Árbitros malos con saña, actores y comediantes

Los árbitros de antaño tenían una preparación física muy inferior pero psicológicamente estaban infinitamente más preparados

20 de Diciembre de 2025
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Rafael Sánchez con Ángel Pérez en el Huesca-Racing de Santander.
Rafael Sánchez con Ángel Pérez en el Huesca-Racing de Santander.

Dejó dicho la gran Ana Diosdado que los auténticos actores son esa raza indomable que interpreta los anhelos y fantasmas del inconsciente colectivo. En esto se han aplicado la Sociedad Deportiva Huesca y el Racing de Santander para establecer el marco de un partido cuyo contexto no me ha gustado. Prefiero -entre otras cuestiones por la hostelería y la ciudad- que la grada visitante esté llena de aficionados, por más que haya que soportar a unos cuantos maleducados que son la cuota que se paga en estos casos.

Ha sobreactuado la directiva racinguista en un afan populista al "solidarizarse" con su afición, elevando los 40 euros a categoría de exageración, cuando es obvio que es una cantidad asumible para quien va a asumir un costoso viaje de 1500 kilómetros de ida y vuelta además de gastos de restauración. Ha errado el Huesca por no explicar la razón real de unos precios que, en cualquier caso, sí son elevados: el consejo santanderino tiró de picaresca el pasado año para poblar distintos puntos de El Alcoraz de aficionados propios. Y eso no gustó.

El partido ha resultado un espectáculo más edificante que el del pasado año, aunque hay un aspecto que convierte en insufrible este fútbol: el afán actoral de los futbolistas, del que no se alejan también algunos de los propios, no nos autoengañemos. Sí que es cierto que lo del Racing de Santander es digno de una compañía aspirante a interpretar en un corral de comedias. Las pérdidas de tiempo, las exageraciones, la búsqueda de las amonestaciones para el contrario, la actitud tediosa de demasiados jugadores hace concebir que nos hallamos ante una cultura impregnada por el propio entrenador.

Estamos cargándonos el fútbol con estas malas representaciones. Los partidos se vuelven tediosos, el ejemplo para jóvenes y niños es horrible, instalado como está el balompié en la promoción de las malas artes. Explicaba el director Frank Capra que creía que un drama era cuando llora el actor, pero la verdad es que lo es cuando llora el público.

En esta tesitura, tienen un papel fundamental los árbitros. Los de antaño tenían una preparación física muy inferior -incluso su barriguita- pero psicológicamente estaban infinitamente más preparados que los actuales. A un trencilla de hace treinta años, podías intentar engañarlo (lo de hoy ha sido todo un mitin de ardides), pero como si fuera un policía local te tomaba la matricula y a la segunda te llevabas tu merecido. Eran más ágiles además para exhibir el amarillo con las artimañas de los porteros. Rafael Sánchez es un colegiado impropio del fútbol profesional. Sin influencia -creo- en el resultado, sí ha exhibido un doble rasero en las faltas y ha sembrado lo que se ha convertido en la cosecha final: un sonoro concierto de pitos. Y todo porque, realmente, deja mucho que desear, no por frustración de la hinchada a la que un punto ante el líder le sabe a gloria bendita... por más que haya podido triplicar el botín. Feliz Navidad... incluso a Sánchez López, que estamos en tiempo de buenos deseos.

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