Embalse de Pineta, Diera, Espierba, Pratet: una ruta preciosa para gente preciosa

Pasar buenos momentos en tan extraordinario escenario no podría ser sin la simpatía reinante que va y viene en cualquier conversación, a cuál más cómica o filosófica

Pedro Solana
15 de Julio de 2026
Guardar
Embalse de Pineta, Diera, Espierba, Pratet: una ruta preciosa para gente preciosa
Embalse de Pineta, Diera, Espierba, Pratet: una ruta preciosa para gente preciosa

Esta ruta del sábado 11-7-2026 fue explorada y planificada en su previa por miembros de la familia Fábregas. Flor, Leles y José vieron la posibilidad de afrontar esta canícula despiadada subiendo a 1.100 m, en el valle de Pineta y desde allí aprovechar el verdor, la sombra y el frescor de un escenario inigualable.

Pineta es un valle glaciar muy profundo que se alarga con una orientación de oeste a este. Está vestido por un bosque tupido desde su base y el hecho de comenzar a rodear el embalse por su cara norte a temprana hora hizo salir muchas chaquetas de las mochilas.

Hablaba antes del verdor, pero es que en torno al grupo todo era de color verde; los troncos, las piedras, y cualquier cosa que pudiéramos observar estaban recubierta de musgo, de líquenes aterciopelados que aportaban un alivio frente a la pesadilla que produce recordar ese ambiente abrasador que estamos padeciendo en el Somontano, cada día en alerta roja + por la segunda ola de calor.

Al cruzar la carretera saliendo del embalse Leles fue clara y concisa: "Vamos a ascender 500 metros en fuerte pendiente, atemperad un poco el paso".

Hubo quien creyó que eran 500 metros en línea pero no, eran 500 metros de desnivel en fuerte pendiente una vez fuera de pistas llanas y nordicables. Este sendero de Diera era de herradura, antiguo y tradicional pero eso sí, tan vestido que nada más comenzar robaba cada rayo de sol que luchase por caer sobre nosotros.

Las lazadas se sucedían junto a un enrejado de finos troncos de boj que subían hasta los tres metros a modo de verja protectora de este paraíso vegetal que me recordaba la arquitectura gótica, a modo de agujas afiladas siempre luchando por subir en busca del sol.

Aquí todo eran pináculos de catedral apuntando al cielo. Había abetos de más de veinte metros tan derechos y tan altos que te mareabas al levantar la vista para apreciarlos.

Después de hora y media tranquila y relajada, pues Leles marcaba un paso suave, mi cabeza se puso a volar repasando los mejores momentos de fútbol vividos la noche anterior; nada más girar en una diagonal delimitada por un joven tronco de pino, creí ver a Mikel Merino rodeando el banderín de córner en su habitual celebración del gol victorioso frente a Bélgica. Y al poco, una "pausa de hidratación". ¡Vaya! ¡Seguimos soñando en clave de fútbol!

Los llanos de Diera ocultaban la "casita del bosque", lugar muy coqueto que elegimos para sentarnos a almorzar con el mejor balcón del valle frente a picos como el Montinier o las Puntas Verdes, más tarde caeríamos en trance a los pies de los treserols, imponentes y aún con nieve. Junto a la casita era obligatoria una foto de grupo y alcanzada la cota más alta de 1600 m iniciábamos ese larguísimo descenso hacia el noroeste. Parecía increíble cómo el sol, brillando en su cénit no lograba atravesar la masa boscosa protectora; toda ella compuesta ahora de abetos, bojes y hayas. Hayas jóvenes de piel muy blanca y alfombra de hojas secas cubriendo los suelos.

En el título hablaba de "gente preciosa", y… de verdad, nunca será mejor calificada esa camaradería que sabe cuidar con mimo a cualquier compañer@ que sienta el más mínimo problema.

En el Pratet de la Rosca recuperábamos la pista nada más cruzar el Cinca y volvíamos a los coches practicando con celo la técnica de bastones que entre luces y sombras descendía raudo al grupo otra vez al aparcamiento. Se habían cubierto los 16 km. del total de la jornada.

Pasar buenos momentos en tan extraordinario escenario no podría ser sin la simpatía reinante que va y viene en cualquier conversación, a cuál más cómica o filosófica. Estas conversaciones recurrentes sobrevuelan nuestras cabezas, escuchadas siempre con discreta cercanía pero sin dejar de caminar en silencio entre sonrisas.

Con un buen refresquito de pies en las frías aguas que bajan desde Marboré y tras sentarnos a comer en el área de descanso del Cornato, dábamos fin a la que algunos consideramos la ruta más "preciosa" de este verano.