El pasado tercer domingo de octubre, la gente de Peña Guara planeamos con mucho mimo una preciosa jornada por la Jacetania, tierra lejana por la que tanto nos gusta transitar, pero a la que cuesta llegar, por lo lejos que está y por lo entretenido que es el itinerario hasta que llegas.
Pero los planes a veces sufren cambios. La cadena de circunstancias que nos tenía que llevar hasta el valle de Zuriza se rompió por algo tan simple como un tubo de refrigerante del motor del autobús. Una avería imprevista que nos obligó a parar antes de llegar a Ansó, a la espera de la sustitución del transporte.
Así que, mientras esperábamos junto a la carretera, pusimos la imaginación a trabajar, ayudados por el bocadillo del almuerzo, para buscar otro recorrido por el entorno. El retraso hacía imposible realizar la excursión prevista, pues no llegaríamos a tiempo a nuestra cita con la mesa y el mantel que nos esperaba en Siresa.
Tanteadas varias posibilidades, nos decidimos por comenzar a andar desde el mismo punto donde se había detenido el autobús, en la carretera A-176, kilómetro 29,5, subiendo hasta el collado de la sierra Entre Ríos (1.071 metros), para llegar al menos hasta Echo, aunque sin tener todavía muy claro dónde terminaríamos la excursión.
El día se presentó con cielo cubierto, pero sin demasiada amenaza de lluvia y con una temperatura agradable para caminar con algo de ropa. Así que la cosa no pintaba mal del todo.
La subida hasta el collado nos costó un buen rato, ya que la carretera es bastante empinada. Una vez alcanzado, seguimos bajando un corto tramo hasta una caseta que, antes de quedarse sin techo, fue refugio de pescadores. Situada a la derecha de la carretera, allí tomamos la senda de bajada hacia Echo.
Esta senda, la PR-HU 012, está bien marcada y discurre por un bosque precioso, de muy fácil caminar, con suelo mullido y suave pendiente. Al final de su descenso cruza el barranco de La Devesa y, poco después, la carretera. Tras atravesar ambos, asciende por un tramo más despejado hasta introducirse de nuevo en el bosque, que rodea por la izquierda un pico frondoso y comienza a descender suavemente hacia Echo.
Y es en ese descenso cuando, desde algún claro del bosque, pudimos admirar el enorme paisaje que rodea Echo, con el pueblo a nuestros pies y los altos montes que lo envuelven vestidos de interminables bosques, en los que ya parecían asomar algunos tonos del otoño. Una maravilla para la vista y las cámaras de fotos.
La bajada continuó por una preciosa senda que atraviesa el bosque hasta un punto donde comenzamos a encontrar las famosas esculturas de piedra de Echo, talladas en piedra caliza procedente de Peña Forca. Son obras realizadas por diferentes artistas, con todo tipo de imágenes dignas de visitar. Estas esculturas bordean el camino y terminan, junto a Echo, en unas amplias terrazas de hierba con una buena fuente y bancos. Un lujo para quien se acerca a conocer este paraje situado junto al pueblo.

Pero antes de bajar hasta el mismo núcleo urbano, paramos un momento en un cruce y, como el tiempo acompañaba, la hora lo permitía y la ruta no tenía un itinerario cerrado, decidimos tomar el camino hacia Siresa y alargar un poco más la excursión, llegando a pie hasta el mismo pueblo.
Este tramo, conocido también como Camino de Basa, sube de forma pronunciada durante un buen trecho, pasa junto a la borda de Cañizo y enlaza con la senda GR 15, entre bosques y zonas de monte bajo de lo más agradables. El recorrido alcanza un pequeño collado, a 1.030 metros de altitud, donde giramos a la derecha para tomar la PR-HU 18, que desciende ya en dirección a Siresa.
Esta última bajada es bastante pendiente y hubo que realizarla con cuidado en algunos tramos. Sin embargo, volvió a regalarnos preciosas vistas de Siresa y de su impresionante monasterio de San Pedro, del siglo IX, con algunas de las mejores panorámicas del Pirineo al fondo: Peña Forca (2.391 metros), Peña Agüerri (2.283 metros) y la punta del Castillo d'Acher (2.384 metros). Un paisaje para quedarse horas contemplándolo.
Nunca dejan de asombrarnos estas sendas ancestrales que recorren todos los rincones de nuestras montañas. El buen sentido y trazado con que fueron construidas, quién sabe desde cuándo, las convirtió en caminos imprescindibles para la vida de hombres y animales por valles, campos, pardinas y fuentes. Fueron realizados de la forma más eficaz, para poder transitarlos con el menor esfuerzo posible, y siempre les acompaña mi recuerdo más admirado.
Terminamos la caminata bajando hasta la misma carretera, que salva mediante un puente el barranco Hospital y, después de un corto tramo, pasa junto a Siresa. Allí nos esperaba el autobús ya reparado. ¡Menos mal!
Por último, ascendimos al pueblo y, admirando el impresionante monasterio de San Pedro a nuestra derecha, nos dirigimos hasta el hotel-restaurante Castillo d'Acher, donde nos esperaban mesa y menú para todos.
Disfrutamos de la comida en grupo, comentando la excursión y lo bien que finalmente había transcurrido la ruta a pesar de los contratiempos. Otra preciosa jornada.
Así, tras 4 horas y 10 minutos de marcha, 9,9 kilómetros recorridos, 410 metros de desnivel positivo y 470 de desnivel negativo, terminamos la caminata celebrando el buen criterio de algunos miembros de la organización para encontrar una nueva ruta y salvar la jornada.