte de esta logística se desarrolla en lugares de difícil acceso. Algunos avituallamientos deben abastecerse mediante helicóptero y determinados puntos de los recorridos no permiten realizar una evacuación rápida por medios terrestres. La seguridad se convierte así en uno de los mayores desafíos.
La organización dispone de controles especializados y de un importante dispositivo sanitario formado por técnicos, enfermeros y médicos. Ante cualquier incidencia, son ellos quienes realizan una primera valoración y determinan si el corredor puede ser evacuado con medios propios o si es necesaria la intervención del GREIM y el apoyo de un helicóptero.
La situación se complica todavía más durante la noche, cuando los equipos desplegados sobre el terreno deben estar preparados para alcanzar al accidentado, atenderlo y protegerlo hasta que sea posible realizar la evacuación. “Contamos con gente muy especializada en montaña y con muchos años de experiencia en la CanfrancCanfranc. Eso nos permite estar tranquilos en materia de seguridad ante cualquier incidencia que pueda producirse”, destaca Varela.
Veinte años después, conservar la diferencia
La CanfrancCanfranc afronta desde este viernes tres jornadas de competición con seis carreras. El programa comenzará a las 17.00 horas con la Uphill 6K y continuará esa misma noche, a las 22.00 horas, con la salida de la Ultra 100K. El sábado será el turno de la Ultra 70K, a las 7.00; la Maratón 45K, a las 8.00; y la Long Distance 26K, a las 9.00. La Classic 16K cerrará el programa competitivo el domingo a partir de las 8.00 horas. Será la vigésima edición de una carrera que nació con una dimensión local, llegó a la Copa del Mundo y terminó convirtiendo a Canfranc en sede de un Campeonato del Mundo.
Después de alcanzar ese punto, Álex Varela no plantea como siguiente objetivo una carrera todavía más grande. Su reflexión apunta hacia otro lugar: controlar el crecimiento, aprovechar lo aprendido, reforzar el vínculo con el pueblo y mantener una propuesta deportiva reconocible. En un trail que cambia y en el que crecen las distancias más accesibles, Canfranc quiere seguir reservando un espacio para quienes buscan otra cosa. Una carrera dura, técnica y de alta montaña que, como resume su director, “tiene su público”.