Dígase de las órdenes contemplativas

Benedictinos, cistercienses, cartujos y jerónimos han compuesto la defensa del Huesca ante los sádicos babazorros

18 de Septiembre de 2022
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Defensa del Huesca ante un ataque del Alavés
Defensa del Huesca ante un ataque del Alavés

Eran otros tiempos y tuvieron su influencia. Pero hoy, hacen falta otras órdenes más importantes para prosperar con influencia en la madre tierra. La contemplación sin acción se castiga y la soledad interior, como la que practican los cartujos, no es sino garantía de que quedarás más solo que la una y los rivales penetrarán como cuchillo en mantequilla por los muros del convento. Es lo que le ha sucedido a la Sociedad Deportiva Huesca, que ha parecido sumirse en una depresión sin límites con la lesión de Patrick Soko.

A partir de esos momentos, ha habido un reparto de hábitos. Elija usted, querido lector, cuál de nuestros defensores y centrocampistas ha sido benedictino (yo lo tengo claro porque han dado en la historia muchos mártires y hoy ha habido uno, aunque el consuelo es que aseguran la salvación), quién cisterciense (extraordinarios en el canto, y hoy se ha cantado mucho, y duchos en la técnica que, sin embargo, ha brillado por su ausencia), quién cartujo (sus dosis de silencio y encogimiento de hombros, sus aislamientos en la celda...) y quién jerónimo (oran y lloran para aplacar la ira de Dios contra los pecados del mundo).

Tienen al contrario de los templarios o los cátaros (guerreros formidables) en común que se consagran en los monasterios a la práctica del rezo, de la meditación y del trabajo bajo la dirección del Superior y bajo una regla monástica. Tengo para mí que el Cuco Ziganda les dejará que se retiren a sus celdas para que piensen si alguno merece martirio, para que entiendan que el camino de la salvación no está en la pasividad, para que dejen el canto para la ducha, para que sustituyan el silencio y el encogimiento de hombros por el dinamismo, y para que no lloren lo que no han sabido defender como hombres. Afortunadamente, no estamos todavía en tiempos de excitar la ira del Supremo, pero la pasividad y la actitud durante el primer periodo me ha hecho pensar que habían vuelto anteriores entrenadores juguetones desde  atrás, cuando es obvio que hoy ya no tenemos aquel tipo de futbolistas. Esto no era de nuestro Cuco y por eso lo ha remediado en la reanudación. Lo cual no empece para que, naturalmente, hay margen para la rectificación. Por lo pronto, al rincón de pensar y a ejercitarse en la meditación compasiva de Matthieu Ricard, que por algo es el hombre más feliz del mundo. Y así nos gustaría sentirnos a todos.

 

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