Bada Huesca: Pachi, José, Néstor, la trinidad del orgullo y la esperanza

Un día después del desenlace fatal, toca resurgir desde la certeza de que volverán días de laureles y gloria

23 de Mayo de 2026
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José Nolasco y Pachi Giné, un dueto imparable. Foto Adrián Mora
José Nolasco y Pachi Giné, un dueto imparable. Foto Adrián Mora

Cantaban todavía los logroñeses, como si se hubieran empapado de alegrías riojanas (una suerte de guindillas excelsas) y de buen vino, confirmado su subcampeonato y ajenos a que, en el otro bando, tan hospitalario y afable en el recibimiento, se lloraba la pérdida de la élite. Justo es reconocer que, cuando se enteraron, abandonaron el Palacio de los Deportes con discreción, consciente la hinchada logroñesa de que su júbilo compartía espacio con la tristeza de los anfitriones.

Pachi abrazaba a los jugadores que quedaban en pista, sin cambiar, sin someterse a las cuatro paredes de un vestuario invadido por la desazón. Esto es deporte y hay quienes se proclaman campeones, quienes juegan el año siguiente en Europa y quienes caen a la división inferior. Las reglas de la competición que festeja y que llora.

Si me permiten apelar a la riqueza polisémica de nuestro querido idioma español, el Balonmano Huesca, Bada Huesca, no ha perdido la categoría. Ha consolidado su categoría, su dignidad, su valor y su valía, su consideración y prestigio. En la próxima temporada, cuando visite otras ciudades y otros pueblos, será recibido como lo que es: un referente en la Asobal. Un rival a batir. Un club respetable, porque el respeto se ha ganado a golpe de virtud.

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Sí, tenía razón el presidente. Huesca está orgullosa del Balonmano Huesca. No es muy común hallar en el mapa deportivo patrio un club con treinta años de trayectoria de los cuales prácticamente la mitad ha pisado las canchas de la élite. Que se ha enfrentado en una treintena de veces con el inaccesible Barcelona, al que podríamos proclamar un dios del balonmano de no ser porque en los dioses su omnipotencia no proviene de un cierto falseamiento de la condición competitiva en una liga cuya profesionalidad está a millones de años luz de la futbolística. Y ahí radica una de las carencias graves y estructurales: quieren mirarse en el espejo balompédico, pero se conducen como torpes postulantes.

La categoría del Balonmano Huesca (y de su principal patrocinador, Bada, al que hay que rendirle infinita gratitud) se la da la manera de gestionar el club, que debiera aparecer en los manuales de ética y de decencia. Sin un atajo, sin una trampa. Recuerdo que, hace dos o tres temporadas -no me voy a poner a tirar de hemeroteca-, hubo zozobra porque había habido un descuadre de poco más de tres decenas de miles de euros... mientras en Camino de Cocorón se dilapidaban millones. Naturalmente, fueron neutralizados con un plan. Siempre tienen un plan. El rigor como un diamante puro que no es preciso manipular.

En ese aura que alumbra al Balonmano Huesca, tres personajes resultan fundamentales para explicar una ejecutoria sin parangón. Para entender, en este sábado de pesadumbre, la esperanza que invade a los aficionados al deporte más plástico de cuantos pisan céspedes y canchas, personalizar en tres figuras la grandeza de este club es una simple cuestión de justicia.

El primero es el presidente, Pachi Giné. Discreta elegancia, el general de una tropa en la que su autoridad es tan indiscutida como su habilidad para conquistar el mejor espíritu cooperativo. Practicante de la máxima evangélica de San Mateo, "que tu mano izquierda no sepa lo que hace la derecha", un mandatario que, lejos de ser invasivo, es extraordinariamente respetuoso. En este proyecto de vida deportiva, se ha dejado jirones de la personal y profesional, con la armonía de quien identifica la pasión en la serenidad. Si en un tratado sobre la dirección de clubes deportivos hubieran de poner una foto, sería la de Pachi, el sabio que, en su rabia y decepción interiorizada, anoche supo aplicar la teoría de los diez segundos para convertir rápidamente el dolor visceral en emotivo abrazo con todos.

El segundo -lo hago por jerarquías, pero aquí el orden de los factores no altera el producto- es José Nolasco. A Nolasco habría que proclamarlo hijo adoptivo de Huesca. Aunque por mor de evitar las reiteraciones lo identificamos como ilicitano -porque lo es, y a mucha honra-, el gran entrenador de la historia del deporte oscense ha dirigido con pulso firme y carácter paterno -que no paternalista- a decenas de jugadores para alcanzar la gesta global de otros tantos años en Asobal, muchos de los cursos con el loable Fernando Pérez a su lado. En su rueda de prensa de perdón y gratitud a la afición y a la ciudad, habló de un futuro inclusivo, y esa, probablemente, es la mejor noticia. La que suena a música celestial a los alicaídos seguidores.

Y el tercero, básico, fundamental, es Néstor Oliva. Néstor es un tipo sabio, sabe convertir el padecimiento y la convivencia con los problemas en una apariencia flemática. Quizás es que encuentre el sosiego en su vocación lectora, pero es hombre de acción, de números, de sensaciones, de empatías. Curra como un animal, cavila como un pensador, y por eso lleva años encontrando soluciones, estirando los recursos como si fueran goma de mascar, optimizando hasta el último euro, involucrándose en todas las facetas desde una gerencia multidireccional.

Néstor Oliva, gerente del club, y Pachi Giné, presidente. Foto: Adri Mora
Néstor Oliva, gerente del club, y Pachi Giné, presidente. Foto: Adri Mora

No, no es tiempo ahora de reproches a tal o cual jugador que han podido defraudar las expectativas. Ni de maldecir el infortunio que ha asolado al conjunto durante las dos últimas temporadas, fatales con lesiones graves recurrentes hasta mermar la capacidad competitiva. Ni lamentar la ausencia de Miguel Malo, el gran capitán que legítima y admirablemente ha seguido sus designios profesionales médicos.

Ahora, es un momento de manifestar la gratitud a Pachi, a José y a Néstor. Como expresaba Concepción Arenal, a veces damos el nombre de favor a la justicia, y creemos que hemos sido generosos cuando, simplemente, hemos sido justos. Aplica a este caso.

Después del velatorio, superada la fase de negación en el duelo, hay que encontrar la de la aceptación. El recuerdo, cuyas facultades transformadoras son evidentes siempre que no se tiña de nostalgia, ha de ser el resorte para la autoestima, para la reconquista desde la consciencia de que, sí, Bada Huesca ha hecho historia en el deporte oscense.

Ahora corresponde abrazar el futuro exactamente con las mismas fortalezas que han conducido al ejercicio de resistencia de tres lustros. Ya espero y visualizo, otro alborozo, prórroga incluida mediante, como aquel ante Anaitasuna -quienes me conocen saben que soy del San Antonio tristemente extinto en la élite- con el que inauguramos una etapa que no concebíamos ni en sueños. Agarrémosnos a la convicción aristotélica: en las adversidades, sale a la luz la virtud. Sí, se puede, recuperaremos viejos laureles. ¡Arriba los corazones rojos!

P.D.: Agréguense a esta virtud los Udina, otros directivos, responsables de la base y generalidad del club.

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