Esteban Maximiliano Andrada, argentino de San Martín, y Jorge Pulido Mayoral, manchego de Fuente Arriba del de los Pulimares, Castillo de Bayuela, se llevan 72 días de edad. Las interpretaciones pueriles de algún medio informativo de la ciudad-Estado apuntan a la provocación del toledano al sudamericano. Ya se sabe que, quod natura non dat, salmántica non praestat. En la acción, la de la "primera" roja, lo que demuestra el central del Huesca es que sabe interpretar las acciones, tanto las psicológicas como las físicas (sus vuelos en despejes de hoy han sido gimnásticos). Andrada ha constatado con su primera reacción de anda escasísimo de intelecto, al menos emocional. Pero la segunda es otra cuestión, porque la violencia de su puñetazo no es habitual... al menos en España. Quizás en Sudamérica sí.
Esa mezcla de estupidez y brutalidad del cancerbero zaragozano, que por cierto había hecho un buen partido, determinante con el paradón en el primer penalti de Sielva, ha provocado un final de partido desagradable, que merece en sí misma una crónica de sucesos, empezando por una decisión del juez: prolongar seis minutos cuando salvo la lesión de Piña y los cambios, agrupados en ventanas de tres y dos, nada hacía presumir tal demora, a la que ha agregado otros sesenta segundos.
Bien es cierto que nada hubiera ocurrido de haber cortado en el 96, como el otro día le sucedió al Huesca cuando tenía un saque de esquina para lanzar. Pero no se puede achacar a Arcediano Monescillo primero la falta de inteligencia de Andrada, luego su conversión en boxeador con una salvajada de puñetazo a Pulido.
A partir de ahí, todo ha derivado en una batalla campal en la que insensatamente han caído los :"danis", Tasende y Jiménez, haciendo escaso favor a sus equipos para lo que queda de temporada y el objetivo prácticamente inalcanzable de la salvación de la categoría. Eso sí, nada comparable con la bestialidad de Andrada.
Tal ha sido la tangana que por ahí han entrado en acción con dotes marciales algunos que no eran de la partida como Keidi Bare, y también personal ajeno a los del césped de Zaragoza y de Huesca. Los nervios se han desatado y el autocontrol ha desaparecido.
La Sociedad Deportiva Huesca barajará con sus servicios jurídicos llevar la acción de Esteban Andrada a los juzgados, por la desmesura de su violencia, aunque serán estudiadas las posibilidades, una vez que Jorge Pulido no ha ejercido su derecho a presentar denuncia ante la Policía Nacional, algo que podría haber sido perfectamente posible. También, incluso, que el cuerpo policial, testigo de tal desmesura, aplique las pertinentes sanciones con lo que han podido comprobar personalmente los agentes. Un final enojoso para un derbi llamado a ser fiesta y convertido en un relato truculento. Los clubes habrán de reflexionar y actuar, porque ahí se miden los valores. Si por muchos de estos lares dependiera en un caso análogo, un energúmeno semejante nunca vestiría nuestra camiseta.