El alpinista binefarense Rubén Sanmartín hace historia al ganar el Piolet de Oro, el mayor galardón internacional del mundo de la montaña

Formó una cordada con los catalanes Marc Toralles y Bru Busom que hizo la primera ascensión completa del espolón y la arista del Yerupajá por la vía "La Esencia del Compromiso" en la Cordillera Blanca

DH
05 de Septiembre de 2026
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Rubén Sanmartín (derecha) con sus dos compañeros de cordada junto a la montaña.
Rubén Sanmartín (derecha) con sus dos compañeros de cordada junto a la montaña.

El alpinista binefarense Rubén Sanmartín, junto con los catalanes Marc Toralles y Bru Busom, han sido premiados con el Piolet de Oro, la máxima distinción internacional del mundo de la montaña, por la primera ascensión completa del espolón y la arista este del Yerupajá, por la vía The Essence of Commitment (1.400 m, 6c+ M6+ 95°) (La Esencia del Compromiso), hasta la cumbre principal de la montaña, en la Cordillera Huayhuash, seguida de una travesía hasta el Yerupajá Sur y del descenso por la cara sureste (1.000 m con una inclinación media de 65°). Esta excepcional actividad la realizaron entre el 4 y el 8 de agosto. Un galardón histórico ya que se trata del primero que recibe una cordada española.

De acuerdo con la valoración y descripción que hace la organización del Piolet de Oro sobre el trabajo realizado (en estilo alpino) por Sanmartín, Toralles y Busom, el Yerupajá es la segunda montaña independiente más alta de Perú y la cumbre más elevada de la Cordillera Huayhuash. Aunque fue escalado por primera vez en 1950, la dificultad de cualquiera de sus rutas ha hecho que la cumbre haya recibido muy pocas ascensiones exitosas; antes de 2025, la última ascensión conocida podría remontarse incluso a 2014.

Los catalanes Bru Busom y Marc Toralles, junto con el altoaragonés Rubén Sanmartín, planearon ascender el espolón y la arista este, para después realizar una travesía de aproximadamente 600 metros hacia el sur por la estrecha y cornizada arista hasta el Yerupajá Sur y descender por su cara sureste.

Los tres alpinistas se aclimataron primero en la Cordillera Blanca y, una vez instalados en su campo base, a 4.900 metros y al pie del Yerupajá, reconocieron la ruta de descenso por la cara sureste. Para ello ascendieron hasta los 5.400 metros por el glaciar extremadamente agrietado situado bajo la pared y utilizaron un dron para identificar el itinerario más seguro.

El Yerupajá y la línea por la que ascendieron.
El Yerupajá y la línea por la que ascendieron.

La parte superior del espolón este, a la que se accede por las pendientes glaciares del noreste, había sido escalada en 1968 por unos alpinistas austriacos, que continuaron después por la arista este hasta la cumbre. La pared rocosa de 600 metros situada en la base del espolón había sido escalada en algunas ocasiones por líneas situadas hacia la parte derecha, pero ninguna de ellas había continuado posteriormente por la arista superior.

Los alpinistas españoles comenzaron cerca del extremo izquierdo de la pared y siguieron una línea ascendente hacia la derecha, que incluía un par de largos de 6c+ y cuatro más de WI5 M6+. A continuación, una escalada más puramente rocosa, con dificultades de hasta 6c+, les condujo hasta la arista este y a su primer vivac.

A partir de allí necesitarían prácticamente tres días para alcanzar la cumbre, superando un terreno en gran medida imposible de graduar: glaciares colgantes, champiñones de nieve, desplomes de nieve y hielo…, todo ello con escasas posibilidades de encontrar seguros realmente fiables.

Cuando alcanzaron la arista este, comprendieron que sus ocho estacas de nieve no serían ni de lejos suficientes para rapelar el terreno que ya habían ascendido. Su única «retirada» posible pasaba por superar la cumbre.

En su quinto día, los escaladores recorrieron la arista de conexión, de unos 600 metros de longitud y cubierta de enormes formaciones de nieve, y alcanzaron el Yerupajá Sur (6.480 m) al mediodía. Desde allí pudieron realizar numerosos rápeles por la cara sureste, utilizando anclajes abalakov y estacas de nieve, hasta alcanzar el glaciar que habían reconocido previamente y regresar al campo base ese mismo día. Habían completado así la primera travesía integral de la montaña desde el este.

El jurado quedó impresionado por la capacidad de este equipo para seguir abriendo líneas audaces en el hemisferio sur, demostrando que todavía es posible vivir aventuras de máxima calidad fuera del Himalaya. La travesía, caracterizada por un elevado compromiso -sin una posibilidad realista de retirada una vez alcanzada la arista superior y con escasas opciones de recibir ayuda externa en caso de accidente-, fue completada con un estilo excelente. Una preparación exhaustiva contribuyó, sin duda, de manera decisiva al éxito de la ascensión.

RUBÉN SANMARTÍN

Rubén Sanmartín, afincado en Binéfar y originario de Huesca, miembro del Club Litera de Montaña, es también guía de alta montaña (IFMGA). De niño, solía ir de excursión a la montaña con sus padres, pero fue al empezar a practicar escalada en roca a los 21 años cuando se dio cuenta de que lo que realmente le apasionaba era aplicar los retos de la escalada en roca al alpinismo de alta montaña y a las grandes paredes: "Desde ese momento, mis prioridades en la vida empezaron a cambiar, al igual que las personas con las que compartía este mundo y estas aventuras", señala en los datos biográficos que aparecen en la web del Piolet de Oro. Fue miembro del Centro de Formación de Alpinismo de Aragón durante seis años -sus actividades también han sido distinguidas por la Federación Aragonesa de Montañismo- y del equipo español de alpinismo durante cuatro.

Escalador deportivo y alpinista, su terreno de juego natural son, por supuesto, los Pirineos y los Prepirineos: la primera repetición de las "Tres Paredes de Gavarnie" en un solo día, comenzando con Thanatos (WI6) y terminando con Aliento del Diablo (M7, 6b WI5+). Primera ascensión en libre de Ilusiones (7b+ RS4) en el Vignemale.

En los Alpes, destacan la segunda repetición en libre de No Siesta (M7) en la cara norte de las Grandes Jorasses, seguida de un descenso en parapente, y la ruta Lesueur (M8+) en la cara norte de los Drus, así como la "Super intégrale" de Peuterey en el Mont Blanc en tres días. También abrió seis rutas en Groenlandia mientras guiaba al equipo español femenino de alpinismo.

Considera que el parapente es una evolución lógica del alpinismo extremo: "En el futuro, el alpinismo estará estrechamente vinculado a los descensos rápidos, lo que permitirá a los escaladores evitar riesgos y ahorrar tiempo".