Dos factores cruciales confluyen en la impotencia competitiva de la Sociedad Deportiva Huesca

Un árbitro deshonesto ha manipulado la competición y Raúl Jardiel ha aminorado directamente la competitividad del grupo

27 de Septiembre de 2026
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Salva Ruiz, uno de los más activos del equipo. Dos factores cruciales confluyen en la impotencia competitiva de la Sociedad Deportiva Huesca
Salva Ruiz, uno de los más activos del equipo. Dos factores cruciales confluyen en la impotencia competitiva de la Sociedad Deportiva Huesca

Dos factores han concurrido en Pinilla para birlar los tres puntos a la Sociedad Deportiva Huesca, tanto uno como el otro determinantes, más grosero evidentemente el definitivo del árbitro, más inquietante el endógeno del banquillo azulgrana, que ha decidido autoinmolarse con planteamientos de la nada. Para competir, es preciso disponer de igualdad de oportunidades para extraer el mejor rendimiento con los méritos propios. No se ha dado hoy en el campo turolense porque el árbitro Martínez Montalbán ha pecado de falta de decencia en las dos jugadas definitorias: el gol local, aunque pueda resultar interpretable, y la no concesión del segundo tanto de Juárez. Pero también el técnico del Huesca ha errado tanto que hasta quizás hubiera sido exagerada la victoria.

Lo del trencilla murciano es el cierre del círculo vicioso horroroso de las categorías en manos de la federación, incluso de todas las federaciones de los deportes predominantes, donde no faltan recursos (procedentes en parte de la panoja que suelta la LFP a ese nido de víboras que es el Consejo Superior de Deportes, pero es nula la laboriosidad, la pericia y el talento. No existe. Dejar al albur del FVS la mano del jugador turolense en el primer gol es un tiro en el pie de la premeditación, porque ese brazo ha habilitado el balón para soltar el derechazo. Es realmente estúpido buscar una interpretación... al menos en fútbol.

En realidad, Martínez Montalbán ha demostrado los más de cien minutos de choque que le viene grande no ya la categoría, sino simplemente vestirse con la elástica amarilla para impartir algo que otrora se llamaba justicia. Ha sido caprichoso, falto de criterio e incapaz, y no sólo en contra del Huesca, aunque al final haya sido el más perjudicado.

En el gol que hubiera representado los tres puntos para los de Jardiel, no hay ninguna duda de que ha traspasado la línea cuando ha atrapado el balón el portero. Ha estado el trencilla más de cinco minutos intentando buscar algún ángulo en el que ratificar su sesgo preconcebido y arbitrario, que no podía ser gol. Ni siquiera al contemplar la cámara ha sido capaz de albergar aquel sentimiento que sostenía Delgado Ferreiro cuando no había videoarbitraje, que pronunciaba de manera categórica: cuando ves en la tele que te has equivocado, te quieres morir. A Martínez Montalbán le va a perseguir esa imagen con el esférico clarísimamente dentro, pero tengo para mí que le faltan neuronas suficientes y entrañas para rectificar su visión, ya imposible su decisión. No sólo es malo técnicamente, es además parcial y deshonesto, y ha manipulado la competición.

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Más allá de la gravedad de la pérdida de dos puntos que al final de temporada pueden ser fatídicos para cualquier aspiración del Huesca, y ya que agua pasada no mueve molino porque aquí no hay recurso hasta un Supremo, si acaso escasamente una queja formal a la Real Federación Española de Fútbol que será inoperante como es el propio organismo, el club se tiene que centrar ahora en una pregunta: ¿qué somos y qué aspiramos a ser? No seré yo, humilde escribano en la vuelta de puerta de su actividad profesional, quien reclame, exija o sugiera, tal no es misión más que de los que se consideran oráculos y trascienden sus límites competenciales.

Y, sin embargo, sí puedo asegurar con la experiencia de 58 años viendo fútbol que no aprecio ningún atisbo de capacidad estratégica o táctica en el banquillo de la Sociedad Deportiva Huesca. Identificar en una mejora insuficiente -ante el Atlético de Madrid- una oportunidad para el inmovilismo es un error grueso. Si contra los de Fernando Torres no marcaste un gol, se precisa voluntarismo para suponer que al partido siguiente, con los mismos y lo mismo, vas a alcanzar algún rédito goleador. Lo de menos es la dimensión del campo (sí, esos tres metros menos de ancho por dos de largo), excusa de mal pagador, lo de más es no entender que cada rival requiere su tratamiento y que la pasividad es el origen del fracaso.  Toda esta temporada ha sido un conjunto incoherente que se deshilacha y se le ven todas las costuras. Ni corte, ni confección.

Condenar a todos los activos más acrisolados en trayectoria deportiva a la oscuridad del banquillo y empecinarse en rejuvenecer a tu más veterano pegándose contra las defensas en toda su frescura, o en mantener contra viento y marea a futbolistas desmotivados o cuando menos apáticos está conduciendo a Raúl Jardiel a un túnel muy profundo, porque esto no es un filial y aquí, sí los resultados se exigen, y sobre todo se demanda actitud. Lo de Pinilla durante más de una hora ha resultado decepcionante, el camino inverso a la ilusión que quiere inyectar el club en la afición.

No sé lo que sucederá esta semana, los periodistas estamos para observar, trasladar y opinar libremente con esa cierta legitimidad que nos otorga el cariño al club que seguimos. Pero empiezo a apreciar una disonancia difícilmente compatible entre las aspiraciones de la Sociedad Deportiva Huesca y el devenir de un equipo que nos está asomando a las peores pesadillas de la pasada temporada. Es cierto que un incompetente nos ha privado de la capacidad de competir, pero también lo es que, con la aplicación de la lógica, ni él hubiera podido afectar al resultado final. Digo.

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