Era el primer sábado dentro de los entrenos de los Amantes de la Naturaleza y correspondía el principio de la Paciencia. Como el santo Job, los caminantes tenían el foco en la Cueva de Chaves en Bastarás, tras salir de Huesca y transitar por Quicena, Loporzano, Ayera, Sipán, Loscertales, Coscullano, Aguas y Panzano antes de llegar al destino y retornar en autobús.
A las 7 de la mañana, después del pertinente rezo en la puerta de Salesianos, partían 113 caminantes. Javier Cruchaga explicaba la ruta hasta Estrecho Quinto y luego tierras del Somontano. Previsión de que no lloviera. "Estamos teniendo suerte de que, entre borrasca y borrasca, arreamos nosotros. Otros años es al revés. Habrá un par de ríos, Calcón y Formiga. Según como vayan, buscaremos otra alternativa. Si está bien, hay que acostumbrarse porque este año iremos a Javier por la ruta de los ríos". Pedía a los chavales que en la carretera fueran todos por el arcén. Y preveía "algo de barro, pero no pasa nada". Las rogativas a los santos de este tiempo, San Antón, Santa Águeda, San Blas, San Fabián, San Sebastián, San Cosme, San Damián se sumaban a los ineludibles María Auxiliadora y Don Bosco.
Los cosos oscenses les vieron salir hacia Quicena, por el polígono. De ahí a la antigua Nacional y por carretera hasta Loporzano, donde se enfrentaron a la realidad de estos días prolijos en precipitaciones. Mucho barro hasta Ayera, que exigió incluso descalzarse para vadear barrancos pletóricos de agua. Buen motivo tamaño esfuerzo para almorzar al llegar al pueblo.
Seguían por pistas hasta Sipán, de ahí a Loscertales y Coscullano, para desembocar en Aguas, todo por caminos con muchísimo fango, vadeando con mucha paciencia charcos. Comida en Aguas, en la plaza junto al Club Social. Reemprendieron la senda hacia Panzano, donde alguno hubo de dejar las botas y las zapatillas porque el barro semejaba una especie de arenas movedizas succionadoras e inhabilitantes.

En Panzano, la idea inicial era bajar directos hasta Bastarás, pero tomaron la decisión de ir por carretera 6 kilómetros para eludir el río Formiga, donde no hay puente y podía resultar peligroso a pesar de que llevaban cuerdas para ayudarse para cruzarla. Seguridad sobre todo., y petición de prudencia del presidente de los Javieres. Un kilómetro más hasta 37 y llegada a Huesca a las 18 horas, once después y con una buena carga de cansancio. Todo sea por el objetivo de prepararse para visitar al santo en Javier.
La semana próxima, a las 6 de la mañana, exigido frontal con linterna hasta que amanezca, pasarán Montearagón en plenitud. No irán a Nocito porque no pueden llegar autobuses grandes. Acabarán en Belsué, un pueblo precioso, pero antes el centro será el Monasterio de Sescún con un itinerario que incluye la calzada romana, Barluenga, Campos de Ciano, Cuello Baíl, Mesón, el Monasterio y Ermita de Sescún y el Cuello Salillas, cerca ya de los cuarenta kilómetros. El principio, la Austeridad. Que aunque no se crea es gran virtud y cimiento de la resistencia.