A buenas horas...

La justicia debería obligar a que dedicaran el mismo espacio cuando se inicia el ‘escandaloso’ proceso y cuando se termina

28 de Marzo de 2024
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Estadio de El Alcoraz.
Estadio de El Alcoraz.

Al poco tiempo de saltar el escándalo de la Operación Oikos me trasladé a Segovia para una visita turístico-familiar y nada más bajarme del AVE y subirme al taxi que me dejó bajo la sombra del acueducto, el conductor, al conocer mi procedencia oscense, me espetó: “¡Vaya follón tienen ustedes montado con el fútbol en el Huesca!”.

En el corto desplazamiento hasta el hotel me empleé a fondo para tratar de convencer al taxista de que todo quedaría en nada y de que estaba convencido de la inocencia de los implicados. Mi persuasión, así como la explicación de mis lazos de amistad con algunos de los acusados, hizo dudar a mi interlocutor, que insistía en que no lo pintaban así en los medios de comunicación. “Las noticias son escandalosas y a los acusados los señalan como criminales”, vino a decirme mientras descargaba las maletas.

Se podía aplicar aquí la frase de Martín Lutero cuando afirmaba que “una mentira es como una bola de nieve; cuanto más rueda, más grande se vuelve”. Y aquel alud se presentó imparable y se llevó todo y a todos por delante por mucho proselitismo que hiciéramos los que sabíamos que aquello era una elucubración policial con más agujeros que un queso de gruyere.

No obstante, por mucho que desde el principio estuviera convencido de la imposibilidad material de que algunos de los acusados hubieran sido capaces de cometer las tropelías de las que se les acusaban -como así se lo hice saber reiteradamente a ellos en persona-, no se me quitaba de la cabeza el aguijonazo que sufría cada vez que salía alguna nueva noticia en los medios y, pese a mi solidaridad, era incapaz de imaginar por el calvario que estarían pasando.

Mis pensamientos estaban con Agustín Lasaosa, el doctor Juan Carlos Galindo, el ‘mártir’ Carlos Laguna o el constructor Jesús Sanagustín, sin olvidarme de Larrosa y Ardid, a quienes también les salpicaba el tsunami de mala baba, falsas acusaciones y rumores de todo tipo que la maledicencia expandía por toda la ciudad.

Con cada uno que me cruzaba por la calle y me sacaba a relucir el asunto, la mayoría escandalizados y otros con buena intención, empleaba todas mis fuerzas y mis escasos conocimientos jurídicos pero mi confianza absoluta en su inocencia para desmontar todas las acusaciones que se fueron sucediendo a lo largo del eterno proceso. Tanta rabia contenía que hasta dejé de consumir el maldito yogur.

La pena del telediario se quedaba corta y la gran mayoría se pasaron por el forro la presunción de inocencia desde el primer minuto. Salvo honrosas excepciones como el Diario del Altoaragón al principio y el eldiariodeHuesca.com después, casi todos los medios se lanzaron a la yugular cual aves de carroña sentenciando a los acusados sin darles ni la opción de réplica porque es imposible apagar un incendio con un solo extintor.

Han tenido que pasar casi cinco años para que la verdad haya salido a la luz y se demuestre una vez más que la justicia, cuando es tan lenta, no es justicia porque nadie puede reparar ya el daño moral, económico y de todo tipo que se ha hecho a los señalados.

Además -como ya era de esperar y no podía ser menos-, el comportamiento de los medios nacionales y de otros aledaños ha sido bochornoso. Aquellos que cuando saltó la liebre salieron a cazarla a cañonazos y ocuparon sus portadas con la mayor amplitud y todo lujo de detalles, ahora que se ha archivado el caso disparan con balines de escopeta de ferias y hay que bucear para encontrar la noticia en su escaleta entre un maremágnum de informaciones.

Produce náuseas, aunque ya esté uno acostumbrado a tan indigna manera de actuar, pero la justicia debería obligar a que dedicaran el mismo espacio cuando se inicia el ‘escandaloso’ proceso y cuando se termina, máxime cuando todos los acusados han salido inocentes.

La inmensa alegría que sentí al recibir la noticia que me envió Javier García Antón (y la enhorabuena que quiero trasladar a todos ellos desde estas líneas) me deja un amargor repulsivo por estas circunstancias y por saber que nadie va a poder resarcir mínimamente de tan angustioso trance a los que considero mis amigos.

Ya dice un proverbio chino sobre la justicia que “ganar un proceso es adquirir una gallina y perder una vaca. En este caso han perdido muchísimo más y la verdad sirve de consuelo pero consuela menos. Un fuerte abrazo y fieles siempre, sin reblar.

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